Anglicismos, anglicismos ‘everywhere’

El inglés está cada vez más presente en nuestras vidas. No solo porque sea la lengua internacional por excelencia, sino porque también se está adaptando a nuestro léxico cotidiano. Se ha vuelto algo común hablar de business y crowdfunding, de running y fitness, de afterhour, de realfooding, de smartphones, de selfie, de spoiler, etc., en las distintas esferas de la vida cotidiana.

En contraste con los sistemas fonológicos, morfológicos o sintácticos de un idioma, el sistema léxico es intrínsecamente abierto. El vocabulario fundamental del español desciende del latín hablado e incluye no sólo muchas de las palabras más frecuentes, sino otras menos usuales, pero igualmente numerosas. Ha sido transmitido oralmente de generación en generación a lo largo de una ininterrumpida cadena de hablantes, por lo cual han sufrido diferentes cambios fonológicos.

El vocabulario español bebe de latinismos, helenismos, germanismos, arabismos, mozarabismos, galicismos, catalanismos, lusismos, italianismos… y anglicismos. Este último es donde centraremos toda nuestra atención dado que vivimos en una constante happy hour para su uso cotidiano.

Prácticamente todos los anglicismos introducidos en el español procedían del inglés británico y solían transmitirse mediante la escritura, a menudo por mediación del francés. Sin embargo, a partir de 1950, la fuente principal de este tipo de préstamos ha sido, en cambio, el inglés americano, que nos llegaba a través de los medios de comunicación y del cine.

Según Chris Pratt (1980), los anglicismos son préstamos de palabras cuyo origen inmediato es una palabra o expresión inglesa, con independencia de la raíz de la que procede ésta. La manifestación más frecuente, aunque no la única, de la influencia del inglés en el español es el préstamo léxico. En general, este tipo de anglicismos responden a la necesidad de denominar nuevos conceptos -aunque algunos se introducen por razones no lingüísticas, como el esnobismo- y afectan a un amplio abanico de campos semánticos [1].

Podemos observar anglicismos en el vocabulario de casi todas las facetas de la sofisticada vida urbana, pero ha sido el léxico de Internet, de los medios de comunicación, de la moda, de los negocios, de la ciencia y del deporte los que se han visto particularmente afectados.

Lo cool de lo que sucede en la actualidad es que estamos viviendo una sustitución totalmente innecesaria de expresiones españolas por inglesas. Lo que a la larga nos llevará a la pérdida de un léxico mucho más rico que el que puede proporcionarnos el inglés, cuyo vocabulario puede resultar mucho más fashion para nuestros sentidos. Y así se hace notar en las rebajas de enero, del Black Fryday o del CyberMonday.

No se trata de ser puristas, sino de comprobar que gracias a la globalización, a las campañas de marketing, a la revolución digital y a los medios de comunicación, hemos introducido y normalizado términos como app, bitcoin, blog, bot, break, bugs, casting,  coach, crossfit, deluxe, eSport, fake news, fit, footing, ghosting, hacker, halloween, influencer, lobby,  look,  match, online, parking, premium, post, reality shows, riders, running, story o stories, streaming, shopping, smartphone, shorts, spinning, spoiler, start-up, stock, top,  think tank, trending, youtuber,

Prácticamente todas estas expresiones han sido aceptadas, adaptadas e incluidas en nuestro diccionario por su uso mayoritario y prolongado en el tiempo. Lo heavy de todo esto es que estos préstamos random tienen una alternativa en español que significan lo mismo, pero es más fácil encandilar a la población utilizando expresiones del inglés, dado que el uso abusivo de la gran mayoría de los anglicismos se debe especialmente a las grandes estrategias de marketing o de ventas de productos.

Y como vivimos en una sociedad hedonista acelerada, implementada por el fenómeno de la globalización y la revolución tecnológica, el uso de este vocabulario representa en muchas facetas de la vida una división entre generaciones y un escollo que se debe superar, pues parece que tengamos cierto complejo de inferioridad con respecto a la impronta de la lengua inglesa.

El Observatorio Lázaro, un sistema que analiza diariamente a ocho medios de comunicación españoles, como El País o eldiario.es, señala que se publican alrededor de 400 anglicismos diariamente entre todos los medios analizados [2]. Vamos, que el léxico anglosajón es low cost.

Si hacemos una review sobre el lenguaje, comprobaremos que los medios de comunicación tienen un gran peso a la hora de introducir nuevas palabras o expresiones. Especialmente llamativo es el uso del término fake news para referirse a desinformaciones o noticias falsas. Es como si otorgara, paradójicamente, una mayor credibilidad o importancia a la información que se difunde. Los medios de comunicación son relevantes en este aspecto porque son los principales conductores del lenguaje e introducen los términos más frecuentes de un idioma por su capacidad divulgadora y por la necesidad de ganar audiencia.

No necesitamos decir break para hacer un descanso, ni para comernos un Kit Kat. Si existen palabras o expresiones en español, que se adecúan a lo que queremos transmitir, no deberíamos utilizar el préstamo léxico, porque la lengua es parte de nuestro patrimonio cultural y de nuestra identidad y empieza a ser un poco creepy que la sociedad española utilice constantemente los anglicismos como parte de su vocabulario.

No es una crítica, sino una observación chill sobre el uso de estos extranjerismos. No tiene por qué ser negativo la convivencia de dos lenguas. Se trata de ser más conscientes de que tenemos una lengua rica que no sirve únicamente para comunicarnos, sino como soporte de nuestra cultura y de nuestra identidad.

El uso del vocabulario anglosajón es bueno en tanto que enriquece nuestra comunicación. Y la convivencia del inglés y del español puede propiciar un enriquecimiento mutuo. Claro está. Pero esto solo sucede si el español careciera de los términos necesarios para identificar cosas o acciones. Y no es así en la práctica totalidad de los casos.

No deberíamos subordinar el español al inglés tan a la ligera, aunque ello traiga consigo los unfollows, las avalanchas vertiginosas de haters y un menor número de ventas de productos.

 

Notas

[1] Pratt, Chris. 1980. El anglicismo en el español peninsular contemporáneo. Madrid. Gredos.

[2] Mellado, E. Á. (s. f.). Observatorio Lázaro. Recuperado 14 de enero de 2021, de https://observatoriolazaro.es/


Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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