Asalto a la ‘razón’ del mundo

David Del Pino

Sobre lo sucedido ayer en el asalto al Capitolio de Washington han corrido entre anoche y hoy ríos de tinta. Motivo por el que no incidiremos hasta lo patológico en representar un paisaje tan trillado, como aún oscuro y monstruoso, que nos empuja súbitamente a recordar tantísimas maniobras tramposas, sucias y enfangadas en las que la administración norteamericana se ha visto envuelta desde el final de la Segunda Guerra Mundial, hasta los últimos movimientos desdichados y codiciosos en la figura de Juan Guaidó, pasando por la financiación de milicias terroristas en Centroamérica en las décadas de 1970 y 1980, con el objetivo de arrastrar a la fosa séptica del olvido entre otros a los sandinistas en Nicaragua; la figura de los cazas y bombarderos sobrevolando el parlamento democráticamente elegido de la Chile de Allende, o las incursiones fraudulentas en Irak o Afganistán. Sin más preámbulos y, remitiendo a todo lector ávido en estos procelosos laberintos de lo acaecido en la ya histórica fecha del 6 de enero de 2021 adherimos el artículo del escritor Daniel Bernabé Asalto al Capitolio: resultado golpista, futuro incierto [1].

Decíamos que lo que sucedió en los Estados Unidos no es más que la última constatación de una verdad pregonada: la derecha democrática o, lo que es lo mismo, la derecha democrática liberal, se ha derrumbado dando paso a diversos fascismos envalentonados que encuentran en el ecosistema del neoliberalismo su epitome perfecto. Sinceramente, no nos debería sorprender. La historia se repite dos veces, y lo que está sucediendo demuestra una nueva voluntad de poder fascista propiciada y aupada por la axiomática de un capitalismo rapaz que primero se ceba contra los que menos tienen, y después, trata de justificarse violentamente situando en la diana a los más débiles.

Personas escalando para acceder al Capitolio.

La irrupción de Hitler confirmó, por un lado, el desastre y la vergüenza sentida por el pueblo alemán tras los acuerdos que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial y, por otro lado, un subterfugio violento y asesino por el que el capitalismo en su forma de extracción ilimitada trataba de colarse ante el miedo de una sublevación popular. Lo que está sucediendo en los USA demuestra, otra vez, que el desasosiego y crueldad generada por un sistema desigual en virtud de conformar lo que denominan White trash se torna contra los que menos tienen sin respetar en ningún caso las reglas del juego. Lo relevante, y que pone de manifiesto lo sucedido, es la verificación de una nueva voluntad de poder dentro del paisaje de la extrema derecha. No es más que la expresión del abrigo de la resignación desilusionada al que se acoge una parte sustancial de la población norteamericana en la no aceptación de la realidad fáctica de la crónica anunciada de la muerte de un imperio  por la que requieren un cobijo violento de hipóstasis de una moral pseudofascista. Insistimos, no es nuevo, sólo tenemos que recordar lo sucedido y, alertado y defendido por La Casa Blanca, en el golpe de Estado de Brasil, Bolivia, etc.

Vivimos tiempos inhóspitos, gnósticos, volcánicos y fantasmagóricos, o dicho à la Nietzsche, tiempos intempestivos, en los que como aducíamos hace aproximadamente un mes en el artículo Un elefante en la habitación, la coyuntura se nos presenta descarnadamente ante nuestros ojos en un juego inconcluso y siempre tormentoso donde se muestra y esconde a la vez a grupos militarizados de extrema derecha, cofradías políticas y diversos think tank a lo largo y ancho del globo provenientes de los más profundos túneles de la historia, los cuales difícilmente se dejan atrapar o encerrar si no es a costa de forzar hasta la saciedad una de las máximas filosóficas: provocar el desvelamiento mediante su velado.

En resumidas cuentas y, repitiendo aquella fantástica tesis marxista de que la historia se repite dos veces, el presente continuo en el que vivimos nos atropella sin posibilidad de erigir un pasado, a la par que nos obliga a adivinar imprecisamente los movimientos de un tiempo sin tiempo como alertábamos en ontología del presente. De este modo, nuestra contemporaneidad se parece sospechosamente a lo guardado en los archivos históricos en detrimento del espacio que debería ocupar en la memoria colectiva en cuanto a lo sucedido en la crisis de entreguerras ejemplarizada por la caída en desgracia de la República de Weimar y el advenimiento del III Reich de Hitler. Una cartografía histórica de lo que parece un nudo intrincado y traumático, una suerte de neurosis mundial asfixiada por la árida omnipresencia de una racionalidad meramente instrumental que responde a los movimientos tectónicos de un neoliberalismo desacomplejado y mezquino.

En suma, este proceso de corrosión social y decrepitud motivado por el ansía de quienes nunca han pensado en algo más allá de sus billeteras, defendiendo y alertando en su beneficio a cofradías de fascistas que llevaban tallando sus armas en los infiernos de la realidad en una imagen que nos recuerda al villano Bane interpretado por Tom Hardy en la famosa película dirigida por Christopher Nolan The Dark Knight (El caballero oscuro), y que queda perfectamente recogido en las palabras apesadumbradas y tristes de Kracauer con las que retrató nítidamente las coordenadas históricas de posibilidad del nazismo en Alemania y que nos debería invitar desinhibidamente a pensar lo ocurrido en el Capitolio de Washington.

La consecuencia fue el desamparo mental; persistieron en un tipo de vacío que se sumó a su obstinación psicológica. La conducta de la pequeña burguesía propiamente dicha fue particularmente notable. Comerciantes, pequeños propietarios y artesanos estaban tan saturados de resentimiento que no quisieron adaptarse. En vez de comprender que su adhesión a la democracia podría favorecer a su interés práctico, prefirieron, como los empleados, escuchar las promesas nazis. Su sometimiento a los nazis estaba basado en fijaciones emocionales más que en cualquier consideración objetiva de los hechos. De tal manera, detrás de la historia evidente de los cambios económicos, de las exigencias sociales y de las maquinaciones políticas, existe una historia secreta que abarca las tendencias íntimas del pueblo alemán. La demostración de esas tendencias por medio del cine alemán puede contribuir a la comprensión del poderío y de la ascensión de Hitler [2].

Notas:

[1] Bernabé, D., “Asalto al Capitolio: resultado golpista, futuro incierto[En línea] Disponible en: https://actualidad.rt.com/opinion/daniel-bernabe/379365-asalto-capitolio-resultado-golpista-futuro-incierto?fbclid=IwAR3cDA8RVVNssa21uQpPSYfE6RW_l6jxPBL9fu08_CzL2xAmcj1EBoIgEJQ

[2] Kracauer, S., De Caligari a Hitler, Barcelona, Paidós, 1985, pág. 19

 


David Del Pino

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente, estudiante de doctorado en la sección departamental de Sociología Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid.
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