Desenmascarar

Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana.
Cambia, todo cambia. Mercedes Sosa.

Son quizás estos versos de Mercedes Sosa junto al aprendizaje semiótico de que todo lo que transfiere la frontera regresa reconvertido, lo que haya vuelto a poner encima de la mesa la máscara como objeto de estudio.

Si bien es cierto que llevamos casi dos años con la mascarilla como complemento, la máscara siempre ha estado en nuestra cultura. Percibida como una de las grandes dimensiones semióticas, su importancia radica en su juego: en la capacidad de mostrar y al mismo tiempo esconder. Hablamos de un artificio a través del cual el emisor juega con el misterio.

Quizás tenga una sencilla acepción que la Real Academia Española traduce en “figura que representa un rostro humano, de animal o puramente imaginario, con la que una persona puede cubrirse la cara para no ser reconocido, tomar el aspecto de otra o practicar ciertas actividades escénicas o rituales” [1] pero su significación asciende a una amplia herencia cultural, mitológica y científica.

En una de sus últimas entrevistas, el catedrático Jorge Lozano indicaba que “máscara equivalía a persona, actor teatral. En griego se traduce por rostro. Hasta hace nada quien llevaba máscara era sospechoso, alguien que quería disimular, mostrarse ignoto, oculto. Hoy, en plena pandemia es sospechoso quien no lo lleva. Puede infectar. Con o sin máscara, el rostro significa. Eso lo sabe muy bien el capitalismo de la vigilancia.” [2] Pues la significación transciende el rito.

Si tomamos la máscara como objeto, complemento o vestido lo simplificaremos a moda, y esta siempre es semiótica “transformando lo insignificante en significativo. El vestido es un texto que se dirige a alguien; por eso es fundamental el punto de vista del observador” [3] Además, esta juega con la verdad, la mentira, el secreto, el parecer y sus contrarios. Por ello, la importancia de su información radica en la correcta traducción entre emisor y receptor. Ya se cuestionó Nietzsche qué había detrás de una máscara sino otra.

“Dentro de una concepción no totalizadora de la sociedad y de la lengua, puede describirse el espacio de las normas, eminentemente histórico y variable, donde nada es absoluto, ni originante y donde toda magnitud resulta de un proceso de interpretación”.

François Rastier

Esta cita de Rastier refleja claramente cómo ‘todo cambia’ y cómo aquello que sale de la semiosfera regresa de forma diferente. Las normas cambian, igual que las percepciones. Como muestra la primera cita de Jorge Lozano, el sospechoso ha cambiado de una época a otra por el hecho de llevar, o no, un complemento. Un recelo derivado de la significación del momento dado.

La máscara como objeto está presente en nuestra sociedad desde tiempos inmemorables. Ya sea como vestido o como rito. Y es que, como se ha mencionado, este objeto tiene la capacidad de mostrar y de esconder. Relacionándolo, breve y estrechamente con el estudio, sobre el camuflaje, de Paolo Fabbri, este indicaba cómo el camuflaje es una técnica naturalmente instaurada en los seres vivos. Y una de sus estrategias es la de “volverse otro, otro que sí mismo, a menudo con un esfuerzo de exhibición vistoso” [5], unas de las principales acciones del uso de la máscara.

La máscara antes que arte y complemento, es significado en sí misma, es rito y cultura. Por ello, todas las culturas han recurrido a ella con múltiples significados. No hay más que observar la calle para ver los diferentes tipos de máscara que existen: mascarillas quirúrgicas, maquillaje, disfraces, celebración de ritos populares, etc. Pues como afirmaba Balzac en su ‘Tratado de la vida elegante’: “la indumentaria es la expresión de la sociedad”.

Y, pese al juego de la máscara, sea cual fuera su forma, o mejor dicho del enmascarado, cabe preguntarse la significación de nuestro tiempo y el porqué de su instauración, de su juego.

“Es necesario que cada cosa parezca lo que es”

Honore de Balzac, Tratado de la vida elegante

[1] Real Academia Española, significado máscara. Disponible en: https://dle.rae.es/m%C3%A1scara

[2] Lozano, J., 2020. “La ciudad sin rostro”. Disponible en: https://gescsemiotica.com/la-ciudad-sin-rostro/

[3] Lozano, J. “Cultura y explosión en la obra de Yuri Lotman”, Universidad Complutense de Madrid. Disponible en: https://webs.ucm.es/info/especulo/numero11/lotman2.html

[4] Rastier, F. “Conocer y significar”, Grupo Gesc, pág. 11. Disponible en: https://gescsemiotica.com/wp-content/uploads/2019/08/%E2%80%9CConocer-y-significar%E2%80%9D-Franc%CC%A7ois-Rastier.pdf

[5] Fabbri, P. “Semiótica y camuflaje”. Disponible en: https://www.paolofabbri.it/saggi/semiotica-y-camuflaje/

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Ana Sánchez-Bayo

Graduada en Ciencias Políticas y con un máster en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en entornos multiculturales tanto en el ámbito público como en el privado.
Comparte este artículo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Next Post

Reflejos mediáticos

Isabel Díaz Ayuso le ha quitado el bocadillo a Pablo Casado en el patio de recreo y le ha dado un empujón a Teodoro García Egea. Lo que acabamos de presenciar en los últimos días en toda la organización del Partido Popular es producto de lo que desde plataformas como […]

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies