El discurso sociopolítico a través de la música de Rubén Blades

 

La música popular ayuda a identificar a una sociedad a través de sus canciones y permite valorar, del mismo modo, sus lenguas, sus tradiciones, sus creencias, su filosofía, su historia… Todos los elementos que componen una cultura.

En la cultura permanece toda la experiencia colectiva que una sociedad acumula a lo largo de la historia. Es la memoria del pueblo que se transmite de una generación a otra como herencia social, donde perviven los valores materiales y espirituales que obtiene la colectividad en su conjunto.  Y a través de la música y la letra de sus canciones, como parte de ese legado, podemos reconocer y sentir la realidad de un momento histórico concreto.

En el año 1964, más de 20 jóvenes panameños fueron asesinados por la marina estadounidense por exigir izar la bandera de Panamá en la zona del Canal, que se encontraba ocupada por los primeros tras la maniobra de secesión del presidente americano, Teodoro Roosevelt.

A los fallecidos, se les sumarían alrededor de 500 jóvenes heridos que desencadenarían un sentimiento de rabia, odio e indignación en el pueblo panameño – y especialmente en Rubén Blades – que cambió radicalmente su concepto sobre los Estados Unidos. Un día, el 9 de enero, que se convirtió en fiesta nacional bajo el nombre Día de los Mártires [1].

Rubén Blades es el ‘desconocido más conocido que se conoce’, pues cada cual le puede reconocer por su faceta de músico, actor, abogado o político que, valiéndose del ritmo de la salsa, logró que se escucharan las denuncias sociales de una delicada Panamá que se encontraba bajo la dictadura del Coronel Torrijos Herrera.

En ese sentido, la salsa se reveló en los años 70 en América Latina como un instrumento de protesta, de descripción de una realidad aciaga y de una implicación social y política, gracias, entre otras cosas, a las composiciones de Rubén Blades, que rompió con la vertiente de creaciones musicales consideradas como vías de escape de una realidad conflictiva.

Si hasta ese momento, las producciones musicales de América Latina iban destinadas exclusivamente al baile,
la música de Blades contrapondrá ese modelo capitalista consumista e invitará a la reflexión y a la crítica política.

Sus obras introducen pausa y análisis, definida por algunos autores como la “salsa intelectual” o la “salsa protesta” [1]; son pura reflexión y crítica de un contexto sociopolítico en el que predominaban las dictaduras en Latinoamérica bajo el paraguas de EE. UU.

Canciones como Pablo Pueblo, Decisiones o GDBD, poseen recursos musicales que devienen en un pseudolenguaje que acopla significaciones o connotaciones más profundas. Obras que, a través de la literatura y utilizando la canción como medio, describen situaciones reales y transparentes del pueblo: una sociedad que está luchando por liberarse de las dictaduras.

Los relatos de sus canciones rompían con la imagen modélica americana que se proyectaba, entonces, a través del cine y la prensa, y exteriorizaban el desencanto del ciudadano latinoamericano por la pobreza; la decepción y el pesimismo por el presente y el futuro; y la desconfianza hacia una clase política venida a menos, dado que no cumplía sus promesas de cambio.

En la música de Rubén Blades, se da el discurso sociopolítico en el que converge la historia de América Latina, encadenada a EE. UU., y la realidad de una clase obrera panameña desgastada. En ellas podemos observar, además, la creación y promoción de la identidad latinoamericana.

El poeta de la salsa no escribía canciones políticas como tal, sino que plasmaba los relatos y las circunstancias del pueblo panameño en sus letras, y ese metalenguaje contribuyó sobremanera a una nueva forma de expresión social y cultural que germinó en la cesión a Panamá del control del Canal en 1999, que había estado varias décadas bajo la supervisión americana.

Siguiendo el hilo conductor que nuestro compañero, David Del Pino, exponía en El despertar de un profundo sueño, podemos asumir que la crisis política y económica de la Covid-19 ha desenterrado los desafíos y las carencias a las que España debe hacer frente.

La recuperación de esta crisis, así como el futuro del país, pasa por la redefinición del concepto de Estado y sus instituciones, acotadas a las acciones transformadoras de los jóvenes, cuya mayoría social se encuentra apartada de un discurso y un relato sociopolítico alejado de una realidad que encumbra la desdeñada posición de los jóvenes en la sociedad española.

Los jóvenes no forman parte del discurso y del relato político español, instalado en la crispación, en la crítica destructiva entre los unos y los otros y en la mejora de las pensiones. No olvidemos que antes de la crisis de la Covid-19, España ya tenía la segunda tasa de desempleo juvenil más alta de Europa y eran – y continúan siendo- los últimos a la hora de emanciparse [2].

Estos indicadores, junto con la población envejecida de España y el bajo índice de natalidad, revelan que en las decisiones políticas prevalecen los ciudadanos de mayor edad sobre los jóvenes.  De hecho, la inversión que se ha realizado en España en la tercera edad, desde la década de los ochenta, es hasta 35 veces superior a la destinada en políticas de infancia, juventud y educación [4].

En este sentido, sería necesaria la aparición alegórica de un Rubén Blades que construyera un relato sociopolítico que articulara unos espacios de resistencia y cambio que transformaran el desinterés juvenil por la política española, pues para formar parte del discurso y ser tenidos en cuenta, los jóvenes han de hacerse escuchar.

Asimilando las letras de Rubén Blades de canciones como Buscando América, Pedro Navaja, Ligia Elena, Tiburón o Buscando Guayaba y traduciéndolas a un discurso y un relato actual, más cercano a nuestro contexto, podemos decir que para que un país tenga futuro y no ponga en riesgo sus logros, ha de allanar el camino a los jóvenes, “sembrar para recoger en el futuro” [1].

Atrás deberían quedar, por un lado, el desentendimiento político español para con los jóvenes, que vuelca sus esfuerzos en mejorar las pensiones de los jubilados; el mito de que, cuántos más másteres, cursos y títulos se acumularan  – un discurso estéril e improductivo – , mejor sería su inserción laboral; y, por otro lado, abandonar las constantes reformas educativas de las últimas décadas, promulgadas por el bipartidismo, devenidas en un continuo éxodo juvenil y atrapadas por los precarios contratos laborales formativos.

La música, entendida como medio o canalizador de los discursos, puede documentar la realidad histórica de España y construir nuevas narrativas que articulen futuros escenarios más prósperos para las generaciones venideras, que serán las encargadas de llevar a cabo las transformaciones necesarias [5]:

“Las semillas son los niños

Que el tiempo hará crecer

Pero hay que dar el ejemplo

Pa’ que pueda suceder” (Rubén Blades)

 

Notas

 

[1] Apertura Films S.A., Gema Films SRL. Benaim, A. (2018). ‘Yo no me llamo Rubén Blades’. País: Panamá.

[2] Statista (2020). ‘Tasa de paro juvenil en los países de la Unión Europea en 2019’, Fernández Rosa. Obtenido de: https://es.statista.com/estadisticas/488897/tasa-de-paro-juvenil-en-los-paises-de-la-ue/#statisticContainer

[3] ‘Una sociedad que odia a sus millenials está perdida’. Reloba, Víctor. Artículo de ‘Público.es’. Obtenido de: https://blogs.publico.es/econonuestra/2017/06/16/una-sociedad-que-odia-a-sus-millenials-esta-perdida/

[4] Instituto de la Juventud y Consejo de la Juventud de España (2020).  ‘Juventud en Riesgo. Análisis de las consecuencias socioeconómicas de la Covid-19 sobre la población joven en España’. Obtenido de: http://www.cje.org/es/publicaciones/novedades/juventud-en-riesgo-analisis-de-las-consecuencias-socioeconomicas-de-la-covid-19-sobre-la-poblacion-joven-en-espana/

[5] Blades, R. (1978). Siembra. Albúm ‘Siembra’. Obtenido de: https://www.youtube.com/watch?v=SrkbKyb4ZW8


Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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