El futuro del periodismo (II). El quinto poder

Luis Velasco

 

Fuente: Creative Commons. Autor: Levin

Según la tesis de Montesquieu, y que ya introdujo Aristóteles en su Política (VI-XI) [1], la democracia moderna se sustenta en la independencia de tres poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Y en un Estado de Derecho estos tres poderes deben ser soberanos, independientes y coordinarse entre sí, de tal manera que cada uno de ellos pueda ejercer un control a los otros dos restantes.

Sin embargo, a finales del siglo XX surgieron nuevas formas de expresión y comunicación que empezaron a conformar lo que se conoce como medios de comunicación de masas.  Estos canales de comunicación exteriorizaron la nueva orientación de nuestra sociedad, definida como sociedad de la información o sociedad del conocimiento [2].

A través de sus contenidos, la radio, la prensa y la televisión introdujeron en el día a día de la sociedad el ocio, el entretenimiento y la educación. Y rápidamente se integraron en la vida cotidiana noticias sobre los acontecimientos nacionales, los eventos deportivos o los viajes en forma de reportajes.

El desarrollo de estas áreas se tradujo en una serie de cambios estructurales sociales y económicos que provocaron que los medios de comunicación de masas -radio, prensa y televisión- revistieran una gran importancia en la sociedad al acaparar y difundir, además de la información, la mayor parte de las actividades de ocio y entretenimiento.

Poco a poco, los medios de comunicación fueron integrándose en la sociedad y acumulando poder, convirtiéndose en una poderosa industria que, además de entretener, denunciaba los abusos y las corruptelas que pudieran realizar el resto de los poderes.

Fue así como surgió el concepto de cuarto poder o contrapoder, cuando los medios de comunicación desarrollaron esa labor de denuncia que incrementó su influencia en la sociedad y su capacidad de transformar la realidad.

Por ello, los medios se erigen como una institución social organizada y establecida que sirve como un recurso de la sociedad para construir la realidad social y la opinión sobre leyes, regulaciones o el propio Estado, así como conocer las posibles violaciones de sus derechos.

Gracias al sentido cívico de los periodistas que componían los medios, este cuarto poder era el que podía utilizar la sociedad para criticar o rechazar democráticamente decisiones que pudieran ser injustas. En este aspecto, el periodismo siempre ha empoderado a aquellos que no tienen voz.  

Pero a medida que la revolución digital, el neoliberalismo y la globalización fueron avanzando, este poder se fue diluyendo, pues la función de vigilancia o denuncia es en nuestros días un tanto difusa.

Internet ha derribado los muros que existían entre el sonido, el texto y la imagen, convergiéndolos en un hipertexto y un metalenguaje que ha cambiado radicalmente el carácter de la comunicación y, al mismo tiempo, de la cultura de la sociedad, dado que el proceso comunicacional puede darse desde distintas plataformas, en cualquier momento y en cualquier lugar con un libre acceso [3].

Podemos observar dos hechos palpables en nuestra sociedad dado que convivimos con ello día a día. El primero, que existe una sobreabundancia de información que es imposible de consumir. Y el segundo, que los medios de comunicación favorecen su libertad de empresa sobre el derecho de la sociedad a consumir una información rigurosa.

En este sentido es evidente que, con la globalización y la revolución digital, la información se ha convertido en la materia prima de nuestra sociedad, así como el carbón lo fue tras la Primera Revolución Industrial o el petróleo y la electricidad tras la segunda – que siguen siéndolo en nuestros días-, la información fluye entre la ciudadanía como mercancía en la actualidad:

“La información funciona como una mercancía. (La información) No está funcionando según las leyes de la información tal y como se puede enseñar en los departamentos de comunicación de periodismo. Sino que está funcionando según las leyes de la mercancía, del mercado”, Ignacio Ramonet [4]

Según la ley de la oferta y la demanda, todo lo que es abundante es barato. Y la información es extraordinariamente abundante. No es que exista un mercado de la información tal y como lo podemos concebir, en el que un medio vende información a los ciudadanos, sino que funciona vendiendo ciudadanos a las empresas que se anuncian en el medio en cuestión. Cuanto más contenidos se consuman, más atractivo será el medio o la plataforma para la empresa anunciante.

Entonces los medios elaboran informaciones sencillas que les permiten alcanzar mayores niveles de audiencia para así obtener más beneficios. No puede levantarse un muro entre los contenidos y el público, debe utilizarse un lenguaje sencillo y los temas deben tener cierto grado de seducción: las descalificaciones políticas, el crimen, el sexo, la sangre, la guerra, …

Porque si analizamos bien nuestro contexto, aunque recientemente algunos medios estén implantando modelos de negocio mixtos, en los que mezclan publicidad con suscripciones, la información masiva, la que llega a todo el mundo, es gratuita.

Por consiguiente, lo que le da valor a la información hoy en día no es el enriquecimiento intelectual o la capacidad de resolver problemas sociales, sino la cantidad de personas que presuntamente están interesadas en esos contenidos.

Y desde otro ángulo, aparentemente los medios de comunicación suelen mezclar la libertad de empresa, con el interés general y la libertad de expresión. Siguiendo a Ramonet, la libertad de los medios de comunicación es “la extensión de la libertad colectiva de expresión, fundamento de la democracia”.

Por ello la información no puede estar “confiscada” por “grupos mediáticos” que anteponen sus intereses a los de la ciudadanía, pues es a través de sus contenidos con los que se configuran las opiniones y con los que se determina quién o quiénes ejercen el poder.

A partir de ahí, Ramonet desliza un nuevo concepto: el quinto poder. La libertad de los medios implica cierta responsabilidad social y, en consecuencia, debe estar bajo el control responsable de la sociedad porque “es el único poder sin contrapoder y se genera así un desequilibrio perjudicial para la democracia”. Es decir, que en lugar de que los medios dependan de la publicidad y de las inversiones de terceros, deberían resguardarse bajo el paraguas de la ciudadanía, que debe concebir la labor del periodismo como un servicio y no como un producto. De lo contrario, puede suceder el tercer hecho manifiesto en nuestros días: las avalanchas de desinformación.

No obstante, hay que tener en cuenta que en términos sociológicos el problema de este planteamiento es que parte de una presunta dominación mediática, pero es posible que a partir de las propias experiencias se generen comportamientos, actitudes y opiniones hasta ahora inéditas.

Sin embargo, un concepto como el de quinto poder sería una medicina más que efectiva para nuestra sociedad acelerada, pues los medios se revelarían como una fuerza ciudadana que vigilaría la salud de la democracia, contrarrestando las distorsiones que pueda provocar el cuarto poder, constituido por los medios, y que cada día son más evidentes.

 

Notas

[1] Bernardino Martínez, H. (2004). En qué ha quedado el cuarto poder. Cuadernos de Periodistas,
73-87.

[2] Azpiazu, J., Pazos, A., & Silva, A. (2001). El futuro de Internet: Accesos y teleservicios. Santiago de
Compostela: Fundación Alfredo Brañas.

[3] Castells, M. (1997). La era de la información: economía, sociedad y cultura (Vol. II). Madrid:
Alianza.

[4] Ignacio Ramonet. Los medios de comunicación al servicio del poder económico. Primera parte. (2011, 12 junio). [Archivo de vídeo]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=DdCnFPSLuMs

[5] Ramonet, I. (2003). El quinto poder. Le Monde Diplomatique edición española. Recuperado de http://ateneu.xtec.cat/wikiform/wikiexport/_media/cursos/curriculum/interniv/dv36/modul_1/ramonet.pdf


Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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