El futuro del periodismo (III). Medias verdades

Luis Velasco

 

Hace unos días, el programa Salvados emitía dos entrevistas a los exdirectores de El Mundo y El País, Pedro J. Ramírez y Juan Luis Cebrián, donde dejaron entrever que algunas de las travesuras del rey Juan Carlos I fueron encubiertas por la “supervivencia” del Estado de Derecho en España.

El periodista de La Sexta, Fernando González ‘Gonzo’, preguntó si hubo algún tipo de acuerdo entre los partidos políticos y los medios de comunicación para “no ser suficientemente críticos” con la figura del monarca. A lo que Cebrián respondió que, tanto en las fuerzas políticas, como en los círculos de opinión, se pensaba que “una vez establecida la monarquía parlamentaria como forma de Estado, mejor era no enredar, entre otras cosas por la presión fortísima de los militares”. Por su parte, Ramírez afirmó que nunca fue partícipe de un pacto de silencio en relación con el rey emérito, pero que posiblemente “los poderes facticos del mundo económico y algunos medios que se presentaban como heraldos de la democracia, tuvieran un enorme tabú en relación con la conducta del jefe del Estado” [1].

Cabe recordar que el rapero Valtònyc tuvo que huir a Bélgica en 2018 por hacer una canción sobre la corrupción de la monarquía española, con la que fue condenado a prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo, injurias a la Corona y humillación a las víctimas [2]. Y que, hasta que el rey emérito no abdicó, hasta que la prensa británica no destapó las comisiones del AVE a la Meca y los medios helvéticos no hicieron público que el rey Juan Carlos I escondía 100 millones de euros en Ginebra (Suiza), de los cuales Corinna Larssen recibió 65 millones [3], los medios de comunicación españoles callaron.

Decíamos en el segundo artículo de esta serie que los medios configuran las opiniones a través de los contenidos que publican, así como determinan quién o quiénes ejercen el poder. Es bajo esta premisa cuando podemos afirmar que la información es poder. Porque es a través de los medios como se modulan las opiniones y se configura un Estado.

En nuestros días, la batalla por el poder político -entendido como la capacidad de hacer cambios estructurales- se da en un espacio o ámbito público fragmentado por los medios y las redes sociales. Hablamos de una política mediática en la que, a través de los procesos de la comunicación, se prima la conexión con los sentimientos de la opinión pública sobre la rigurosidad informativa. Lo que deviene en una polarización y una confrontación del espacio público por establecer un relato.

Y por ello los actores políticos, que se disputan los votos o su continuidad en el cargo en el espacio público mediatizado, intentan influir en las informaciones de los medios, porque es donde cohabitan las opiniones de la ciudadanía que determinan el destino de las leyes y los valores sobre los que se construye la sociedad.

No se trata de que los medios de comunicación sean los depositarios del poder, sino que constituyen el espacio donde se decide el poder. No es que modelen la opinión pública a través de mensajes explícitos, sino por la ausencia de un contenido determinado. Lo que no aparece en los medios, no se concibe en la opinión pública. Es por eso que, en nuestros días, la política es mediática, porque utiliza los medios de comunicación como amplificador de su acción de influencia en las opiniones [4].

En ese sentido, en el proceso de formación de la opinión pública, de donde emana el poder político –“el gobierno sólo se basa en opinión” (David Hume)–, donde el periodista hace de intermediario entre los actores políticos y la sociedad, es crucial su independencia, su neutralidad y su objetividad.

La imparcialidad del profesional de la verdad es indispensable en este proceso de mediación entre los políticos y la sociedad. Porque, en palabras de Hannah Arendt: “(…) -cuando- el que dice la verdad factual -el periodista- explora el terreno político y se identifica con algún grupo de poder, compromete la única cualidad que pudiera hacer de su verdad algo plausible: su veracidad (..)”.

Por ejemplo, el día del referéndum catalán, el 1 de octubre de 2017, las cadenas públicas La 1 de TVE y TV3 liquidaron el artículo 3 de la Ley 17/2006 de la radio y la televisión, recogida en la Constitución, por la que se garantiza, entre otras cosas, la información objetiva, veraz y plural, así como un debate democrático y la libre expresión de las opiniones [6].

TVE emitió varios programas en formato de redifusión -refritos de la Polinesia-, en lugar de realizar un contenido especial por lo que estaba ocurriendo en Cataluña, obviando entre otros sucesos las cargas policiales. Por su parte, aquel día TV3 sólo dio voz a los partidarios de la autodeterminación, enfatizó “la violencia de España» e intentó movilizar a la audiencia través de sus servicios informativos [7].

A pesar de que ambas cadenas son concebidas como servicios públicos, no actuaron de manera objetiva, neutral y plural, pues la realidad de la que se informó fue totalmente distinta según el canal que se viera.

TVE hizo suyos los juicios de valor que emitían los distintos personajes del Gobierno, presidido entonces por Mariano Rajoy, y TV3 se dedicó a fortalecer las creencias del movimiento independentista y los razonamientos de la Generalitat Catalana.  En lugar de buscar la cohesión social y territorial, independientemente del marco jurídico en el que esto se pudiera establecer, se dedicaron a seleccionar los hechos bajo una opinión particular, a partir de la cual consideraron qué era de interés público y qué no lo era.

En un estado democrático es prioritaria la pluralidad informativa y fomentar un debate público y diverso. Y para luchar contra los intereses partidistas y eliminar la polarización de los medios, es necesario combinar su función social con la comercial, y esto pasa porque los periodistas mantengan intacta su objetividad, neutralidad e independencia.

Los medios de comunicación pueden tener su línea editorial, pero han de ser claros y ejercer la profesión con independencia, sin máscaras, luchando contra la manipulación y la mentira, pues el fin último de un medio y un periodista es servir a la sociedad, que debe poder distinguir la verdad de los hechos de la opinión, la verdad de la mentira.

Notas

[1] La Sexta (2020, noviembre 22). ¿Pidió ayuda el rey Juan Carlos a Cebrián y Pedro J. Ramírez para consolidar la democracia?, ¿hubo pactos de silencio? LaSexta. Recuperado de https://www.lasexta.com/programas/salvados/mejores-momentos/pidio-ayuda-el-rey-juan-carlos-a-cebrian-y-pedro-j-ramirez-para-consolidar-la-democracia-hubo-pactos-de-silencio_202011225fbac9a5483f9e00012b72ef.html

 

[2] La Vanguardia (2020, 3 diciembre). Justicia belga aplaza al 27 de mayo vista sobre posible entrega de Valtonyc. La Vanguardia. Recuperado de Recuperado de https://www.lavanguardia.com/vida/20201203/49860126138/justicia-belga-aplaza-al-27-de-mayo-vista-sobre-posible-entrega-de-valtonyc.html

[3] Abascal, L. (2020, 4 marzo). «Juan Carlos escondía 100 millones en Ginebra»: el rey emérito, portada en la prensa internacional. El Plural. Recuperado de https://www.elplural.com

[4] Castells, M. (2009). Comunicación y Poder. Madrid: Alianza Editorial.

[5] Arendt, H. (2017). Verdad y mentira en la política. Página Indómita. Pag.56

[6] Estado, B. O. (2006). Ley 17/2006, de 5 junio, de la radio y la televisión estatal. Madrid: BOE núm, 134. Obtenido de https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2006-9958

[7] Velasco, L. (2020, junio). La Televisión Pública En El 1-O: El Caso De Los Servicios Informativos De TVE Y TV3 (TFG). Madrid, España: Universidad Nebrija.


Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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