El futuro del periodismo (V). La quimera de Iñaki Gabilondo

Luis Velasco

Unos días atrás, el aclamado periodista Iñaki Gabilondo anunciaba una retirada pausada y paulatina del escaparate mediático que le ofrecía La voz de Iñaki, una sección diaria que tenía en el periódico El País: “Deseo dejar de hacer comentarios y análisis políticos. No me siento capaz de continuar con mi apunte diario; el problema soy yo, estoy empachado”, explicaba para la Cadena SER.

La manera de entender el periodismo de Gabilondo, una visión clásica, admirable, respetable y casi hasta purista, es irreal en nuestros días. Una quimera. “Me retiro para dar paso a la juventud”, decía Gabilondo en el programa Late Motiv de Andreu Buenafuente. Y añadía: “No puedo más. La presión ha mermado mis capacidades. He amamantado con mi conocimiento cual loba capitolina múltiples generaciones”. Y ya en un tono irónico, Gabilondo se explayaba: “Voy a ser hater. Tengo 50 cuentas de Twitter en las que suelto barbaridades por un tubo”.

Pero también dejó entrever, en el mismo tono, uno de los problemas más arraigados en el periodismo español, la elección de lo que se considera un hecho noticioso por su capacidad de atención: “Una pandemia y la gente hablando de la nieve. No puedo más. Cuando había aprendido la diferencia entre test de antígenos y PCR, llega un asalto al Capitolio, una tormenta de nieve con nombre de personaje de Ibáñez que paraliza el país… ¿Y la gente qué hace?, ¿escucharme? No. Bailar en la Puerta del Sol (Madrid). Estoy hasta los mismísimos cojones”.

Originalmente, el periodismo nació para resolver la escasez de información en un mundo en el que los datos no podían ir más deprisa que un ser humano subido a un caballo. Existía la figura del predicador o la del pregonero que podían informar a una comunidad, a todo un pueblo o a un simple barrio, pero no más.

En la época medieval y en contraposición con la sobreabundancia actual, la información era tremendamente valiosa por su escasez. Por ello el contacto personal era fundamental, porque era la manera de gestar una relación de confianza y, de hecho, toda noticia o información que llegaba por escrito generaba recelos y suspicacias. De esa necesidad de crear un clima de confianza, surgieron diferentes lugares de encuentro públicos por Europa que servían para intercambiar información y donde ésta fluía sin obstáculos.

En esta serie de artículos, hemos descrito cómo funciona el mercado actual de la información tras la impronta de Internet y las redes sociales, así como la (re)evolución que los medios de comunicación actuales deberían acometer: la metamorfosis de un negocio a un servicio.

En ese marco, José Cervera, otro referente del periodismo español y uno de los divulgadores científicos más reconocidos en nuestro país, que falleció hace tres años tras una larga enfermedad, definía el mercado actual de los datos como mercado de la Atención [1].

Cervera explicaba que los medios ya no tienen que solventar los problemas de la escasez de la información palpables en la era industrial, pues los datos ya están al alcance de todos los lectores o consumidores.

Para este pionero del periodismo en Internet, la información ya no es un valor seguro porque todo pasa por los sesgos y la opinión; y la función del periodista pasa por ser un filtro y evaluar la información. En un contexto como el actual, en el que diariamente nacen y se distribuyen cantidades ingentes de información, Cervera vislumbra una oportunidad y rescata una vieja función del periodista, que hasta ahora ejercía como intermediario en los procesos comunicacionales: servir como un coladero y validar la información relevante.

Como señalábamos en El palo y la zanahoria, nuestro contexto está marcado por un constante conflicto de intereses que busca establecer un relato para obtener un beneficio -lo que algunos expertos han definido como la era de la posverdad-. “La información amenaza e insulta nuestro sistema cognitivo. Se mezclan verdades, mentiras, medias verdades, manipulaciones, estupideces, intereses y todos los matices de los grises inimaginables”, describía Cervera.

Todo pasa por modernizar el proceso de verificación de una información. En el periodismo clásico, ese donde Iñaki Gabilondo se desenvolvía como pez en el agua y con el que se erigió como una de las grandes figuras históricas del gremio -con todas las de la ley-, era fundamental contrastar la información y consultar diversas fuentes para la correcta validación de los datos. Y, principalmente, eso es lo que hemos perdido en la actualidad. Y es lo que empacha a un gigante del periodismo como Gabilondo.

Hoy en día, no suele haber un contacto directo con las fuentes de información a no ser que el producto periodístico sea una entrevista o un reportaje, dado que las agencias de información son las que nutren a los medios de la información vital para que el ciudadano esté correctamente informado.

Cervera no se alejaba, en ese sentido, de la idea de Ignacio Ramonet de establecer el periodismo como un servicio. Al respecto, creía que el periodismo podría ser “un filtro” que facilitara al lector mantenerse informado “sin verse abrumado por datos irrelevantes para él”.

En el mercado de la Atención, la información se sirve en la actualidad como un producto con el único objetivo de trasladar un dato, independientemente de la relevancia que tenga. Y eso es lo que hay que cambiar, que la información ofrezca un contexto, posea cierto rigor analítico y sea realmente importante.

Los datos o las noticias deben describir unos antecedentes, sus consecuencias y su relevancia de tal manera que permitan al lector no solo conocer los hechos, sino comprender su significado. Para Cervera, el problema de la sociedad del siglo XXI, a este respecto es, por un lado, la sobreabundancia de la información, que obstruye la tarea de localizar los datos que son realmente relevantes y, por otro lado, la escasez de contexto, que dificulta la comprensión de la información: “Para los medios periodísticos ya no es suficiente con responder a la pregunta ¿qué pasa, dónde pasa y cuándo? Los cómos, los porqués y las consecuencias de lo que pasa son cada vez más importantes. Nos han cambiado la pregunta y el periodismo debe ajustar su respuesta”.

No vale solo con contar lo que está sucediendo. Hay que facilitar la comprensión de por qué pasa, cómo pasa y qué pasará después. Pero el problema que habría que añadir a los anteriores, es que los medios de comunicación establecidos en nuestro país ya no generan la misma confianza que en años anteriores, porque se obcecan en adaptar sus mecanismos económicos para continuar en lo más alto de la cúspide social, mientras señalan a Internet como el culpable de la precarización del sector.

Internet ha cambiado las técnicas de información, pero no es el principal responsable de esta precariedad. Y Gabilondo es un ejemplo de ello. Supo adaptarse a las nuevas técnicas de la información mientras mantenía la confianza de los lectores. Y su sección en El País era un vídeo corto en el que opinaba sobre un hecho político.

No obstante, no podemos quitarnos una imagen ficticia de Iñaki Gabilondo pegándose cabezazos contra una pared al observar el panorama de la industria periodística, pero también el de la audiencia con sus sesgos: “Son momentos que requieren de verdad”, lamentaba Gabilondo en Late Motiv.

Iñaki Gabilondo es uno de los pulmones del periodismo español y siempre será un referente y un espejo donde mirarse dentro del campo periodístico; pero su hartazgo es compartido no solo por sus compañeros de profesión, sino por gran parte de nuestra sociedad que tiene que consumir informaciones relevantes del tipo: “Pedro Sánchez deja este ‘recado’ para Pablo Iglesias durante su intervención en el Comité Federal del PSOE”, “Las aplaudidas palabras de Vicente Vallés sobre el Ministerio de la Verdad del Gobierno” o “Los cuatro zascas de Pablo Motos a Casado”.

La indigestión de Gabilondo, que puede extenderse al conjunto de la sociedad, llega por la falta de confianza hacia los medios, que no dejan de alimentar un clima de crispación por diferentes motivos; y porque la ciudadanía, instalada en un lado o en otro sobre cualquier tema candente, no consume sino las informaciones que refuerzan sus creencias y se manifiesta siempre a favor de éstas, independientemente de los hechos que hayan tenido lugar.

Necesitamos una dieta informativa.

Notas

[1] Cervera, J. (2016, 9 diciembre). Reflexiones sobre el futuro de la Prensa y el Periodismo. Cuadernos de Comunicación Evoca, 7. Recuperado de http://www.evocaimagen.com

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad  de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático.  Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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