Feminismo(s): plural, global y diverso

«No son nuestras diferencias lo que nos divide sino la incapacidad de aceptar esas diferencias»

(Audre Lorde)

Mujer mexicana chatina en un mercado. Fuente: Pixabay

Existe una multiplicidad muy importante de movimientos sociales en torno a las mujeres. Cuando hablamos del feminismo desde Occidente, estamos acostumbrados a visualizar un movimiento de mujeres -fundamentalmente europeas y estadounidenses- unidas para reivindicar sus derechos humanos desde la igualdad de oportunidades a los derechos sexuales y reproductivos; así como abolir la brecha salarial, la violencia de género o cualquier discriminación por género, sólo por nombrar algunas de estas cuestiones también muy amplias y heterogéneas. Estos movimientos sociales de mujeres tan importantes y legítimos, en ocasiones logran el reconocimiento de unos derechos y su ejecución legislativa -su legalidad- gracias a la resistencia de años de lucha y reivindicación. Unos derechos humanos que no deberían ser cuestionados y menos violentados, pues ya nos pertenecen legítimamente como personas, más allá del género. Lo cual nos tiene que recordar la fragilidad de los derechos humanos y su continúa necesidad de protegerlos, mantenerlos y actualizarlos. Sin embargo, estas luchas se centralizan y se convierten en un dominio de los países que, de por sí, tienen la supremacía del poder mundial.

Hacemos del feminismo algo singular, podríamos decir hegemónico, olvidándonos u obviando la pluralidad, la multiplicidad de mujeres en el mundo con distintas realidades

Hablar y concienciar sobre desigualdades, violencias, abusos y, en definitiva, violaciones de derechos humanos difiere sustancialmente dependiendo del lugar en el mundo. Una mujer en un país africano, latinoamericano o asiático convive con diferentes realidades socioculturales, económicas y políticas que una mujer en un país occidental o estadounidense, por ejemplo. Aunque existe una seña de identidad colectiva en la desigualdad de género, que tiene que ver con la opresión, subordinación y vulneración de derechos a mujeres en todo el mundo, es necesario establecer una mirada interseccional a estos movimientos sociales que pretenden ser transformadores de esta realidad.

Esto quiere decir dar importancia a la intersección entre conflictos de sexo/género, clase y etnia relacionándolos con las categorías culturales e instituciones impuestas por relaciones de poder; como puede ser el colonialismo, el feminismo considerado eurocéntrico y universalista, la producción teórica/intelectual y académica, etc.  

Hablar de igualdad no es para suprimir las diferencias, sino aceptarlas y vivir la diversidad como una riqueza humana, un patrimonio de vida.

Mujer himba en el desierto de Namibia (África). Fuente: Pixabay

Estos feminismos -plural(ismos)- son denominados de los márgenes, pues corresponden a las periferias de unas lógicas patriarcales históricas y dominantes del poder hegemónico mundial. Estos son los feminismos descoloniales, latinoamericanos, africanos, indígenas, comunitarios, etc. Poder explicar, como se merecen, estos movimientos sociales sobre las diversidades y multiplicidad de realidades de mujeres en el mundo, es difícil para un artículo tan breve como este. Tal vez, con ejemplos ilustrativos podamos acercarnos de una forma más comprensible a ellos.

El feminismo descolonial o de las periferias, es una corriente surgida en América Latina como un activismo político y de reflexión que parte de la “autocrítica al racismo y al colonialismo que marca las sociedades latinoamericanas” [1].

En Bolivia existe una fuerte organización autogestionada feminista denominada ‘Mujeres Creando’ [2] que nace de una memoria anti-racista y anti-colonial en 1992, fundada por Julieta Paredes Carvajal y María Galindo en un barrio de la periferia de la ciudad boliviana de La Paz. La calle es su principal escenario de actividades reivindicativas, sobre todo a través del arte como es el grafiti y el performance. Su intención es la de cuestionar a una élite de mujeres que consideran privilegiadas, absorbidas por el aparato estatal del gobierno, que separaban lo público y privado y el trabajo manual del trabajo intelectual; haciéndolas tecnócratas funcionales del género. Esta organización feminista actúa en base a una reclamación hacia la izquierda política y la recuperación del anarquismo boliviano de inicios del siglo XX. Una de sus tantísimas proclamas en las paredes de la ciudad, dice: “El neoliberalismo ahora se disfraza de mujeres angurrientas de poder”.

‘Mujeres Creando’, 20 años contra la autoridad. Fuente: ‘El Confidencial’.

Por otro lado, cabe destacar la postura de Oyèronké Oyěwùmí. Oyěwùmí es una de las más relevantes teóricas feministas africanas contemporáneas de origen nigeriano. Desarrolla una perspectiva africana sobre los discursos occidentales del género [3]. Manifiesta que la categoría “mujer” no era una categoría propia del contexto yoruba – grupo etnolingüístico originario del África Occidental-, sino que en esta sociedad se utilizaba por el contacto con el mundo occidental.  Esto demuestra que el género no funciona como un principio organizador de todas las sociedades y, además, muestra la incompatibilidad de los postulados teóricos del feminismo euroamericano en culturas como las africanas.

Los discursos feministas en torno al cuerpo de mujeres occidentales, tales como “las no-poderosas” o “el falocentrismo imperante” no tienen sentido para analizar las mujeres de la sociedad yoruba precoloniales.

Sociedad yoruba precolonial. Fuente: Yoruba History – by NNP

Según Oyěwùmí, antes de la colonización de Occidente, el principio básico organizativo de la sociedad yoruba era el sistema de “senioridad” (seniority), el cual se definía usualmente por la edad relativa y definido en forma relacional, donde el género no era una forma relevante de ordenamiento y estructuración de sus prácticas sociales. Por tanto, la identidad social era relacional y no esencialista.

Estos discursos y demandas establecidas por mujeres desde los márgenes del poder hegemónico despuntan interesantes cuestiones para el propio movimiento feminista. La antropóloga maya Aura Cumes asegura que en Latinoamérica “el patriarcado no se puede entender sin el colonialismo y tampoco el colonialismo sin el patriarcado.  Para Cumes, los sistemas de dominación actúan de manera interconectada, y cuando lo hacen, su forma de operar es mucho más densa, nociva y perversa” [4]. Esta multiplicidad de obstáculos presenta muchos más desafíos para las mujeres indígenas.

La peruana Tarcila Rivera Zea, fundadora del ‘Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas’ y del ‘Foro Internacional de Mujeres Indígenas’ y presidenta de ‘Chirapaq’, lo tiene muy claro: Las mujeres indígenas tenemos que construir nuestro propio concepto de feminismo. Tarcila Rivera es hoy un referente mundial de las activistas indígenas, reconocida con el Premio Visionario otorgado por la ‘Fundación Ford’ en el año 2011. La afirmación cultural se torna como un eje central en cualquier movimiento social, también para el movimiento feminista.

El movimiento feminista es atravesado también por condiciones étnicas, de género y culturales. Rivera expresa que “les ha costado a las mujeres indígenas entender el feminismo desde las `otras´ y entender si `nosotras´ somos o no feministas. Entonces llegamos a la conclusión de que tenemos que construir nuestro propio concepto de feminismo, desde nuestras propias referencias” [5].

Existe un inmenso mundo más allá del feminismo occidental, también diverso, complejo y rico en sí mismo; que es necesario reconocer, respetar y apoyar. Definitivamente, lo que quieren estos movimientos sociales de mujeres, atravesados por muchos factores, es transformar el mundo en un lugar mejor para vivir, sin llevar a las personas hacia los márgenes, periferias y bordes que los maltratan y subyugan a una vida “inferior”. Este aspecto es especialmente sensible si además eres mujer.

Por todo esto, el feminismo es plural, global y muy diverso. Más que feminismo en singular, hablamos de FEMINISMOS, en principios de pluralidad e interseccionalidad.

Notas:

[1] Red de Feminismos Descoloniales. http://www.rosalvaaidahernandez.com/es/proyectos-colectivos/red-feminismos-descoloniales/

[2] http://mujerescreando.org/

[3] Oyěwùmí, Oyèronké (1997) Invention Of Women: Making An African Sense Of Western Gender Discourses. University of Minnesota Press.

[4]https://www.dw.com/es/feminismo-ind%C3%ADgena-el-patriarcado-no-se-puede-entender-sin-el-colonialismo/a-56578883

[5] https://www.elsaltodiario.com/feminismos/tarcila-rivera-zea-mujeres-indigenas-construir-nuestro-propio-concepto-feminismo

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Ana Fernández Martín

Doctoranda en la UCLM en el programa de Humanidades, Artes y Educación con especialización en Antropología y cuestiones de género. Máster oficial de Antropología Aplicada: entre la diversidad y la globalización en la UCLM. Diplomada en Educación Social por la UCLM. Beca Iberoamericana en la BUAP de Puebla, México en la Licenciatura de Antropología Social. Estancia de cinco años en Puebla, México, desarrollando nociones en artes escénicas y estudios culturales y tradicionales de la cultura mexicana.
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