Fernando Valladares: «Tenemos que trabajar colectivamente para cambiar nuestra relación con la naturaleza»

Luis Velasco

Segunda parte de la entrevista a Fernando Valladares, profesor de investigación del CSIC, donde dirige el grupo de Ecología y Cambio Global en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, y profesor asociado de la Universidad Rey Juan Carlos. Puedes leer la primera parte aquí.

¿Crees que existe una buena educación ambiental en España?

En algunas cosas la educación no está mal. Cuando miro los libros de texto de Infantil, Secundaria o el Bachillerato, conceptos como biodiversidad y cambio climático están presentes. Pero falta una mayor transversalidad en los temas, que no se quede sólo en una asignatura de Conocimiento del Medio porque afecta a cuestiones históricas, filosóficas, químicas, físicas…

La educación de los niños empieza en casa y es en esos entornos más relajados, menos docentes, donde la formación y la responsabilidad ambiental es más laxa en nuestro país. Quizá en otros países hay más conciencia social sobre la relevancia del medio ambiente y ahí quizá podemos avanzar más deprisa.

También tenemos que aplicarlo a la noción de la política. No creo que la opción ambientalista sea algo a elegir como ser de izquierdas o de derechas. Todo el mundo debe tener un porcentaje, mayor o menor, de conciencia ambiental.

¿Cómo puede ser la población parte activa de la transición ecológica?

El papel que uno mismo tome es algo bastante personal, ajustado a sus propias coordenadas. No es lo mismo una persona que vive en una ciudad que una persona que vive en un pueblo pequeño; tener mayor o menor nivel adquisitivo; tener familia o no… Todos estos factores hacen que esa lista de actividades diarias que uno puede hacer (reciclar, ir en bicicleta…) tenga que ser ajustada. Pero, además de esa lista, hay otras cosas muy importantes que se nos olvidan que podemos hacer. En primer lugar, ejercer con mayor conciencia dos funciones: una la del consumidor y otra la del votante. Como votantes y consumidores podemos ser mucho más exigentes y responsables en materia ambiental, pedirles a los políticos de forma explícita que hablen y dialoguen. Hemos visto en los debates electorales que el medio ambiente apenas ha salido y eso no deberíamos tolerarlo. El voto es una manera de ejercer presión y de premiar o no a los representantes. Sucede lo mismo como consumidores. Tenemos que ser capaces de decir ‘no’ a determinadas empresas si no tienen un comportamiento transparente y ambientalmente claro, aunque nos guste mucho un producto determinado.

Hay una tercera vía de acción que es participar en actuaciones que pueden tener un carácter local, pero que se pueden ir engranando en acciones más colectivas. Puede ser desde la comunidad de vecinos a los colegas del trabajo. Pequeños grupos donde uno se sienta cómodo para iniciar o apoyar determinados proyectos ambientales. De alguna manera, participar en estos proyectos te empodera para exigirle a otros que hagan algo, sean políticos, amigos o compañeros.

Para que se puedan tomar mejores decisiones en materia ambiental animo a la gente a que haga o participe en acciones, como talleres, seminarios, conectar a personas que se inicien por ejemplo en el emprendimiento rural y que se puedan ayudar mutuamente… Pero tiene que haber esa chispa inicial que le haga a uno mismo hacer algo más que ir en bicicleta o reciclar los tetrabriks.

Residuos amontonados.

¿Crees que existe la suficiente conciencia social en España?

Los españoles tenemos algunas cosas muy buenas como un gran altruismo y una gran generosidad. Cuando hay una crisis o una emergencia humana, los españoles siempre estamos entre los países que más donan o que más aportan. No es ‘postureo’, como dirían los adolescentes, es de verdad. Los españoles nos preocupamos bastante por los demás y eso es un ingrediente positivo sobre el que trabajar.

Pero quizá no somos tan buenos en ponernos de acuerdo, en buscar el común denominador con otras personas para lograr acciones de mayor recorrido. Ahí es donde la sociedad española podría madurar un poco.

Somos muy capaces de escuchar y entender lo que le pasa a los demás para ayudarles. Y toda esa actitud, bien canalizada y puesta a funcionar con esa cohesión que nos falta, sería una España 2.0 mejor dispuesta para hacer frente a los desafíos que nos esperan y que ya están aquí, como el cambio climático o la mayor frecuencia de las pandemias.

En España vivimos un presente polarizado por nuestros representantes políticos. ¿Puede la lucha contra el cambio climático y contra la crisis de la biodiversidad ser un elemento unificador?

Creo que lo va a ser sí o sí. O por las buenas o por las malas. Si lo hacemos por las buenas, que quiere decir que lo hacemos cuando todavía no tenemos el agua al cuello, pues tendremos más opciones. Si no nos ponemos de acuerdo, al final no nos quedará más remedio que resolverlo como ocurrió con la pandemia. Había personas que no querían ponerse la mascarilla, otros decían que el virus no existía o que la vacuna no servía para nada… Todas esas cosas han quedado atrás cuando hemos comprobado la magnitud del problema, cuando ha ido muriendo gente cercana a nosotros. Eso nos va a acabar ocurriendo cuando tengamos eventos climáticos excelsos como Filomena con más frecuencia.

Lo inteligente, y ojalá vayamos lográndolo, es no esperar a tener el agua al cuello, no esperar a que la frecuencia y la intensidad de los problemas ambientales nos dejen sin más opción que salir por la puerta de emergencia. Tenemos que ser capaces de sacar lo mejor de las tecnologías disponibles y renunciar un poco a nuestra comodidad para facilitar esta transición que es incómoda en aras de no pasarlo tan mal cuando las cosas se vayan complicando. No quiero ser ‘pepito grillo’ y aguarle la fiesta a nadie, pero los datos son muy tozudos y están ahí. Basta con mirar la hemeroteca o cualquier documental para ver que esa amenaza está ahí.

Ojalá que nos anticipemos a parte de los problemas que están por venir.

Fernando Valladares durante la entrevista con NCM.

Que no haya suficiente presión social, ¿justifica la inacción política?

No creo que lo justifique, pero también tenemos que entender la dinámica política. Los políticos son reelegidos cada cuatro años y lo que principalmente buscan es esa reelección. Por esa regla tenemos que entender que va a ser muy improbable que un político decida adoptar medidas impopulares sólo porque no va a ser reelegido. Y eso es lo que hay que cambiar.

Creo que el Ministerio de Transición Ecológica está en esa línea de acompañar las medidas con información, pero creo que se queda algo corto. ¿Por qué hay que explicar a la gente y por qué hay que hacer partícipe a la gente? Precisamente porque las medidas impopulares se van a entender mejor y entonces el político no sufrirá el castigo electoral, que es a lo que más teme hoy por hoy.

Mientras tanto podemos ir cambiando la política. Hay que cambiar las reglas de muchas cuestiones, de cómo funciona la elección de nuestros representantes democráticamente elegidos. Pero, mientras se cambia, hay que entender la crudeza con la que funciona.

No podemos esperar políticos valientes porque no se les pedía esa característica, porque ellos tampoco la prometieron en sus programas electorales. Si alguno es valiente será de casualidad, pero no porque lo hayamos exigido. Por valentía entiendo políticos que comprometan precisamente su reelección o que se atrevan a imponer medidas con base científica, pero que saben que no va a gustar a grandes grupos de presión o, incluso, a la propia sociedad. Esa valentía no la podemos esperar. La podemos fomentar, pero tenemos que ser un poco más explícitos en que ese tipo de valentía es lo que necesitamos y es lo que queremos.

Sin embargo, hemos visto las reacciones en plena pandemia en elecciones como las de la Comunidad de Madrid que reflejan que la gente se pone una venda y vota sin aplicar la razón, sin pedirle a los políticos ni una palabra sobre qué van a hacer en aspectos científicos o ambientales.

No se les puede achacar a los políticos una parte importante de la responsabilidad, sino a la sociedad que ejerció el voto.  Yo apelo a que maduremos un poco todos y no vayamos dando lugar a una nueva generación de políticos. No solo que no los produzcamos, sino que castiguemos o premiemos a los que están ahora mismo con otros baremos y no solo porque nos permitan quitarnos la mascarilla, que es una dimensión bastante trivial cuando estamos hablando de problemas de largo recorrido con un impacto muy potente en la salud de las personas y en el bienestar.

Tenemos que entender cómo son las reglas del juego para cambiarlas. Y tenemos que cambiar las reglas del juego con las propias reglas del juego, que es un poco paradójico. Sin salirnos de los marcos de la legalidad tenemos que ir forzando la revisión de la Constitución, la cual era como sagrada, pero habrá que cambiarla. Utilizando un símil futbolístico, mientras esos cambios se dan, tenemos que seguir jugando al fútbol sin tocar el balón con las manos. Y tenemos que decidir si jugar en primera división o contentarnos con ser un equipo de tercera regional. Y creo que España no debe aspirar a menos de una primera división, es decir, deberíamos proponernos una reforma política y social profunda y, mientras la reforma va teniendo lugar, actuar con una madurez mayor que la que estamos haciendo gala en ocasiones.

Tampoco quiero ser muy tajante y crítico. Hemos mostrado en ocasiones solidaridad, atisbos de sensatez y gran comprensión. El caso de las dudas sobre la vacuna es un ejemplo. Se está viendo que la gente ha entendido que la vacuna es importante y necesaria. Salvo unos cuantos que todavía se afanan en contar historias un poco esotéricas, la gente se la está poniendo y ha dado un paso de madurez.

Hay margen para la esperanza y el optimismo con algo tan serio como es la crisis ambiental.

¿Cómo podemos evitar la Sexta Extinción?

Creo que una de las formas de fondo importantes para para corregir esta Sexta Extinción es cambiar nuestra relación con la naturaleza. Por ejemplo, dejando atrás cosas muy puntuales como dejar de considerar a los animales y las plantas como meros objetos y considerarlos como sujetos de pleno derecho. Hay varias iniciativas que van por ahí, por ejemplo, hay una en pleno proceso de recogida de firmas para el Mar Menor para conferirle entidad jurídica. Una acción que tiene mucho de simbólico, y que es muy importante, porque nos haría pensar en un Mar Menor con plenos derechos.

Era algo impensable que, hace 50 o 60 años, las mujeres tuvieran plenos derechos y las españolas tuvieran que pedirles la autorización a sus maridos para para votar. Todo esto se ha ido ganando con el paso del tiempo y las mujeres han ido adquiriendo igualdad de derechos en cosas que ahora mismo nos parece surrealista que pudieran ser cuestionables.

Pues eso tenemos que ir cambiando en nuestra relación con la naturaleza, porque no está ni mucho menos a nuestro servicio. Esa actitud está en el origen de la no sostenibilidad. Quemamos combustibles fósiles como si no hubiera mañana, pero lo mismo hacemos con la producción de trigo, con la caza o con la pesca. No solo tenemos que poner sanciones o leyes, sino trabajar colectivamente para relacionarnos con la naturaleza de otra manera. Porque si no… ‘hecha la ley, hecha la trampa’. Habrá gente a la que le vendrá bien incluso pagar la multa y seguir cometiendo el delito ambiental que toque.

Tenemos que entender que lo mismo que es impensable hoy en día faltarle el respeto a una mujer, pues tenemos que entrar en una situación en la que nos parezca impensable faltarle el respeto a la naturaleza. Y cuanto más rápido vayamos a esta situación, más natural, sostenible y completa será nuestra relación con la naturaleza. Y podremos alejarnos gradualmente de esta Sexta Extinción en la que llevamos desde el Neolítico, cuando éramos capaces de juntarnos unos cuantos para paliar las cosas. Tenemos una propensión a depredar y a no permitir que ni la naturaleza ni las poblaciones de otros organismos, como animales, plantas, virus o garrapatas, se recuperen. Pero necesitamos la diversidad vírica porque los virus regulan a las bacterias, entre otras cosas, y tienen un sinfín de funciones, como transmitir horizontalmente los genes. De hecho, entre un 8%-10% de nuestro propio material genético se debe a transferencias que proceden de material genético de los virus. Hasta ese punto somos naturaleza y hasta ese punto necesitamos a los dichosos virus, como el ejemplo más tremendo. Porque para proteger al lince, que es muy bonito y nos encanta, todo el mundo se va a poner de acuerdo, y tenemos que hacer lo mismo con la diversidad de ahí fuera porque no es un capricho ni un privilegio, es asegurar que la biosfera funcione en unas condiciones necesarias para nosotros.

Cuando entendamos que, sin toda esa diversidad funcional no podemos seguir adelante y actuemos en consecuencia, nos iremos alejando gradualmente de la Sexta Gran Extinción. Hasta entonces, pondremos parches (que bienvenidos sean) porque es como achicar agua en un barco que entra agua. Conservar el lince y reforestar está muy bien, pero la hemorragia realmente se contiene cambiando nuestra relación con la naturaleza y respetándola.

Como escribiste en un artículo para eldiario.es, tenemos que “escoger el mono que queremos ser”.

Efectivamente. A veces, mirándote a los parientes más próximos, como los monos, puedes verte a ti mismo caricaturizado. Y en ese artículo hablábamos de dos chimpancés, el Pan Troglodytes y el Pan Paniscus, de unos comportamientos totalmente distintos entre sí y cómo nosotros tenemos un comportamiento muy flexible. Nosotros podemos elegir ser un mono más o menos agresivo, con unos rasgos u otros. El Homo Sapiens del s.XXI está a la altura de sus posibilidades, está a la altura de elegir el mono que quiera ser o de la sociedad en la que quiera vivir.


Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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