Filomena no mata, la mendicidad sí

<<Si sólo se dieran limosnas por piedad, todos los mendigos hubieran ya muerto de hambre.>>

Nietzsche

 

Después de dos semanas, las calles de Madrid han limitado la nieve a algún montón en una acera. Ese paisaje blanco que pudieron disfrutar los madrileños para hacer muñecos de nieve e intentar olvidar la época de pandemia que vivimos, ya ha quedado atrás. Pero no para todos.

Mientras los vecindarios del Barrio de Salamanca o La Moraleja disfrutaron de este fenómeno es el planeta, a través de Filomena, quien nos vuelve a recordar que incluso el placer de ver copos de nieve entre los edificios de la capital está reservado a las clases pudientes.

“Muere un hombre sin hogar a causa del frío y otro sepultado por la nieve en Zarzalejo” Este es un titular del diario La Vanguardia, publicado el 9 de enero [1].

Muchos no quieren acceder a los albergues que se les ofrece por diferentes motivos, entre ellos: no representa una solución definitiva ya que esas plazas extras que abren en los meses de invierno, finalizan cuando acaba el frío. Además, muchos de ellos no quieren perder el sitio donde permanecen y piden limosna.

Todo esto abre la puerta a mucha gente a pensar o mirar mal a la persona que ven taparse con un cartón al raso de la noche, acompañados de comentarios tipo “que hubiera estudiado” o “solo quiere vivir de pedir”.

Si abrimos un poco la mente e intentamos empatizar y dejar atrás cualquier tipo de clasismo, sabremos que sobrevivir, cada vez es más difícil. Empecemos por entender que no todos partimos en la carrera de la vida desde la línea de salida. Según tus recursos, la economía familiar en la que te encuentras, incluso el país en el que naces, hace que estés más cerca o más alejado de esa línea. Pero ninguno de estos recursos, que te pueden ayudar al nacer, te aseguran una vida con la misma suerte.

En 2013 ya habían cambiado los datos: uno de cada cuatro indigentes tienen estudios superiores, sube la proporción de españoles en mendicidad y buscan un medio para poder ganarse la vida, según los estudios municipales [2].

Estos datos son de hace ocho años, sin contar con comercios que hayan tenido que cerrar por una pandemia sanitaria mundial. En esta situación en la que los ciudadanos cada vez tienen que trabajar más, los estudiantes tienen más difícil encontrar trabajo, una competencia mayor por un salario menor, los pisos por las nubes y casi sin ayudas…. ¿Quién nos asegura no ser el próximo titular de prensa de “mendigo muerto en la calle”?

El carnet de mendigo

 <<Sevilla es amparo de pobres y refugio de dechados, que en su grandeza no sólo caben los pequeños, pero no se echa de ver los grandes>>

Miguel de Cervantes

El mejor ejemplo de esta realidad está en Sevilla, en el s.XVI:

“La caridad estaba institucionalizada de tal forma que la sociedad asumía perfectamente la carga que suponía el mantenimiento de los pobres mediante una amplia gama de procedimientos. Aquellos que no podían trabajar por razones de enfermedad, edad o mutilación tenían el derecho de pedir limosna, constituyendo una clase de mendicidad reconocida y socialmente bien vista, que contaba con el beneplácito del párroco local para pedir en la población y en seis leguas a la redonda. Los ciegos son un grupo especial, recibiendo el respeto social y acompañados generalmente de una guitarra. Abundaban también los falsos mendigos, el estadio más bajo de la práctica picaresca junto con los falsos peregrinos. Simulaban enfermedades o heridas y tanto más ganaban cuanta más pena podían dar. Su ámbito de actuación fundamental eran los paseos y las iglesias”, (De pícaros, mendigos y malas mujeres, s.f.) [3]

Debido a las malas cosechas, y sus consiguientes hambrunas y endemias, se fomentó la miseria y la existencia de un submundo de mendigos. Eran tan numerosos en Sevilla que, en 1597, se expidieron 231 licencias que permitieran practicar la mendicidad solamente a un número de personas [3].

Esto nos demuestra que la mendicidad siempre ha sido un problema de clasismo. En el texto se habla de una «mendicidad bien vista socialmente». Parece que, incluso sin un trozo de pan que llevarte a la boca, hay que guardar las apariencias. 

 

[1] Dani Duch. Muere un hombre sin hogar a causa del frío y otro sepultado por la nieve en Zarzalejo. La Vanguardia. 09 de enero de 2021.

[2] Mario Toledo. Los nuevos sin techo de Madrid de la clase media, están formados y hay más españoles. 20 minutos. 22 de abril de 2013.

[3] Los bajos fondos en la Sevilla del s.XVI. De pícaros, mendigos y malas mujeres. Alma mater hispalense.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Isa M. Almoguera

Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Nebrija. Ha trabajado para los distintos medios de Intereconomía radio, La Fábrica Deportiva, Público.tv y TVE. Actualmente estudiando el Máster de Reporterismo y Periodismo de Investigación por el Instituto TRACOR.
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2 thoughts on “Filomena no mata, la mendicidad sí

  1. La limosna es insuficiente. El “sienta un pobre a tu mesa” es una manifestación clara de hipocresia. Menos caridad y mas solidaridad

  2. Cada vez lo haces mejor. Tu artículo refleja perfectamente la dureza de vivir en la calle, las miradas de superioridad que estas personas deben soportar y las múltiples aristas de un problema que comienza a ser un mal endémico de nuestras sociedades hiperindividualizadas. Fantástico.

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