Fragmentos de la victoria de Isabel Díaz Ayuso

David Del Pino

La esperada victoria de la candidata del Partido Popular Isabel Díaz Ayuso se corresponde con el séptimo e inexistente episodio de la miniserie Years and Years que encontramos en HBO. En la serie británica de Russell T. Davies para la ‘BBC’ se siguen de cerca los pasos de la ajetreada familia Lyon ubicada en Manchester. La trama y el desarrollo de los personajes parten de nuestro presente más inmediato hasta alcanzar durante los siguientes 15 años su eclosión. Durante los 15 años que transcurren desde el primer episodio de la serie hasta el último, la familia Lyon se ve conmocionada y envuelta en el ascenso de una realidad cada vez más asfixiante que golpea primero a Reino Unido y después al contexto internacional. En esos años, y a través de la vida de sus principales personajes, nos hacemos cargo de la transcendencia de situaciones históricas explosivas e inestables que generan irremisiblemente transformaciones en todos los frentes: económico, social, cultural y tecnológico. Lo relevante, y es justamente lo que vincula a Years and Years con otras afamadas series como Black Mirror, es su carácter distópico pero incluso tangencial, alcanzable y pensable en nuestro día a día.

A lo largo de los 15 años que transcurren en la trama, comienzan a aparecer situaciones entendidas en primera instancia como rocambolescas pero que poco a poco serán abrazadas y aceptadas. Si en un primer momento se observa con extrañeza el ascenso de formaciones políticas aislacionistas, xenófobas y claramente postfascistas, posteriormente y tras caminar un suelo tembloroso y gnóstico, se alzaran con el timón de mando de Reino Unido; si en un comienzo se asiste con asombro y perplejidad a las reacciones mundiales contra los inmigrantes, tras un trabajo de goteo termina penetrando en las disposiciones personales aceptando como inevitable y positivo un trato agresivo frente a los que tienen menos que tú y huyen de situaciones de verdadera miseria. La moraleja de lo presentado se halla en las palabras de la guía espiritual y verdadera matriarca de la familia Lyon cuando dictamina que todo lo que se ha aceptado y, por ende, construido, es debido a la unión de cinismo, apatía, insolidaridad y aceptación de lo dado mientras a mí no me suceda o, en otras palabras que nos acercan al modelo de Ayuso, un sálvese quien pueda: “This is the world we built. Congratulations cheers all”.

Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid

La aplastante victoria de Díaz Ayuso se entiende mejor si seguimos la lógica de lo presentado. No estaríamos hablando de una victoria tan apabullante por la que Díaz Ayuso no solo se ha hecho con el caladero de votos de Cs, o ha recibido el apoyo de ciudadanos vinculados a las filas socialistas, o ha sacado de la abstención y la indiferencia y apatía política a colectivos jóvenes y no tan jóvenes que permanecían despolitizados, si el PP no hubiera gobernado durante 25 años la Comunidad de Madrid. En estos días, hemos escuchado, tal vez, hasta la saciedad, que la apuesta de Díaz Ayuso a pesar de ser efectiva, se concentraba en el corto plazo “la superación de la pandemia”, pero que no tenía nada que ofrecer en un recorrido más largo. Si bien es cierto, y si solo quisiéramos circunscribirnos a lo sucedido podríamos pararnos aquí, y continuar la senda del análisis, me parece más interesante comprenderlo desde un plano más matizado. Es una verdad pregonada que la campaña de Ayuso apelaba al deseo que tienen los ciudadanos de superar definitivamente la desgracia de una pandemia que ha generado demasiados descosidos y golpes, y por ello, es perfectamente comprensible la lógica del apoyo electoral en esta clave. Sin embargo, existen dinámicas subterráneas que nos permiten cavar más hondo y discernir lo ocurrido.

En los 25 años del gobierno del PP en la Comunidad de Madrid se han generado dinámicas materiales y simbólicas concentradas en un modelo de ciudad que se tenía que parecer en su cotidianidad a Londres o París. Tener claro un modelo de estas características significó trazar la planificación de una ciudad que respirase en todos sus rincones el principio de atomización individual. La concreción de forjar un individualismo atroz que se impusiera y calase lenta pero hondamente en la cotidianidad de la ciudadanía implicó un plan urbanístico que suprimiera parques, espacios abiertos, calles sin coches, etc. Y así, hacer desaparecer los espacios más proclives para enhebrar abiertamente el encuentro con los otros y crear comunidad. A una ciudad diseñada urbanísticamente para potenciar el individualismo había que añadirle un sistema de privatizaciones y puertas giratorias con el objetivo de ir reduciendo los recovecos del sistema público que después de la Segunda Guerra Mundial estuvo en condiciones de crear solidaridad y comunidad. Un esquema espectralmente diseñado para beneficiar a una minoría que ha visto engrosar sus cuentas personales a través de decisiones políticas, y asistido y perpetrado por una gran mayoría madrileña que ha crecido imbuida en su estructura de experiencia cotidiana con barrios sin parques, colegios concertados, y calles repletas de coches y enormes supermercados. Podemos decir que el modelo del Partido Popular en Madrid durante tantísimos años ha generado una biopolítica o una idea de la vida absolutamente vinculada a los principios de la dama de hierro Margaret Thatcher cuando asumió que la economía era el medio, el objetivo era el alma.

Hasta el momento no hemos mencionado los graves errores cometidos por la izquierda no solo en esta campaña electoral, sino a lo largo de todos estos años. Lo que se ha demostrado, una vez más, es que en política las condiciones objetivas y materiales de la ciudadanía no condicionan el voto en una dirección u otra. La política trata y apela a los deseos y aspiraciones del conjunto. Como ya hemos dicho en más de una ocasión en esta plataforma, el neoliberalismo es un sistema de totalidad eficaz y eficiente de producir placer y goce incluso en los espacios más degradados y lúgubres donde reina la miseria y el sufrimiento. Pero, ¿no hay algo más político que articular el deseo y lo aspiracional? Debería ser algo obvio, pero visto lo visto y a las últimas declaraciones polémicas de Juan Carlos Monedero me remito, hay muchos actores políticos que no lo tienen tan claro. Que Díaz Ayuso haya obtenido unos resultados tan abultados y positivos en feudos de la izquierda como en Puente de Vallecas, se debe, en gran medida, a una combinación de factores: que vivimos bajo el telón de fondo de un sistema que no es mera falsa conciencia sino que es biopolítico o, dicho de una manera más sencilla, el neoliberalismo es un sistema de producir un determinado tipo de existencia y cotidianidad que juega y articula un continuo deseo hacia las mercancías pero que es absorbido y entendido como normal y natural; que el modelo del Partido Popular en Madrid partiendo de la aceptación de este nuevo y novedoso principio existencial o antropológico, diseñó una ciudad parecida a Londres o París proclive a la pululación de lo que hoy es una realidad, cinismo, apatía y un sálvese quien pueda; y, por último, que entendió perfectamente el tiempo del principio de realidad actual que bascula hacia la superación de este virus. Todos estos ingredientes, y algunos otros que nos hemos dejado en el tintero explican la abrumadora y aplastante victoria de Díaz Ayuso.

Entonces, y volviendo a lo comentado al comienzo de este escrito, la imagen de Génova el pasado 4 de Mayo es la constatación de una realidad que se ha articulado en la estructura de experiencia cotidiana de la gran mayoría de la ciudadanía madrileña. Somos conscientes de que a este análisis le faltan otros muchos matices, tal vez comentar que el marco fascismo/democracia no era pertinente aunque es claro y notorio el auge de fuerzas de extrema derecha a lo largo del globo; que la decisión del PSOE de buscar otro candidato para sustituir a Ángel Gabilondo y su revalidación última, así como su inocua oposición al anterior gobierno de la Comunidad de Madrid, fue entendido desfavorablemente por la ciudadanía madrileña; que a pesar de que Mónica García sembrase una esplendida campaña electoral preocupándose por los problemas de los madrileños y las madrileñas desde un marco de responsabilidad y, cosechando un buen resultado electoral erigiéndose como la líder de la oposición no fuera suficiente al mensaje de Ayuso de acabar a corto plazo con el fantasma de la Covid-19. Todos estos motivos, y algunos otros, pueden arrojar luz sobre la victoria de Díaz Ayuso no en el Barrio de Salamanca que era obviamente esperable, sino en los feudos tradicionales de la izquierda.

Siguiendo la línea trazada hasta el momento, la victoria de Ayuso se corresponde con lo dictaminado por el pensador alemán Walter Benjamin para quién todos los gobernantes eran los herederos de quienes vencieron antes que ellos. Según Benjamin, esta continuación histórica se hallaba más manifiestamente clara en la historia cultural que exhibe sus despojos como tesoros culturales. Estos «tesoros culturales» se corresponden con la conformación de una atmósfera opresiva que ha ahogado toda idea de comunidad alejada de la rapacidad de estructuras que generan desigualdad, desintegra la solidaridad y para la que el cinismo y el mirar a otro lado es su propia raison d’être.

Cuando Walter Benjamin se interesaba en trazar un conocimiento claro de las capas de la realidad fenoménica por dimensionar la prehistoria de la modernidad se interesó por lo fragmentario o lo primeramente insignificante. De esta manera, apelando a esta idea de Benjamin según la cual podemos comprender las razones del colectivo en lo fragmentario o irrisorio, la victoria de Díaz Ayuso queda perfectamente ejemplificada en una imagen experimentada en primera persona por la que en un bar del Barrio de Salamanca clientes y trabajadores se abrazaban y reían por la victoria de la candidata del Partido Popular.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

David Del Pino

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente, estudiante de doctorado en la sección departamental de Sociología Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid.
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