Hacia una economía circular

Primer paso: extraer. Segundo paso: usar. Tercer paso: consumir. Cuarto paso: tirar. Este es el sistema económico actual en el que se fundamenta nuestro modelo de crecimiento. Un arquetipo que conlleva una sobreexplotación de los recursos naturales que origina una presión elevada sobre el medio ambiente y cuyos efectos más evidentes son el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Según las mediciones de Naciones Unidas, la población global aumentará hasta alcanzar los 9.100 millones de personas en 2050. Este crecimiento poblacional se concentrará en Asia, África, Latinoamérica y el Caribe, mientras que en Europa la población disminuirá y en América del Norte se estancará [1]. El 68% de esa población vivirá en zonas urbanas en 2050, estando la mitad de ellas aún sin construir.

Con esas cifras de estimación, harían falta casi tres planetas Tierra para proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener los modos de vida actuales para dicho año. Es en este contexto de aumento de la demanda, junto con un acceso a los recursos cada vez más reducido, donde se vuelve imprescindible cambiar hacia un modelo económico más productivo y solidario.

El patrón económico actual, denominado economía lineal e implantado desde la Revolución Industrial, implica una serie de impactos sobre los recursos naturales y los ecosistemas. Unas afecciones que empeoran por unos hábitos de consumo cada vez más asociados a “la moda rápida”, es decir, a la renovación de los bienes que no agotan el ciclo de vida útil que tiene el producto, como puede suceder con la ropa o con los dispositivos electrónicos. Un modelo en el que, tras la utilización de los recursos naturales y transformarlos para su consumo, los productos acaban en los vertederos como residuos.

El medio ambiente y la economía son dos campos interdependientes puesto que nuestra sociedad se nutre de un flujo constante de materias primas para la transformación de productos, bienes y servicios que nos proporcionan desde la alimentación, infraestructuras, agua, energía, vivienda o vestimenta, hasta dispositivos de movilidad, comunicaciones o sistemas para compartir información.

Sin embargo, el sistema de extraer>producir>consumir>tirar conlleva numerosos problemas medioambientales a los que nos estamos enfrentando hoy en día: la sobreexplotación de los recursos renovables, del aire, del agua y del suelo, que generan episodios de contaminación y la pérdida de biodiversidad; los residuos que cosechamos, que continúan acumulándose sin reutilizarse y que supone la emisión de gases de efecto invernadero; y el uso intensivo de recursos no renovables prácticamente agotados, como el petróleo, y que conlleva la búsqueda de otros recursos que pueden generar nuevos impactos ambientales. Por ello, se hace indispensable reducir la contaminación y la emisión de gases de efecto invernadero para proteger los ecosistemas de los que dependemos.

La actividad humana ha causado un grave daño al medio ambiente y, debido a este impacto, se han firmado tres acuerdos históricos en los últimos años. A saber: el Acuerdo de París de 2015 sobre el cambio climático, la Agenda 2030, acordada en 2015, para el desarrollo sostenible y la Declaración Ministerial de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Hacia un planeta sin contaminación, acordada en diciembre de 2017 en Nairobi.

Oso polar afectado por el cambio climático. Fuente: Creative Commons

Frente a la insostenibilidad de la economía lineal, surge la conocida economía circular. Un nuevo enfoque que permite optimizar la utilización de los recursos, materias, productos y servicios durante el mayor tiempo posible y que reduce la contaminación y la generación de residuos.

La economía circular es un modelo de producción que sustituye el concepto de caducidad por el de conservación, prioriza el uso de energías renovables, elimina los productos químicos que destruyen la biosfera y busca la reutilización de los residuos para obtener materiales, productos y nuevos modelos de negocio. La implantación de este modelo, que es el que ha adoptado el Gobierno de España, es clave para frenar los efectos de la actividad humana, como puede ser el cambio climático. Aunque en términos de impacto ambiental nuestro país es menos dañino que países como Australia, Alemania, Francia o Reino Unido. Pero España no es una excepción y debe acometer esta transición hacia un modelo más sostenible. De hecho, según datos de Eurostat, España generó 129 millones de toneladas de residuos en 2016, el 5% de los 2.538 millones de toneladas que generó la Unión Europea en el mismo año. Del total de esos residuos producidos por nuestro país, sólo el 37,09% fueron reciclados [2].

Este arquetipo económico no solo va destinado a frenar el impacto medioambiental, sino a generar nuevos puestos de trabajo tras la evolución a una economía verde. La transformación del modelo generaría empleo en sectores de servicios del agua, gestión y tratamiento de residuos, producción de energías renovables, gestión de espacios naturales protegidos y de zonas forestales, servicios ambientales a empresas y entidades, educación e información ambiental y agricultura y ganaderías ecológicas. 

ESPAÑA CIRCULAR 2030

Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, España necesita más de dos veces y media su superficie para satisfacer las necesidades de nuestro modelo económico. La dependencia del exterior y los daños ambientales que genera este arquetipo económico en la huella ecológica -el indicador de sostenibilidad sobre el impacto medioambiental que genera un habitante- instan a llevar cabo una búsqueda de soluciones integrales en las que estén involucrados todos los actores del Estado: el sector público, el privado, los consumidores, los vendedores, etc., para tener una economía menos vulnerable y más competitiva.

El Gobierno de España ha elaborado la Estrategia Española de Economía Circular, España Circular 2030, una hoja de ruta con la que repensar la economía, la sociedad y la relación con el medioambiente, con el objetivo de sentar las bases para impulsar un nuevo modelo de producción y consumo en el que el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantengan en la economía durante el mayor tiempo posible y se reduzcan la generación de residuos.

Se trata de una estrategia que se realizará a través de planes de acción trienales y que se marca una serie de objetivos para el año 2030:

  1. Reducir en un 30% el consumo nacional de materiales en relación con el PIB, tomando como año de referencia el 2010.
  2. Reducir la emisión de gases de efecto invernadero por debajo de los 10 millones de toneladas de CO2
  3. Reducir la generación de residuos un 15% respecto de lo generado en 2010.
  4. Mejorar un 10% la eficiencia en el uso del agua.
  5. Reducir la generación de residuos de alimentos en toda la cadena alimentaria: 50% de reducción per cápita a nivel de hogar y consumo minorista y un 20% en las cadenas de producción y suministro a partir del año 2020.
  6. Incrementar la reutilización y preparación para la reutilización hasta llegar al 10% de los residuos municipales generados [3].
ESPAÑA Y LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE DE LA ONU

Según datos de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible, SDSN por sus siglas en inglés, uno de los encargados de examinar los 17 objetivos que se marcaron los países miembros de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible y que mide el progreso de estos objetivos, España ocuparía la vigesimosegunda posición de un total de 193 países, con 78,11 puntos sobre 100. Suecia ocuparía la primera posición (84,72 puntos), seguida de Dinamarca (84,56 puntos) y Finlandia (83,77 puntos) [4]. 

El mismo informe asegura que nuestro país estaría estancado en cuanto a los objetivos que se marcaron para garantizar un desarrollo respetuoso con el planeta y con el conjunto de especies que habitan en él. En este sentido, España suspende en términos de pobreza, de acción por el clima y de producción y consumo. Por otro lado, indicadores como la educación, la buena salud, el agua potable y su saneamiento, revelan que nuestro país está en la senda de mejora. 

Notas

[1] Organización de las Naciones Unidas (ONU), Departamento de Economía y Asuntos Sociales: División demográfica, World Population Prospects: The 2017 Revision, Volume II: Demographic Profiles: 2017 ST/ESA/SER.A/400. Recuperado de https://population.un.org/wpp/Publications/Files/WPP2017_Volume-II-Demographic-Profiles.pdf

[2] Eurostat, Serie de datos sobre Treatment of waste by waste category, hazardousness and waste management operations. Recuperado de https://appsso.eurostat.ec.europa.eu/nui/show.do?dataset=env_wastrt&lang=en

[3] Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. (2019). España Circular 2030. Estrategia Española de Economía Circular. Recuperado de https://www.miteco.gob.es/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/temas/economia-circular/espanacircular2030_def1_tcm30-509532.PDF

[4] SDSN. (2020). Ranking 17 ODS ONU. Recuperado de https://dashboards.sdgindex.org/rankings


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