Homenajeando el arte con vestidos

“Cada una de mis prendas nace de un gesto.
Un vestido que no refleja o no hace pensar
en un gesto, no es acertado. Sólo después de
haber encontrado ese gesto, se puede
elegir el color, la forma definitiva.”
(Yves Saint Laurent)

Moda. La Real Academia Española define la moda como “uso, modo o costumbre que está en boga durante algún tiempo, o en determinado país, con especialidad en los trajes, telas y adornos, principalmente los recién introducidos” [1] a la hora de definir el arte lo hará de la siguiente forma “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros” [2]. Sumergiéndonos más sobre ambos conceptos vemos cómo Jorge Lozano en Moda: el poder de las apariencias nos muestra el origen de la moda: “viene del latín modus, es decir, modo, medida, moderación y también manera, en francés façon origen del fashion en inglés. El prefijo mod- la relaciona con modernidad, como quería Baudelaire. Moda y moderno coinciden en dar la máxima relevancia a lo bueno”. Por su lado, arte viene del latín ars, artis y se refiere a una obra o trabajo que expresa creatividad. El prefijo ar– hace relevancia a ajustar, hacer o colocar. Concluiremos con que el arte es moda, y la moda es arte yendo ambas de la mano desde el inicio de la propia obra.

Arte y moda en tanto que creación y creatividad son cultura. La cultura además de los rasgos que definen una sociedad o una época es el objeto semiótico por excelencia, siendo cualquier cuestión u objeto relativo a ella un espacio semiótico a estudiar, podríamos ver, así como “la transmisión de información en el interior de una «estructura sin memoria», como la llama Lotman, garantiza ciertamente un alto grado de identidad. Si emisor y destinatario estuvieran dotados de códigos iguales y totalmente exentos de memoria la comprensión entre ellos sería perfecta, pero el valor de la información transmitida sería mínimo y la misma información rigurosamente limitada. La comunicación normal, y aún más el normal funcionamiento de la lengua, lleva implícita – como sostiene Lotman – el supuesto de una no identidad de partida entre el hablante y el oyente” [3]. Será con esta transmisión informativa que llegaremos a encontrar el sentido del fenómeno cultural que queremos estudiar, de este modo, los diferentes autores que tratan el ámbito semiótico reflejan la importancia de los signos, los códigos y los lenguajes que determinan una cultura. Breve mención a los tres tipos de lenguajes que asimila una cultura: naturales -la base de todos los lenguajes, códigos y subcódigos que dan forma a una cultura-; artificiales -formados a través de códigos-, y secundarios -crea otro tipo de lenguaje utilizando el lenguaje natural-.

“Cualquier texto capaz de significar será visto como un texto y abordado en su estudio desde un punto de vista lingüístico.”
Roland Barthes

Todo lenguaje es capaz de crear otro tipo de lenguaje -secundario-, influyendo por ende en su creación y su significado. Un momento profundamente semiótico en esta “traducción” es dado en la frontera -semiosfera semiótica-, aquel lugar lleno de información en el que un texto es dotado de su significación. “La semiosfera es atravesada muchas veces por fronteras internas que especializan los sectores de la misma desde el punto de vista semiótico. La transmisión de información a través de esas fronteras, el juego entre diferentes estructuras y subestructuras, las ininterrumpidas «irrupciones» semióticas orientadas de tal o cual estructura en un «territorio» «ajeno», determinan generaciones de sentido, el surgimiento de nueva información” [4]. Así como todo cambia, todo vuelve -modificado, pero vuelve- y este concepto se ve claramente en la moda –lo fashion –.

Si tomamos como objeto de estudio al diseñador Yves Saint Laurent veremos cómo muchas de sus piezas son representaciones de obras artísticas. Yves Saint Laurent y Pierre Bergé tenían una íntima relación con el arte y como ellos mismos decían: “la moda no es arte pero necesita los artistas como horizonte cultural”. Si echamos un vistazo a las colecciones del diseñador veremos cómo ha tejido una relación entre el tejido y las obras artísticas jugando con los elementos más característicos de las obras de Picasso en los años setenta, con los estampados de Henri Matisse en los ochenta, o inspirándose en el precursor del Cubismo o el Neoplasticismo, Serge Poliakoff. Sin embargo, destacaremos el vestido con el que Yves Saint Laurent homenajeó a Piet Mondrian.

Dicho vestido no es un simple diálogo entre textos sino un homenaje del diseñador, un claro ejemplo de dotación de nuevo significado sin la pérdida del anterior, un reconocimiento novedoso. Saint Laurent no introduce el cuadro en el tejido, sino que transforma la pintura en un vestido modificando los cortes geométricos con adecuación. Hablamos de una restructuración del cuadro en sí mismo. Yves Saint Laurent captó los elementos esenciales de la obra del pintor y los introdujo excepcionalmente en la esfera de la moda, dotando al vestido de otros significados. Es por ello que no hablamos de una imitación sino de una reconfiguración, encontrándonos ante la dualidad entre herencia y variación de la que nos hablaba Simmel, pues dentro del diseño de Yves Saint Laurent podemos reconocer, a parte de la obra de Mondrian, el significado que este tenía de su época, además de dotarlo de nuevos significados impuestos por el diseñador como querer dotar de movimiento a las mujeres en la época de los años sesenta, treinta años más tarde. En otras palabras, podríamos decir que se ha producido un traspaso de los sentimientos y la sensibilidad de Mondrian dando significado al cuerpo.

Estos ejemplos amparan las palabras de Lotman cuando decía que “el pasado se deja aferrar en dos manifestaciones: en la memoria directa del tejido, encarnada en su estructura interna, en su inevitable contradicción en la lucha inmanente con el sincronismo interno; y externamente, como correlación con la memoria extratextual. El espectador, colocándose con el pensamiento en aquel -tiempo presente-, es realizado en el tejido […] es como si volviese su propia mirada hacia el pasado, que se condensa como un cono que apoya su punta en el tiempo presente. Volviéndose al futuro, el público se abisma en un haz de posibilidades que no han cumplido con su elección potencial. El desconocimiento del futuro permite atribuir un significado a todo” [5].

Sin olvidar que los textos tienen memoria y, por ende, el vestido y las obras de arte, como textos que son, también la tienen e integran la historia incorporándola un nuevo significado. Recordamos las palabras de R. Barthes: “lo que está en juego en el vestido es una determinada significación del cuerpo, de la persona. Ya decía Hegel que el vestido hacia significante al cuerpo y, por lo tanto, permitía el paso de lo simplemente sensible a la significación”.

Notas

[1]https://www.rae.es/drae2001/moda
[2]https://www.rae.es/drae2001/arte
[3] Lozano, J. (1998). “La semiosfera y la teoría de la cultura”, publicado en Revista de Occidente, disponible en: https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero8/lozano.htm
[4] Lotman, I. (1996). “La semiosfera I. Semiótica de la cultura y del texto”, pag. 17 Ediciones Cátedra, Navalcarnero (Madrid), disponible en: http://culturaspopulares.org/populares/documentosdiplomado/I.%20Lotman%20-%20Semiosfera%20I.pdf
[5] Cita extraída a través de la Revista de Occidente, Nº 366, Lozano, J “Fortuny: el pliegue y el laberinto” pág. 179

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Ana Sánchez-Bayo

Graduada en Ciencias Políticas y con un máster en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en entornos multiculturales tanto en el ámbito público como en el privado.
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