Interpretaciones (des)informativas

Imágenes. Símbolos. Palabras. Argumentos. Juicios. Noticias. Datos. En definitiva, INFORMACIÓN.

Nos encontramos inmersos en la sociedad de la información, o mejor dicho de la (sobre)información; quizás sería interesante decir que también nos encontramos en la sociedad de la exposición y, por supuesto, de la (sobre)exposición. También vivimos la sociedad del instante, incluso del instante anterior y del posterior…Vivimos tan intensamente a través de la información, que a veces cabe preguntarnos: que ha pasado con el ¿qué?, el ¿cuándo?, o el ¿cómo? Parece que todas las preguntas pertinentes acaban resumidas en un único código: la importancia del dato en el momento presente.

Y, qué pasa con la información restante cuando se comunica, -porque se comunica- ¿quién lo hace?, ¿cuál es su momento? El mundo de la información ha evolucionado enormemente y a la par que las preguntas se condensan también se expanden; las respuestas ya no son tan claras, incluso dejan en evidencia el rigor informativo, periodístico…y sí nos planteamos la siguiente hipótesis ¿influye el carácter de la organización en los informativos en cuanto a contenido y forma?’

Sería interesante estudiar los elementos televisivos, el lenguaje y la imagen de la televisión. En el análisis del discurso vemos cómo las estructuras narrativas se encuentran dentro de la narrativa audiovisual -ese catálogo de recursos expresivos y narrativos- y como diría el profesor Gómez Tarín “no debemos olvidarnos que las interpretaciones son diferentes aunque el periodista intente dar una información veraz y objetiva” pues como dijo Nietzsche “no hay una interpretación correcta”. Un texto puede ser interpretado por diferentes personas y formas, y si a esto le sumamos el recurso videográfico, sumando imágenes a las metáforas y metonimias que conforman el discurso, las interpretaciones aumentan. En su momento Sartori anunció que el vídeo está transformando al homo sapiens en el homo videns.

Dentro del periodismo debemos tener en cuenta varios aspectos, más o menos técnicos, que son útiles a la hora de informar y revelar información a los oyentes de manera eficaz, sin olvidar que el lenguaje audiovisual informa sobre la realidad. Por ello, es igual de importante la manera de informar que la forma en que pueda interpretarse dicha información. La interpretación, como indica Gómez Tarín, se basa en el principio de la indeterminación, el cual se da por partida doble, a través de la constatación de la necesidad de interpretar y por la contradicción inherente a la imposibilidad de dar una verdad cierta a las conclusiones alcanzadas.

La televisión se presentó como una ‘ventana al mundo’ a través de la cual se nos informaba instantáneamente de los acontecimientos nacionales e internacionales. Al igual que los investigadores ven en ella uno de los medios más estimulantes debido a su evolución, su desarrollo ha sido abismal, y es que invierte lo inteligible llegando a atrofiar nuestra capacidad de entendimiento, en palabras de Sartori “un medio para ‘tele-dirigir’ a la gente”.

En los últimos años se ha consolidado una nueva concepción de la información ayudando a la transformación de la situación del mercado televisivo. Así como ha cambiado la información también lo han hecho los criterios que utilizan las cadenas para presentar los temas más relevantes e importantes de una manera real y veraz, quizá sea aquí el momento de nombrar a Nietzsche cuando decía que “la verdad es un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en una palabra, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas, adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, a un pueblo le parecen fijas, canónicas, obligatorias: las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son, metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su imagen y que ahora ya no se consideran como monedas, sino como metal.” Ese ‘metal’ del que nos habla Nietzsche puede referirse tanto a los nuevos contenidos de los noticiarios como al tiempo de emisión, haciendo un llamamiento a la competitividad y a la audiencia.

Por otro lado, y como anunciaban las autoras González y Barceló, con la aparición del directo ha cambiado la concepción informativa. Esta trata, ahora, de presentar historias en las que los espectadores se sientan testigos y protagonistas de los hechos; de esta manera podríamos decir que el telediario produce más que representa el sentido de la realidad informativa. Se dice de este modo, que los factores coyunturales de los informativos -en cuanto a estructura y contenido- se encuentran bajo determinados intereses económicos, ideológicos y empresariales que trastocan el conocimiento de la realidad. Font comentaba que “los telediarios han cambiado mucho desde sus orígenes, pasando de ser correctos y racionales a llamativos y emocionales, porque su información ‘se dirige más a la afectividad de los receptores que a la razón, invoca un pensamiento mágico antes que un pensamiento lógico.” El sensacionalismo y la espectacularidad ganan peso ante la veracidad y la moralidad de los antiguos informativos.

“El televidente no quiere comprometerse, sólo desea ser parte de lo que acontece. Su compromiso implicaría su adhesión activa, mientras que la mera participación sólo implica su empatía, a la vez que su despego con los hechos” (Gremm, 1987)

Ya no sirve únicamente informar sino captar audiencia, “el público ya no es tan sólo un sujeto al que se debe educar, sino un cliente al que debe conquistarse” (Sorrentino). Para ello, es necesario analizar las demandas del periodismo actual y la utilidad que ofrecen las herramientas con las que los profesionales han contado hasta ahora y emplearlas de la manera más eficaz. En definitiva y como anunciaba Sartre “hay que aprender a hablar en imágenes, a trasladar las ideas de nuestros libros a nuevos lenguajes”.

Como respuesta a la hipótesis principal podemos decir SÍ. El carácter de la organización influye en el contenido de la información. Sin embargo, no debemos olvidar al semiólogo Umberto Eco cuando decía que “La civilización solo se salvará si hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión crítica y no una invitación a la hipnosis”.

Pero ¿cómo se salvará la información en la televisión?

 

Gómez Tarín, (2010). “El análisis de textos audiovisuales”, disponibles en:  http://www.shangrilaediciones.com/Materiales3-El-Analisis-TextosAudiovisuales.pdf
González y Barceló, (2009), “La Televisión: Estrategia audiovisual”, Fragua.
Mayoral, (2013), “Redacción periodística: medios, géneros y formatos.”
Sartori, G. (2002), “Homo videns: La sociedad teledirigida”, Taurus.
Nietzsche, (1988), “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.”
Umberto Eco, (1995), “Apocalípticos e integrados”, Tusquets

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Ana Sánchez-Bayo

Graduada en Ciencias Políticas y con un máster en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en entornos multiculturales tanto en el ámbito público como en el privado.
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2 thoughts on “Interpretaciones (des)informativas

  1. ¿No cree usted que esta batalla está perdida? Si hay un 4° Reich ese vendrá impuesto por unas circustancias históricas en las que el uso de la televisión, radio y prensa tendrán un papel predominante en la conquista de las voluntades. Ha empezado hace tiempo y solo está a la espera del momento en el que se disparen los acontecimientos, es mi opinión inspirada en la deriva de los tiempos. Un saludo.

    1. Muchas gracias por tu comentario y tu pregunta José Luis. Me gustaría creer que todavía no está perdida y que habiendo información e invitación a la reflexión siempre hay esperenza. Un saludo.

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