Ir a clase es cosa de hombres

La seguridad para la vuelta al cole este año ha generado mucha controversia.

En Israel 16.000 alumnos y profesores estuvieron en cuarentena el pasado mes de junio. Para evitar esta situación durante este curso escolar, las autoridades por representantes de las comunidades heredíes (ultraortodoxas) han propuesto que para poder mantener la distancia de seguridad recomendada por la OMS, sean los varones lo que acudan a clase mientras que las niñas permanezcan en casa.

Los barrios ultraortodoxos son los más afectados por el virus, pese a ser alrededor de un 12 % de la población israelí. Esto se debe a las fiestas religiosas, misas o funerales, a los que los creyentes acuden sin mascarillas y sin respetar el protocolo de seguridad.

Pese a ser un problema de cumplimiento de las normativas de seguridad del país, no se plantean controlar el aforo en las celebraciones religiosas o el uso de la mascarilla, pero sí que una generación de niñas crezcan sin saber leer ni escribir.

Esta pandemia ha venido y no sabemos cuánto tiempo se va a quedar, pero sí sabemos que, como con todo, los países que podrán desprenderse primero del COVID serán los ricos. Los más avanzados, con una economía más estable y que puedan permitirse comprar vacunas o permanecer en cuarentena más tiempo sin que se derrumbe la economía. Este no es el caso de Israel. Este país tardará más que Europa o Estados Unidos en poder salir a la calle sin riesgo al contagio. En España se está hablando del uso de la mascarilla como mínimo hasta 2023. Como mínimo dos años más. En el resto de países como Israel, siendo positivos, imaginemos cuatro años.

Cuatro años sin que esas niñas puedan ejercer su derecho a la educación. Cuatro generaciones de niñas que están abocadas a ser dependientes de su padre, su hermano o su marido. De no tener ni la oportunidad de salir ellas solas al mundo. De poder escribir unas líneas de sus pensamientos o poder hacer una suma sencilla.

 

 

Hay millones de niñas que no pueden asistir a clases por pobreza, por religión o porque la cultura de su nación todavía está anclado en la época de las cavernas y las mujeres solo sirven como moneda de cambio para casarlas a los cuatro años con un anciano de 60. Y ahora, con la excusa de una pandemia sanitaria, el número de niñas que están condenadas a la ignorancia y a la dependencia económica únicamente por el azar de nacer en un sitio u en otro, puede seguir aumentando.

Cuando se habla de feminismo y preguntan por qué luchamos, estamos peleando por esto. Porque cada niña pueda tener la opción de educarse, de ser independiente y de crecer. Porque el feminismo no soy solo yo, tu madre o tu hija. Es la lucha de la libertad de todas las mujeres de este planeta. Independientemente de su religión o lugar de origen.

 

 

 


Isa M. Almoguera

Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Nebrija. Ha trabajado para los distintos medios de Intereconomía radio, La Fábrica Deportiva, Público.tv y TVE. Actualmente estudiando el Máster de Reporterismo y Periodismo de Investigación por el Instituto TRACOR.
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