La atenta mirada de Foucault ante la excepcionalidad de la Covid-19

El tratado de Westfalia de 1648 se soliviantó poniendo fin a la vida disoluta de la Casa de Austria y, con ello, la pérdida de la hegemonía española iniciada con los Reyes Católicos. Desde entonces, se buscará incluso hasta en la actualidad, una condición arcádica e imperial mancillada por heréticos confabuladores. Dicho tropiezo histórico, abrió una fosa séptica de orondos desajustes temporales que anegaba cualquier posibilidad de exonerar males endémicos.

El desarrollo de vericuetos perdidos transitados por las élites españolas se consumó como un óbice tanto para homologarnos con los ritmos europeos, algo que en el presente observamos cuán grave fue; como para un normal desarrollo de espacios limítrofes entre los representantes de una soberanía caracterizada por sus opíparas comidas en palacios y castillos, y un pueblo, el español, que vivía en condiciones inasibles. Tal es el caso, que Ortega ante el páramo ideológico consumado después del desastre de 1898, estuvo presto en admitir que la anormalidad de la historia de España había sido permanente para obedecer a causas eventuales. Así, calificó la historia de España de apócrifa, aunque eso no le impidió defender la causa de Primo de Rivera.

Ortega se topó con la prosaica aspereza del retrasado reloj histórico español respecto a los países de nuestro entorno. De una forma muy sagaz, profundizó sistemáticamente en las condiciones externas e internas que estuvieran en condiciones de amainar el adocenamiento social que respiraba un país desvencijado por sus quimeras pasadas. El objetivo de su invectiva consistía en conformar un partido liberal que, tras su periplo de estudios en Alemania, era semejante a los círculos neokantianos socialistas de la época en la línea de Kant y Fitche.

Para Ortega, el conocimiento de estos círculos, así como el intensivo estudio de la obra de Max Weber, le proporcionó las herramientas adecuadas para tirar abajo el edificio de la Restauración, y buscar la modernización de España, que debía ser concitada por una enérgica burguesía. Sin embargo, este programa pronto se convirtió en un compendio de fastuosas ideas, desechándolas con la esperanza de erigirse como el pastor intelectual que dirigiera el rebaño de la rebelión de las masas.

Más allá de esta algarada de movimientos, lo relevante para Ortega y que no es baldío en nuestro presente, es que desde la aceptación del Concilio de Trento por Felipe II como respuesta a la Reforma protestante, y la concreción de un programa dogmático que laceró todo contacto con el humanismo de la época, condujo a España a una decadencia de la que, tal vez un tanto apesadumbrados, consideramos que seguimos padeciendo.

Asimismo, en un presente oscuro asolado por una pandemia mundial que ha recrudecido su golpe sobre países que fueron extirpando pistones del motor de lo público, debería atestarnos a traer a colación interesantes debates intelectuales que se están dando en Francia e Italia y que nos servirán de subterfugio para volver a conectar con el sueño europeo que Ortega tenía para España y que, como consecuencia de su engreimiento personal, además del miedo a las masas, terminó por arruinar.

En este caso, la obra de Michel Foucault es el epítome perfecto de los movimientos teóricos que referimos. Las extraordinarias medias de control y la imposición de la excepcionalidad proferida por los estados de alarma, han conformado un clima de revival de algunas vicisitudes, que por cierto, nunca habían sido olvidadas, de Foucault. Conceptos tales como control disciplinario, gubernamentalidad, biopolítica o biopoder, vuelven a extenderse y a conformar las líneas intelectuales de algunas personalidades relevantes.

Decir que la recepción de los trabajos de Foucault se concentró en el Reino Unido alrededor de la gubernamentalidad destacando a Nikolas Rose; y la recepción italiana basada en el biopoder con Giorgio Agamben, Roberto Esposito, y Antonio Negri. Grosso modo una de las nociones más importantes que reivindicaran estos autores, y que en estos compases de pandemia ha recobrado un significado mayor, es el concepto de población. Tras una serie de pasos históricos, Foucault concluye que en el siglo XX entendemos la noción de población desde una óptica según la cual el cuerpo humano queda registrado en términos estadísticos, pasando así, de un poder soberano típicamente concentrado en los regímenes disciplinarios de la Modernidad en el individuo, a un estudio de las poblaciones como totalidad.

Así llegamos a su curso del Collège de France (1975-1976) titulado Il faut défendre la société (Hay que defender la sociedad) donde sustituye el concepto de sociedad por el de población, contraponiendo también biopoder con poder soberano. En definitiva, la tesis de este curso consistirá en la estatalización de los cuerpos. El Estado se hace cargo mediante la seguridad social de la medicalización de la sociedad. Lo más relevante de este curso, y con esto ya conectamos con el presente, aunque ya deberíamos haber observado el hilito que conecta con nuestra realidad más inmediata, es que al Estado no le preocupa la muerte individual, su preocupación es la de conformar una población saludable que le permita concretar regulaciones mercantiles loables y, de estar rápidamente colocado en la posición de arreglar los desmanes cuando se produzcan. Por lo tanto, los datos estadísticos de una población se confirman relevantes. Algo a lo que creo que nos hemos acostumbrado a observar súbitamente en la crisis de la Covid-19.

Las atrabiliarias medidas acordadas por los Estados en pro de atajar las graves consecuencias sanitarias y económicas causadas por la pandemia que nos asola globalmente,  han resucitado conceptos foucaultianos que aún seguían circulando. Sobre todo los que tienen que ver con el estudio del neoliberalismo. El profesor emérito de la Universidad de Montpellier, Jacques Gleyse, refleja en su artículo Carcéralités: de l’enfermement et du contrôle disciplinaire sanitaire en temps de Covid-19 que las medidas para paliar las graves consecuencias de la pandemia reflejan la cuestión problemática de la libertad y la seguridad. Respondiendo contundentemente que: “Si bien ciertas reglas que han sido adoptadas son necesarias para combatir la epidemia, otras corresponden más a un deseo omnipotente de control de la población por parte de un gobierno que a menudo navega a la vista” [1]

Sin embargo, el grueso de nuestras afirmaciones se va a concentrar en Italia y, particularmente, en los pensadores Giorgio Agamben, Diego Fusaro y Paolo Borgognone. Para Agamben, a diferencia de su mentor Michel Foucault, el atolladero intelectual pasaba por desactivar y suspender tanto la soberanía como la biopolítica. Frente al poder de administrar la muerte, los tiempos modernos según Foucault vieron la emergencia progresiva de la comprensión del poder político (institucional, normativo…) insistiendo ahora en la gestión de la vida, en la maximización de su rendimiento. Agamben considera, y esta es la diferencia con Foucault, que se tienen que desactivar ambas. Agamben no entiende que haya existido una sucesión de modelos y, por tanto, una especificidad en la Modernidad. El poder ha sido el mismo, pero bajo diferentes ropajes. Por lo que la máxima del italiano, será la desactivación de los conceptos políticos occidentales, arribando a las tesis conocidas como “impolíticas”.

Desde estas coordenadas teóricas, Agamben se ha convertido en uno de los principales portavoces críticos de las medidas de excepcionalidad desplegadas por el gobierno italiano. Ya el 26 de febrero, en un artículo titulado L’invenzione di un’epidemia, aseguraba la desproporcionalidad de las medidas del estado italiano ante la Covid-19. Según Agamben, estas medidas serían la manifestación palpable del ejercicio del estado de excepción como paradigma normal de gobierno; y, en segundo lugar, manifestaría el estado de miedo que se ha ido difundiendo en los últimos años sobre la conciencia de los individuos y que se traduce en un estado de pánico colectivo, para el que la epidemia ofrece un pretexto ideal de recrudecer las medidas y controlar aún más la libertad en pos de la seguridad: “Así, en un perverso circulo vicioso, la limitación de la libertad impuesta por el Gobierno es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por el mismo Gobierno que ahora interviene para satisfacerlo”[2]

En consecuencia, Agamben ha visto en las medidas de excepcionalidad y de control gubernamental el fin del mondo tal y como lo habíamos conocido. El pensador italiano considera, que si las élites que tras jornadas luctuosas manejan los hilos del mundo, han tomado la decisión de imponer medidas y dispositivos extremos como la bioseguridad y el terror sanitario, es porque temían no tener otra elección para sobrevivir y mantener las riendas de la locomotora. Lo dicho está perfectamente recogido en el artículo del 23 de noviembre titulado Sul tempo che viene [3].

En la misma línea que Agamben, reconocida por él mismo, el filósofo Diego Fusaro, mantiene que la extrema situación de la que estamos siendo testigos consistiría en un preciso método de gobierno por el que se gobierna a través de la emergencia, ya que mediante el temor y la emergencia se pueden hacer pasar como defectibles preceptos que en situaciones de “normalidad” hubieran sido rechazados.

Diego Fusaro es un joven filósofo italiano enormemente conocido por sus diarias intervenciones en los medios de comunicación. Con pronunciadas y tajantes sentencias, pero educado; y muy radical en sus planteamientos, pero conjugados de forma sencilla y transversal, se ha hecho un hueco en las tertulias más importantes del país. Frente a unos contertulianos muy circunspectos que obviaban por omisión o desinformación, a los verdaderos responsables de las desastrosas consecuencias en la vida del pueblo italiano después de la última y reciente crisis económica, se presentaba un joven filósofo de la escuela de Costanzo Preve que, combinando una escrupulosa lectura de los clásicos tales como Platón, Aristóteles, Kant, Hegel y, sobre todo, Marx, junto a los pensadores italianos Antonio Gramsci y Pier Paolo Pasolini, se hizo con las riendas de la actualidad.

Parodia de una escena de la película Matrix. Fuente: Facebook de Diego Fusaro.

Autor de obras tan popularizadas como Il nuovo ordine erotico. Elogio dell’amore e della famiglia (2018), Glebalizzazione. La lotta di classe al tempo del populismo (2019) y su último trabajo Difendere che siamo. Le ragioni dell’identità italiana (2020), ha problematizado pormenorizadamente en estos últimos meses si es lícito que para combatir el virus se promulgue una excepcionalidad por la que los individuos no puedan salir de sus casas, o si es lícito la suspensión de una serie de artículos de la Constitución italiana. El riesgo que contempla Fusaro es que las medidas y controles que hemos observado en el tiempo de una emergencia sanitaria, sedimenten y echen raíces en una new normal.

Queremos concluir con una última idea. Este artículo no pretende mostrar el hecho de no tener en cuenta y respetar las reglas sanitarias presentadas científicamente como correctas para paliar el virus, sino plantear y problematizar algunas de las consideraciones que se están debatiendo en algunos países de nuestro entorno alrededor de los conceptos de Foucault. No queremos caer en discursos aberrantes y anti-científicos de los que lamentablemente escuchamos, pero sí cuestionar los límites y posibles derivas autoritarias cuando dejemos atrás la pandemia. Retomando a Jacques Gleyse finalizaremos admitiendo que: “Se tratan más de medidas que nos conducen y acostumbran a una sociedad penitenciaria disciplinaria que de medidas sanitarias, de ahí su impugnación por parte de un gran número de ciudadanos” [4]

 

Notas:

[1] “Si certaines règles qui ont été adoptées sont nécessaires pour lutter contre l’épidémie d’autres correspondent davantage à un désir omnipotent de contrôle des populations par un gouvernement qui souvent navigue à vue” Gleyse, J., “Carcéralités: de l’enfermement et du contrôle disciplinaire sanitaire en temps de Covid-19”, 2020, Recuperado de: https://lepetitgardois.fr/carceralites-de-lenfermement-et-du-controle-disciplinaire-sanitaire-en-temps-de-covid-19/?fbclid=IwAR2v8ZXIbGa2aj7yeYmIqywcX6eMwyUSGHqafnHp32sRtQR7R5erTpoqqL0

[2] “Così, in un perverso circolo vizioso, la limitazione della libertà imposta dai governi viene accettata in nome di un Desiderio di sicurezza che è stato indotto dagli stessi governi che ora intervengono per soddisfarlo” Agamben, G. “L’invenzione di un’epidemia”, 2020, Recuperado de: https://www.quodlibet.it/giorgio-agamben-l-invenzione-di-un-epidemia

[3] Agamben, G. “Sul tempo che viene”, 2020, Recuperado de: https://www.quodlibet.it/giorgio-agamben-sul-tempo-che-viene

[4] “Il s’agit davantage de mesures qui nous entraînent vers et nous habituent à une société disciplinaire carcérale que de mesures sanitaires, d’où leur contestation par un grand nombre de citoyens” Gleyse, J., “Carcéralités: de l’enfermement et du contrôle disciplinaire sanitaire en temps de Covid-19”, 2020, Recuperado de: https://lepetitgardois.fr/carceralites-de-lenfermement-et-du-controle-disciplinaire-sanitaire-en-temps-de-covid-19/?fbclid=IwAR2v8ZXIbGa2aj7yeYmIqywcX6eMwyUSGHqafnHp32sRtQR7R5erTpoq


David Del Pino

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente, estudiante de doctorado en la sección departamental de Sociología Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid.
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One thought on “La atenta mirada de Foucault ante la excepcionalidad de la Covid-19

  1. Muy interesante artículo David. Es cierto que conecta muy bien con el texto «Seamos cuidadosos y no idealicemos la comunidad» en las ideas de control y límites de Foucault. Además, también me resuena con otro que escribí, para este medio digital, sobre las muertes Covid-19 y su representación estadística. Ver la muerte como algo colectivo, la población en términos de totalidad y la representación del cuerpo como algo estadístico.
    Ciertamente apuntas a cuestiones muy importantes e interesantes en este artículo. Imprescindible que planteemos estas consideraciones en tiempos tan convulsos y cambiantes, generemos debates y reflexiones para cuestionar estos límites y medidas.
    Gracias por hacerlo.
    Un saludo
    Ana

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