La cancelación de la Revolución (II)

Ne t’inquiète pas, tout se dérègle, les eaux montent et l’air se réchauffe
Chaque jour, des espèces disparaissent
Mais bon, demain sort le dernier Smartphone, alors ne t’inquiète pas
Ne t’inquiète pas, non ne t’inquiète pas
Ne t’inquiète pas

Keny Arkana

Continuando con lo descrito en La cancelación de la Revolución (I) en el que tratábamos de realizar un esbozo a brocha gorda acerca de algunos puntos cardinales para evaluar la imposibilidad de pensar un cambio sinuoso y sustancioso a la tan miserable atmósfera opresiva y desigual que nos envuelve en nuestra cotidianidad, iniciamos esta segunda parte con el objetivo apremiante de ser capaces sin cansancio de bucear más hondo o, dicho à la Nietzsche, en descender a lo subterráneo, de los compartimentos que componen la estructura de época que rige, condena y aprisiona nuestra alma como gustaba de recordar el afamado pensador Max Weber.

Sin tener la menor intención de repetirnos en cuanto a presentar insistentemente la necedad de la realidad que conformamos en nuestro día a día merced a las decisiones políticas de unas élites que asumimos y paradójicamente aceptamos aproblemáticamente como si no pasara nada, lugar donde el cinismo se alza como el máximo benefactor de esta macabra obra espectral, ambicionamos arrojar algo de luz en los rincones más oscuros y acercándonos a la espacialidad siniestra y velada de 25 años del Partido Popular en Madrid, oteamos un modelo de ciudad compuesto por un hiato que parece insalvable entre la miseria social y el egoísmo o, dicho de otra manera, entre ser un espectador de lujo para asistir a la volatilización de todo aquello que en su día era importante y nos maravillaba y la articulación de respuestas cínicas de hacer como si nada estuviera pasando, mirar a otro lado, seguir con nuestras vidas y no querer ensuciarse las manos con cuestiones políticas.

Vacuidad de anhelos y esperanzas para un futuro que transforme las condiciones de vida que padecemos es lo que enhebra una realidad marchita y anémica que obra la mise au point de unas vidas que parecen petrificadas en el solipsismo más agudo que nos conduce al infierno de la insolidaridad. Tropezar dolorosamente ante el abismo de la insolidaridad y el egoísmo de unas sociedades mantenidas en vilo entorno al mantra del sálvese quien pueda nos obliga a abordar la contaminación con los problemas sociales tóxicos y asfixiantes de nuestra realidad. Para evitar malentendidos, el aire que reverberan estas palabras no insinúan un retorno de la vieja guardia histórica, tampoco trata de distanciarse del común en forma de ejercicio hierático y elitista, sino de cavar hondo y desenterrar los elementos soterrados tras la naturalización de todo lo que en sí es desigual e injusto de unas relaciones de poder que el Partido Popular ha impuesto en Madrid.

Lo que uno observa con apesadumbre y mucho dolor es un Madrid angosto en el que somos prisioneros de unas dinámicas rapaces por las que cedes la mayor parte de tu tiempo a cumplir una jornada laboral casi interminable para pagar una habitación en un piso compartido. Dolor y rabia son los sentimientos que inyectan energía a los vástagos pistones del motor que hace golpear mis dedos sobre las teclas del ordenador clamando insatisfactoriamente por volver sobre nosotros mismos al margen de todo cinismo. Mucho me temo que el ejercicio será vacuo e ineficaz. Y no porque el escrito no alcance gran difusión, sino porque el hecho de hacer como si nada estuviera ocurriendo está adscrito a nuestro ADN por el que danzamos en el abismo de un hedonismo nihilista incapaz de recular cuando de lo que se trata es de no terminar con los vestigios de humanidad que aún mantenemos.

No seamos ingenuos, el proyecto de ciudad de Ayuso se lleva a cabo, precisamente por la connivencia de unos ciudadanos que en su estructura de experiencia cotidiana actuamos bajo los mismos parámetros que impelen a Ayuso a tomar ciertas decisiones. Por supuesto, siempre en beneficio de una minoría. Pero no nos engañemos, que actúe para una minoría no significa que no sea asistido por una gran mayoría de la ciudadanía madrileña, motivo por el que cualquier fuerza política que ose en posicionarse por la subida de impuestos en la capital tiene un futuro muy corto. El proyecto de ciudad de Ayuso se parece y es sinónimo al modelo de las grandes capitales de nuestro entorno más cercano, pongamos por caso Londres o París. Consistiría en acumular a cuanta más gente mejor, motivo por el que la población censada en la Comunidad de Madrid ininterrumpidamente no para de crecer. Tanto es así, que en estos momentos, hay más gente viviendo en la Comunidad de Madrid que en las dos Castillas. El siguiente paso es lógico, si cada vez vive más gente en la Comunidad de Madrid, más ciudadanos demandarán una vivienda donde alojarse. Entonces, dado que la demanda sube, la oferta del precio del alquiler inexorablemente tiende a aumentar. Algunos lo llaman ley de la oferta y la demanda. Pero, si observamos que fundamentalmente las viviendas que se ofertan en la Comunidad de Madrid pertenecen a grandes tenedores inmobiliarios, lo que observamos es que son los de siempre, unos pocos, los que se enriquecen del movimiento geográfico hacia la ciudad. Pero, la cuestión no se arredra aquí. Más gente trabajando en Madrid, sí, pero cada vez cobrando menos, recibiendo unos servicios de peor calidad, con menos tiempo y sufriendo una vida humana un poco más miserable cada año que transcurre.

El modelo de Ayuso consiste en la conformación de una megalópolis capitalista con lo que ello implica en su última expresión, es decir, una ciudad muy poblada, con precios abusivos y recrudecimiento de las condiciones de vida del común como causa de la estrechez de los salarios, las nuevas ofertas laborales de empresas que te hacen creer que eres empresario de ti mismo y que ganas todo aquello que trabajas, consumando la fantasmal escena de proletarios sin los derechos asociados a los contratos laborales, el desgarro de los servicios públicos y la concesión desvergonzada de los títulos educativos y sanitarios a entidades privadas, la semana pasado supimos de la concesión de una universidad privada que realizó Ayuso al ‘Grupo Planeta’.

Desde posiciones abiertamente liberales se nos objetará por exagerados, aguafiestas, ideólogos, tal vez mentiroso, pero en cualquier caso, incapaces por nuestra soberbia, pedantería y dirigismo, de observar que de lo que estamos hablando es de una ciudad que ofrece a todo aquel que quiera la posibilidad de trabajar y sobrevivir. Esto no es del todo mentira. De hecho, si lo planteamos únicamente en estos términos, no podemos por menos que aceptarlo. Pero sabemos, que el juego dialéctico y retórico esconde una ambivalencia histórica que los liberales esconden y silencian dado que no les favorece en absoluto. Si en una ciudad como Madrid hay más posibilidades de trabajar no se debe única y exclusivamente a las buenas políticas del Partido Popular, ya que algo tendrá que ver la composición mundial de un capitalismo que es global, ¿no? Además, tampoco nos dice nada de las condiciones de los trabajos. Pero, y esto también es importante, tampoco se nos dice que si existe trabajo en la ciudad de Madrid, en una parte sustancial vinculado a la restauración y hostelería, es debido a haber aceptado con una genuflexión de pecaminosidad religiosa ser el bar de los europeos o, dicho de otra manera, mientras los alemanes invierten cantidades ingentes de recursos a potenciar su industria interna nosotros nos dedicamos a ofrecerles un sitio confortable y placentero en el que puedan beberse unas cervezas. Esto sí que es seguidismo o “peloteo” al alemán, vamos, nada que ver con los acercamientos de Franco a Hitler.

Las ambivalencias que acabamos de presentar no son novedosas dentro del pensamiento emancipador, de hecho, un crítico del sistema capitalista como fue Karl Marx, emprendió una de las mayores alabanzas nunca antes contempladas, ni tan siquiera por los propios liberales, a los avances y progresos del sistema en cuestión. Las ambivalencias de un Karl Marx que no se limitó a criticar un sistema capitalista por su condición ontológica, sino que trató de comprender en la cresta de la ola de la burguesía y del progreso del capitalismo la forma de su transcendencia, son presentadas fabulosamente en la obra ya consagrada del pensador estadounidense Marshall Berman titulada Todo lo sólido se desvanece en el aire. En esta obra, Berman nos ofrece la posibilidad de asistir al deslumbramiento que contempló Marx en los avances de la burguesía, y que leemos en el Manifiesto Comunista:

La burguesía, con su dominio de clase, que cuanta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas. El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación de vapor, el ferrocarril, el telégrafo eléctrico, la adaptación para el cultivo de continentes enteros, la apertura de los ríos a la navegación, poblaciones enterar surgiendo por encanto, como si salieran de la tierra. ¿Cuál de los siglos pasados supo sospechar siquiera que semejantes fuerzas productivas dominasen en el seno del trabajo social? [1]

Marx quedó asombrado por los logros burgueses que se concentraban en haber liberado la capacidad y el impulso humano para el desarrollo, en nuestro caso, y a pesar de lo exagerado de la comparación, sería algo así como la capacidad que tiene una ciudad como Madrid para ofertar puestos de trabajo por muy precarios que sean, alentando el discurso liberal de que es mejor trabajar aunque cobres poco, que no tener esta posibilidad. Sin embargo, la ambivalencia se presentaba a todas luces, cuando Marx intuyó instantáneamente que toda la energía que circulaba en los resortes de la burguesía y que impulsaba un desarrollo social nunca antes imaginado, era la misma que cavaría la profunda tumba de que todo lo que antes tenía un anclaje sólido se disolvería en el aire:

Todo lo sólido desde las telas que nos cubren hasta los telares y los talleres que las tejen, los hombres y mujeres que manejan las máquinas, las casas y los barrios donde viven los trabajadores, las empresas que explotan a los trabajadores, los pueblos y las ciudades, las regiones y hasta las naciones que los albergan, todo está hecho para ser destruido mañana, aplastado o desgarrado, pulverizado o disuelto, para poder ser reciclado o reemplazado a la semana siguiente, para que todo el proceso recomience una y otra vez, es de esperar que para siempre, en formas cada vez más rentables. [2] 108.

La traducción de estas palabras de Marx para nuestro presente más inmediato es clara y concisa, habitamos ciudades, para los habitantes de una ciudad como Madrid, que no son todos los del territorio español, pero ojo, que si se consolida definitivamente el proyecto de Ayuso sería la ciudad que hablaría por España y dejaría sin voz al resto, de esto trata su proyecto de megalópolis a lo París o Londres, que ahogan todo espacio posible de una individualidad alejada de la rapacidad de una estructura que genera desigualdad, desintegra la solidaridad y para la que el reino del cinismo es la raison d’être. En estas ambivalencias nos estamos jugando el futuro, y es en las mismas, donde no atisbamos luz al final del túnel, es como si a pesar de que las relaciones humanas mueran por sobredosis de tecnología e indiferencia, no pudiéramos articular un sentido social común, democrático y que siempre deberá estar vinculado a un principio religioso de ordenación de lo humano. El neoliberalismo lo tuvo muy claro desde el inicio. Por esta razón, entendemos el neoliberalismo como una maquinaria eficaz y muy eficiente de producir placer y goce en cosmos lúgubres y trillados donde vive la miseria y la pobreza más tangencial. Este fue uno de los grandes logros del neoliberalismo, a saber, producir goce y placer dentro de la miseria, el dolor y el sufrimiento y, esto se convierte en uno de los principales escollos para articular un horizonte futuro.

Dificultad pero no negación, pues, consistiría en levantar la mirada por encima de nuestros teléfonos móviles y atisbar conjuntamente la posibilidad de pensarnos en escenarios más humanos, con más tiempo, y con vidas menos precarias. En términos políticos, quiere decirse, que se trataría no de apelar como así lo está haciendo Pablo Iglesias, a un sujeto estático y ya delimitado como es la clase obrera, sino de pensar lo colectivo, lo común, el pueblo, no únicamente de forma defensiva contra una élite como proclama el líder de la formación morada Iglesias, sino de aprender de la eficacia neoliberal y de su producción de placer y goce en lo humano, para girarlo y darle un sentido diferente. Insistimos, frente a fuerzas que proclaman un retorno al pasado en categorías estancas como la clase obrera, no quiere decirse que la clase obrera no exista, se debe levantar un aire fresco que dé una respuesta común y más saludable al anhelo de goce y placer que ejecuta el neoliberalismo a su favor y que observamos cotidianamente en el vaciamiento, banalización y dispersión de nuestras realidades. Y, lo peor de todo, a mirar a otro lado esperando que a uno no le pase.

Notas:

[1] Berman, M., Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la Modernidad, Siglo XXI, Buenos Aires, 2004, p.87

[2] Ibíd., p. 95.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

David Del Pino

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente, estudiante de doctorado en la sección departamental de Sociología Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid.
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One thought on “La cancelación de la Revolución (II)

  1. Muy buen artículo David. Certero, completo y además de teórico y filosófico es muy intuitivo, vehemente y visceral. ¡Cómo no! Con todo lo que se está removiendo.
    Al final de la lectura, me vino a la mente el trabajo que realiza la antropóloga, ecofeminista y activista Yayo Herrero, entre much@s otr@s, sobre precariedad y poner la vida en el centro político, administrativo y económico. Por si te sirve este referente.
    Felicidades
    ¡Saludos!

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