La feliz tiranía. Imposición del pensamiento positivo

Fotografía de Andrea Piacquadio. Fuente: Pexels
Si un día te sientes triste y deprimido, piensa que una vez fuiste el espermatozoide más veloz de todos.
Groucho Marx

Sucede que, en muchas ocasiones, tengo sentimientos encontrados cuando alguien me dice: “¡piensa en positivo!, hay que ver el lado bueno a las cosas”, “todo tiene su aspecto positivo”, o la más popular de todas “al mal tiempo, buena cara”; y esto precisamente cuando, por cualquier circunstancia, me invaden multitudes de sensaciones y sentimientos de ira o tristeza, o estoy agotada, confusa o indignada por algún suceso en mi vida personal o lo que acontece alrededor. Pienso en cuánto nos cuesta aceptar estas emociones que consideramos oscuras, densas y carentes de propósito. ¿No tiene sentido la tristeza? No, lo que pasa es que nos cuesta horrores soportarla y también sostener la tristeza de alguien. ¡Qué incomodidad! Mejor le digo que no pasa nada, que intente ser positivo/a, que “tire para adelante” o que seguro será positivo lo que le está pasando, aunque aún no logre verlo. ¡No sé!, lo que sea para salir cuanto antes de ese incómodo momento que se hace muy difícil y que nos hace sentir que estamos perdiendo tiempo de vida.

Estas actitudes y comportamientos no son fortuitos, ya que provienen de un complejo entramado en torno al pensamiento positivo propio de las sociedades capitalistas y neoliberales en las cuales vivimos. El libro de la ensayista y activista social estadounidense Bárbara Ehrenreich Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo [1], establece la hipótesis de que ser positivo no es un estado de ánimo, sino una construcción ideológica; es decir, una práctica cultural, una disciplina que se aprende. Esto es así, precisamente, por la arraigada creencia de que nuestra mente acciona en el mundo real. Algo así como el poder de la mente, ¿os suena?

Ehrenreich decide escribir este ensayo cuando le dijeron que se tomara el cáncer como “un regalo” y una oportunidad en su vida. Ella misma reconoce que sintió que había llegado a un límite en esa excesiva y hasta grotesca avalancha de positividad infiltrada en nuestras sociedades occidentales, neoliberales, capitalistas y catolicistas. Ella sintió que era algo perverso hacer creer a una persona que su curación dependería de su actitud, que sobrevivir a cualquier tipo de cáncer es un mito totalmente desautorizado, y aún así se sigue utilizando. Hacer sentir a muchos pacientes culpables cuando sienten angustias o son pesimistas, incluso acaban creyéndose que, si no se curan, es por su responsabilidad. El libro de Ehrenreich es un ¡basta! a un pensamiento, psicología y hasta economía positiva que son una dictadura y un peligro para las personas y la sociedad en su conjunto.

La responsabilidad individual de una actitud positiva, más allá de otros múltiples factores que entran en juego, te garantiza una mejoría en la salud. Esta creencia salió a la palestra a raíz del libro El secreto [2], escrito por la productora de televisión y conferencista australiana Rhonda Byrne como un libro de autoayuda. En el libro se promueve la denominada “ley de atracción” donde los pensamientos -conscientes o inconscientes- influyen sobre la vida de las personas. Precisamente, uno de los elementos centrales de esta ideología es que el pensamiento positivo atrae lo que desees en tu vida: salud, dinero, amor, etc.; “el impedimento está en tu mente”. Ante esto, parece ser que se ha llegado a una especie de consenso, en la afirmación de que todos los retos a los que nos enfrentamos son retos internos, es decir, los obstáculos están en uno/a mismo/a. Por tanto, mejor sonríe. Entonces, ¿qué sucede con el contexto en el cuál vivimos? Las condiciones de vida, la contaminación, el estrés del trabajo, la ansiedad ante la precariedad social y económica, los ingredientes nocivos de las comidas procesadas, la inestabilidad emocional de las relaciones y un larguísimo etcétera en este globalizado e intenso siglo XXI.

La sociedad de consumo es ideal para el pensamiento positivo: “si lo deseas y te esfuerzas lo conseguirás”. Este optimismo funciona como una clave del éxito material: “no hay excusas para el fracaso”.

Las personas exitosas desarrollan diariamente hábitos positivos que les ayudan a crecer y a aprender.
John Maxwell

Ocurre entonces que el pensamiento positivo migra de los conceptos de salud a los conceptos de éxito y dinero. Supuestamente, conquistada la salud a través de una vida positiva fundamentada en este tipo pensamiento, igualmente lograremos una vida abundante que derroche triunfo, fortuna y un amplio caudal de capital.

Si todo debe estar bien, ¿dónde ubicamos el resto de las emociones, sentimientos y pensamientos que no encajan en esa estructura? Más allá de crear una apología al pesimismo, lo que se pretende aquí es reflexionar ante esta imposición, a veces cruel, del positivismo en tu vida. ¿Dónde sitúo mi tristeza, mi enfado, mis días bajos de sofá y manta, mi ansiedad sin sentirme irremediablemente culpable por no seguir el patrón cultural y productivo de la sociedad? En los márgenes, exiliados a las periferias. Como todo lo paria y no aceptable.

Se siente como un uróboro, el símbolo del animal serpentiforme que engulle su propia cola y que forma un círculo con su cuerpo. Un esfuerzo eterno, una perpetua lucha o bien un esfuerzo inútil; ya que el ciclo vuelve a empezar una y otra vez a pesar de las acciones para impedirlo. Un uróboro devorándose continuamente a sí mismo, así la incesante hambre de éxito y triunfo en todas las áreas de nuestra sociedad.  A lo que se suma la completa responsabilidad individual de lo que nos sucede, tanto desde el origen hasta la solución, desde el inicio hasta el fin.

Fuente: Pixabay License.

De todos modos, sean cueles sean tus circunstancias o sentimientos, el pensamiento positivo te impulsa a que sonrías, a que seas feliz, positivo/a y proactivo. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han [3] lo tiene muy claro, “vivimos en una sociedad que le da fobia el dolor, en la que ya no hay lugar para el sufrimiento”. El “sé feliz” se expresa entonces como un requerimiento para el rendimiento, un imperativo neoliberal de utilidad, beneficio y ganancia. Para Byung-Chul evitar cualquier estado de dolor nos arroja a vivir una vida permanentemente anestesiada, la positividad de la felicidad desbanca a la negatividad del dolor, y se extiende al ámbito social.

El imperativo de ser feliz genera una presión que es más devastadora que el imperativo de ser obediente.”
Byung-Chul Han

Es difícil encajar el dolor y el sufrimiento en la vida. Estas expresiones humanas son densas, pesadas y casi la mayor parte de las veces nos lleva al recogimiento. Esto no es productivo, proactivo ni genera las ganancias y beneficios necesarios para un sistema neoliberal y capitalista. ¿Qué beneficios puede traer estar un día triste, sin motivación ni ganas de hacer nada? ¡¿No hacer nada?! ¡Qué despropósito!

Así como la felicidad es eficaz y poderosa, la tristeza es infructífera y frágil, casi enfermiza. Este es el discurso transmitido y que hemos aprendido en sociedades neoliberales y digitalizadas, como ya nos ha advertido Ehrenreich. No obstante, esas emociones, sentimientos y pensamientos más densos que queremos evitar a toda costa, son parte ineludible de la experiencia humana. Una vida íntegra, plena y honesta conlleva vivir y sentir estas experiencias menos agradables, pero sumamente importantes y evolutivas. Los entrenadores motivacionales, desde sus distintas actuaciones, tal vez se estén tirando de los pelos si llegan a leer estas palabras; pero si no nos permitimos la desmotivación, el desaliento, el sentirse desfallecer, la profunda pena y tristeza, el dolor, la angustia, etc.; no sólo estaremos viviendo anestesiados/as, sino que estaremos viviendo a medias, mutilados/as y fragmentados/as.

Parece que sí, expresar rasgos característicos de una tiranía esto de ser feliz todo el día.

Notas:

[1] Ehrenreich, Bárbara (2011) Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo. Ed. Turner.

[2] Byrne, Rhonda (2006) El secreto. Editorial Urano, Barcelona.

[3] Han, Byung-Chul (2021) La sociedad paliativa. Editorial Herder, Barcelona.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Ana Fernández Martín

Doctora en Investigación en Humanidades, Artes y Educación por la UCLM con especialización en Antropología y cuestiones de género. Máster oficial de Antropología Aplicada: entre la diversidad y la globalización en la UCLM. Diplomada en Educación Social por la UCLM. Beca Iberoamericana en la BUAP de Puebla, México en la Licenciatura de Antropología Social. Estancia de cinco años en Puebla, México, desarrollando nociones en artes escénicas y estudios culturales y tradicionales de la cultura mexicana.
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2 thoughts on “La feliz tiranía. Imposición del pensamiento positivo

  1. Muy interesante esta reflexión y punto de vista. Reconozco ser de esas personas que se esfuerzan por ser feliz (pues es un esfuerzo) y nunca lo habia relacionado con el capitalismo, la verdad que lo veia justo al contrario, pues cuanto mas feliz sea menos cosas necesito y menor es mi consumo. Para mi el esfuerzo de ser feliz estaba totalmente relacionado con aceptar lo que «hay» para no desear nada mas allá. Me ha gustado mucho el artículo y me ha hecho reflexionar, gracias!

    1. ¡Gracias por tu comentario Marina!
      Creo que es muy interesante esa diferenciación que haces. Puede desarrollarse una felicidad consciente y dirigida como una práctica o filosofía de vida, que nos acerque más a quiénes somos y a cómo queremos vivir. Considero que esta práctica -consciente- engloba todos los sentimientos, emociones y pensamientos. No concibo otra manera de ser feliz que integrando todo lo que soy, con mis luces y sombras.
      Y por otro lado, está el pensamiento positivo como constructo social y cultural que nos dice que pensar siempre positivo es el camino al éxito en todas nuestras áreas de la vida. Por tanto, lo demás -fuera del pensamiento positivo- es erróneo. Ahí es dónde le veo la imposición y la tiranía.
      ¡Gracias de nuevo!

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