La generación más (pre)parada de la historia

Luis Velasco

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, afirmaba hace unos días en el Foro Económico Mundial de Davos que el desempleo juvenil es “inaceptablemente alto” en nuestro país, por lo que es una “cuestión central” que presuntamente abordará durante su mandato.

Recuerdo a un profesor del instituto que, en 2008, cuando estalló la “desaceleración acelerada de la economía”, nos decía que los jóvenes íbamos a tener serias dificultades en el futuro, también por la pirámide poblacional envejecida de España: “Agarraos bien los machos y estudiad mucho, porque vais a tener un futuro muy negro”, dijo.

Mi generación, la de los años 90, lleva arrastrando los eslóganes de “la generación perdida” y de “la generación más cualificada de la historia de España” desde que tengo uso de razón. Más o menos, desde el hundimiento de la economía española a finales de la primera década de los 2000. Lo paradójico es que parece que la culpa de la precarización del empleo y de la situación actual, sea exclusivamente de los jóvenes incívicos, «mimados y criados entre algodones» que no pueden soportar las condiciones laborales, que es como nos ve una parte de la sociedad que cree que solo nos interesa la fiesta, el botellón y los teléfonos móviles. Sin embargo, el problema del desempleo juvenil se remonta a la etapa del gobierno socialista de Felipe González (1982-1996), mucho antes de la crisis económica de 2008.

En 1996, el sociólogo estadounidense James Petras realizó un estudio sobre las generaciones de trabajadores y sus consecuencias en la estructura social de España, para lo cual residió en Barcelona durante seis meses y llevó a cabo un trabajo de campo que el Gobierno de Felipe González nunca realizó.

El documento, que se conoce como Informe Petras, recoge 20 casos de clases trabajadoras de generaciones pasadas y presentes y de los efectos en la vida cotidiana derivados de la estrategia de Felipe González para modernizar la economía española. Y ello pasaba por tres acciones: liberalizar la economía – esto es, cambiar las reglas económicas para facilitar la llegada de capital extranjero-, integrar a nuestro país en la Unión Europea y «configurar un nuevo régimen integrador», es decir, pasar de una industria nacional a una internacional basada en los servicios, como el turismo [1].

Felipe González creía que esa estructura neoliberal económica era la única forma de entrar en la Comunidad Europea. Y esa modernización del empleo de la que tanto se jactaba el expresidente no ha traído más que trabajos inestables y mal pagados para la gente joven desde finales de los 80, que desempeña trabajos por debajo de sus niveles educativos desde entonces.

Y así lo atestigua otro estudio de 2020, realizado por el Banco de España, que analiza las posibilidades laborales de las nuevas generaciones y las compara con las generaciones anteriores cuando éstas tenían edades similares; además de contraponer los salarios . La investigación expone que la formación académica media de la población en edad de trabajar ha aumentado, debido a la entrada en el mercado laboral de jóvenes con un mayor nivel educativo que las generaciones que han dejado, o van a dejar, de trabajar. Así, un universitario de 1967 recibía un salario de 2.500 € al mes, aproximadamente, a los 30 años, una cifra que aumentaba hasta los 4.000 € cuando alcanzaban los 40 años [2]. Los gráficos del documento reflejan que, con anterioridad a la crisis de 2008, la media de los salarios mensuales para las generaciones de 1977 y 1987, que en 2007 y 2017 tenían esas edades, eran similares a los de la generación anterior. Muy por encima del sueldo mensual actual. Además, el estudio sugiere que a partir de la crisis de 2008 la reducción salarial afectó a todos los grupos, pero particularmente a los trabajadores altamente cualificados debido no al ciclo económico, sino a la estructura sociolaboral del país.

Sin embargo, la generación nacida en los 90 es la más damnificada ya no por la crisis de 2008, sino también por la devenida de la Covid-19. Y esto no solo sucede por el desfallecimiento de la economía en estos ciclos, sino por la estructura social que diseñaron los socialistas a través de esa estrategia de modernización del empleo.

Ninguna otra prole ha estado tan preparada y ha ganado tan poco como la de los 90. Nuestra generación ha estado igual de expuesta a trabajos temporales como lo estuvieron nuestros padres o nuestros abuelos. El problema es que nuestra entrada al mercado laboral se ha producido mientras existía una crisis económica prolongada: «No es lo mismo iniciar la carrera profesional a los 20 años en un mercado en auge, como le ocurrió a la generación de 1980, que en medio de una crisis económica importante como le pasó a la de 1990», señalan los autores del estudio del Banco de España.

Entonces, ¿Dónde está el fallo? Pues en que somos el país industrializado con más precariedad laboral, junto con Grecia, de toda la zona Euro. El problema no es el coronavirus, sino la precariedad instalada en nuestro país desde que el Gobierno de Felipe González llevara a cabo la liberalización económica en los años 90.

¿De verdad alguien cree que las personas pueden sobrevivir con 300 € al mes por, como mínimo, 30 horas semanales? Porque son sueldos muy por debajo del salario interprofesional que se dan por los supuestos contratos de aprendizaje – si es que ofrecen dotación económica -.

Para las generaciones de los años 60, el empleo no era un problema grave; y una vez se conseguía un puesto de trabajo este podía serlo de por vida, si la persona estaba dispuesta a ello y no infringía las leyes franquistas. En contraste con el momento de la entrada a la Unión Europea y las estrategias económicas del expresidente socialista, Felipe González, era una época de estabilidad en el empleo, que proporcionaba una base para la continuidad y para la creación de proyectos vitales: casarte, alquilar un hogar, ahorrar para comprar el hogar, tener hijos, comprar un coche, educar a los hijos, … En definitiva, mirar al futuro con tranquilidad.

Para las nuevas generaciones, el empleo es el principal problema de España. Cómo no va a serlo si el 52% de los puestos perdidos por la crisis del coronavirus los ocupaban menores de 35 años [3]. No hay trabajos estables, pues la mayoría son temporales y están muy mal pagados. En consecuencia, acabamos vegetando en casa de los padres porque no tienes esa certidumbre que las anteriores generaciones sí tenían y que les permitían hacer planes vitales.

La realidad es que la estrategia económica neoliberal de Felipe González, su vía para entrar en la Unión Europea, provocó que en España se instalara la precariedad en su industria nacional y de hecho, la tasa de desempleo estaba en torno al 20% en 1996 y 1997, mientras que en Europa rondaba el 11% [4].

La otra certeza es que se nos vendió una vida que es imposible de vivir. Nuestra generación vive de la prosperidad del ayer de sus padres, como ya atisbaba Petras en su informe. Puede que muchos jóvenes tengan un techo donde dormir porque heredarán el hogar familiar. Y otros se gastarán un pastizal en comprar y reformar una casa o un piso. Aunque haya jóvenes que consigan empleos fijos o indefinidos con sueldos decentes, si es que esto existe en España, es evidente que son una clara minoría.

Pero lo que más llama la atención es la indiferencia que se muestra hacia los jóvenes mal pagados o desempleados, que realmente no tienen un futuro, en contraste con la preocupación por unas pensiones que las generaciones mayores ya tienen más que garantizadas. Porque la gran masa de jóvenes son hoy en día empleados temporales con contratos a corto plazo, con el salario mínimo o por debajo de él en la mayoría de los casos. En otras palabras, mientras una generación se retira con ganancias, la otra permanece sin oficio ni beneficio.

No tenemos capacidad de ahorro, ni seguridad en el trabajo, ni apoyo por parte de organizaciones colectivas. Estamos a merced del empresario que cuenta con el apoyo legal del Estado y estamos divididos por la inculcación de los sentimientos de competencia y desconfianza desde edades bien tempranas. Frente a un inconmensurable poder para contratar y despedir; para imponer salarios bajos o para rechazar empleados de entre la colosal masa de jóvenes parados, nos revestimos de empleados súper trabajadores, con espíritu de empresa, dispuestos a trabajar más horas de las que nos pagan para “ganar experiencia”, para que no nos echen del puesto de trabajo e intentar mantener un futuro estable.

¿Y cuál es el resultado de todo esto? Una prole que se ha tenido que tragar la idea de que con estudios superiores tendríamos un trabajo estable y un futuro prometedor. Y está más que comprobado que el sistema no funciona así. En resumidas cuentas, el resultado es «una generación joven marginada y apolítica».

Pero lo importante, son las pensiones.

Notas

[1] Petras, J. (1996). Padres-Hijos. Dos generaciones de trabajadores españoles. Recuperado de https://www.inventati.org/ingobernables/textos/anarquistas/informe-petras.pdf

[2] Banco de España, Puente, S., & Regil, A. (2020, febrero). Tendencias laborales intergeneracionales en España en las últimas décadas. Recuperado de https://www.bde.es/bde/es/secciones/informes/boletines/articulos-analit/analisis-estruct/index2020.html

[3] Consejo de la Juventud de España. (2020, 25 noviembre). Consejo de la Juventud de España. Recuperado de http://www.cje.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/la-pandemia-hunde-la-emancipacion-juvenil-solo-el-173-de-las-personas-jovenes-viven-emancipadas-el-peor-dato-desde-el-ano-2001/

[4] Expansión/Datosmacro.com. (s. f.). Desempleo de España Diciembre 1996. Recuperado de https://datosmacro.expansion.com/paro/espana?dr=1996-12

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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