La indiferencia de los hechos

Luis Velasco

 

«Los hechos no importan, sólo la posición y el lugar desde donde se lanzan los mensajes, y la complicidad más que la credulidad del receptor» (Jordi Ibañez)

 

Las últimas semanas están siendo particularmente convulsas en relación con la libertad de expresión en España. El encarcelamiento de Pablo Hasél se ha convertido en un elemento polarizador más del espacio público y ha suscitado opiniones dispares en todos los actores del país. Unas opiniones que se han formado, aparentemente, sin tener en cuenta lo ocurrido realmente.

Los hechos son los siguientes: Pablo Hasél fue condenado a dos años de prisión por enaltecimiento del terrorismo en 2014 por unas canciones en las que decía frases como estas: “¡Merece que explote el coche de Patxi López!”, “No me da pena tu tiro en la nunca pepero…”, “Quienes manejan los hilos merecen mil kilos de amonal” o “ojalá vuelvan los Grapo y te pongan de rodillas”[1].

El mismo año, Hasél hizo otra canción sobre el alcalde de Lérida, Ángel Ros, donde criticaba las acciones del edil. A pesar de que no hubo denuncia en los juzgados, la Fiscalía ordenó retirar el vídeo de la canción, alojado en la plataforma Youtube. Como respuesta, el rapero publicó otra canción en su cuenta de Facebook que más tarde fue cerrada por orden del juzgado.

En 2016, Pablo Hasél participó en un encierro protesta que hubo por parte de profesores y alumnos de la Universitat de Lleida. Durante la concentración, el rapero agredió a un periodista de TV3 por la que fue condenado a seis meses de cárcel y a una indemnización de 12.000 euros en junio de 2020.

Al año siguiente, en 2017, otro juzgado condenó al artista por otro ataque a un testigo desfavorable de un juicio en el que quedó absuelto un agente de la Guarda Urbana que presuntamente había agredido a un amigo de Hasél, a quien le cayeron dos años y medio de prisión y 2.400 euros de multa. Una condena que la Audiencia de Lérida firmó el pasado 18 de febrero de 2021 y que se le sumaría a la que está cumpliendo ahora en prisión, aunque la sentencia aún no es firme dado que aún puede ser recurrida en el Supremo.

En marzo de 2018, la Audiencia Nacional le vuelve a condenar a dos años de prisión y a una multa de 23.400 euros por enaltecimiento del terrorismo y por injurias a la Corona y a las Fuerzas de Seguridad del Estado. Esta es la famosa condena por los tuits de Pablo Hasél, en los que decía cosas como estas: “Juan Martín Luna, militante del PCE(r), asesinado por la policía por defender nuestros derechos”; “El mafioso del Borbón de fiesta con la monarquía saudí, entre quienes financian el ISIS queda todo”; “La monarquía vive a todo lujo a costa de la explotación y miseria ajena” y “la Guardia Civil, como hasta el tribunal europeo ha dicho, ha torturado” [2].

Esta última condena es la que el Tribunal Supremo rebajó a 9 meses de prisión porque ETA y GRAPO, a quienes mencionaba en otros mensajes, ya no estaban en activo. “La libertad de expresión no es un cheque en blanco sobre la que no pueden ampararse los discursos del odio”, señala la sentencia.

En septiembre de 2019, la Audiencia Nacional suspende la primera condena de 2014 durante tres años porque Hasél no tenía antecedentes, advirtiendo que, si reincidía, la pena de cárcel se efectuaría.

En otro artículo revisamos a grandes rasgos la libertad de expresión y su valor en cualquier democracia avanzada. Sin embargo, la cuestión de estas líneas está relacionada con la labor de los medios de comunicación sobre el encarcelamiento del rapero.

Cualquier ciudadano medianamente informado habrá podido captar que desde un lado se hablaba de un secuestro de la libertad de expresión y, desde el otro, de un incitador a la violencia, como podemos ver en algunos de los siguientes titulares: “Pablo Hasél, el rapero que ingresó en prisión en España por ‘injuriar a la monarquía y enaltecer el terrorismo’” (BBC); “A la cárcel por tuits y canciones: el caso Pablo Hasél reabre el debate sobre la libertad de expresión en España” (eldiario.es); “Pablo Hasél: rap, rabia y revolución” (El País); “Pablo Rivadulla (también llamado Hasél), un antidemócrata ante la justicia” (El Confidencial); “Pablo Hasél: niño de papá y nieto de militar con Franco (El Mundo); “Pablo Hasél, un agitador de familia de bien” (La Vanguardia); “Hasél no es un rapero, es un instigador de crímenes” (ABC).

La lista podría ser mucho más larga y seguramente más reveladora. Pero lo que aquí se muestra es la batalla por el establecimiento de un relato a través de la búsqueda de la complicidad del receptor, sin tener en cuenta los hechos ocurridos. Son las dos caras de una misma moneda: posverdad y postfactualismo. En el primero coexisten distintas verdades sin que ninguna llegue a imponerse, mientras que en el segundo los hechos pierden su carácter definitorio para la configuración y modulación de las creencias privadas.

Daniel Gamper, un profesor de Filosofía Política, decía en Las mejores palabras que, ante el elevado ruido público actual, las palabras han perdido gran parte de su sentido y su valor. Distingue entre la libertad de expresión y la libertad de palabra, la libertad del discurso. El primero es el derecho de cualquier individuo a exteriorizar sus convicciones y a que éstas puedan ser transformadas por otros discursos que sean diametralmente opuestos. El segundo es la función que desempeñan las palabras en esa tarea transformadora desarrollada a través de la comunicación [3]. Lo que Jürgen Habermas denominaba proceso de aprendizaje.

La entrada en prisión de Pablo Hasél pone en cuestión todo este proceso y revela que se está privando a los individuos de la capacidad, o de la posibilidad, de revisar sus propias creencias a través de un discurso disidente, pues la ciudadanía no puede descubrir algo nuevo sobre sus propias convicciones o incluso modificarlas si no encuentran buenos motivos para hacerlo.

A pesar de las informaciones difundidas por los medios, caracterizadas por la indiferencia de los hechos y revestidas como armas arrojadizas contra unos y otros, la realidad es que Hasél entra en prisión porque el Código Penal castiga sus expresiones sobre GRAPO, ETA y la Monarquía. Es decir, el rapero es condenado por la última sentencia a 9 meses de prisión, que reactiva la primera de 2014 por reincidir y es la que le lleva a la cárcel, cuyos delitos tipificados son: enaltecimiento del terrorismo e injurias a la Corona. En consecuencia, Pablo Hasél es condenado por sus expresiones y su conducta posterior, de acuerdo con lo establecido en la Ley.

Cabría repensar si la Ley de la Libertad de Expresión necesita ser modificada o adaptada a las necesidades democráticas. Pero de lo que no cabe duda es del papel fundamental de los medios de comunicación como dinamizadores del conflicto y de la ruptura del espacio público que realizan semana tras semana.

El pacto de lectura que existía en los medios de comunicación entre el discurso y los hechos se ha roto y del cascarón ha salido una batalla encarnizada de los espacios que solo buscan la mayor de las audiencias. A la deriva, la verdad que estaba amparada por la autoridad intelectual, política, jurídica o científica, ha perdido su posición privilegiada frente al ruido, al rumor, a la mentira.

El diagnóstico es claro y, los riesgos, evidentes. Pero la dialéctica social, política y cultural entre los partidarios de una cuestión social frente a otra posición más conservadora, que es lo que le permite a una democracia abordar los cambios transformadores de mejora y de necesidad, late cada día con menos fuerza.

Notas

[1] Sentencia enaltecimiento Pablo Rivadullo, Nº. 1 /2014 / (Audiencia Nacional. Juzgado Central Instrucción Nº. 4 2014) Recuperado de: https://www.nosdiario.gal/media/nosdiario/files/2014/04/01/20140401_sentencia_pablo_hasel.pdf

[2] Sentencia Pablo Rivadullo enaltecimiento del terrorismo e injurias y calumnias, Nº 3/2018 (AUDIENCIA NACIONAL SALA DE LO PENAL SECCIÓN PRIMERA 2018) Recuperado de: https://www.poderjudicial.es/search/AN/openDocument/8d6b03f45fec3874/20180305

[3] Gamper, D. (2019). Las mejores palabras. De la libre expresión. Barcelona, España: Anagrama. Colección Argumentos.

 

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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