La presión mediática

Luis Velasco

Pierre Bourdieu reflexionaba en Sobre la televisión que la precarización del empleo y la interminable cola de periodistas parados hacía que creciera el conformismo político o económico en la profesión. El periodismo actual, incapaz de ejercerse sin presión en un ambiente carente de seguridad y autonomía, maniatado por los hilos que tejen los campos político y económico, cae presa de estas coerciones y le conmina a desempeñar sus distintas funciones de forma limitada, de una manera poco crítica y muy servicial con el poder. En este marco, los grandes grupos mediáticos fijan sus batallas por las audiencias a través de auténticos bombardeos de informaciones sensacionalistas, de crónicas de sucesos y de informaciones deportivas [1].

Se trata de un pensamiento muy común entre intelectuales y no intelectuales que se puede oír en distintos espacios, hasta en los más cercanos a nuestra realidad cotidiana. Sin embargo, no es algo muy frecuente escuchar a todo un vicepresidente del Gobierno exponer esta situación, a pesar de que el actual presidente de España, Pedro Sánchez, sentase precedentes en un programa de Salvados emitido hace cinco años: «¿Alguien te ha dicho categóricamente ‘con Podemos de entrada no’?», preguntaba Jordi Évole. «No, pero es verdad que ha habido determinados medios de comunicación que sí que me han dicho que si hubiera un entendimiento entre PSOE y Podemos lo criticarían e irían en contra de ello», respondía Sánchez [2].

Las denuncias de Pedro Sánchez sobre la presión de los distintos grupos mediáticos que presuntamente sufrió en aquel entonces ante una posible alianza con Podemos, la recoge ahora Pablo Iglesias, que inmerso ya en las elecciones a la Comunidad de Madrid desenmascara en distintos actos y espacios la realidad de la profesión y la actual crisis social, económica y moral del periodismo presente. «En este país ha habido una cloaca mediática. ¿Usted cree que eso no ha influido en las elecciones? Aunque los poderes mediáticos nos den muy duro por decir lo que estoy diciendo aquí, le aseguro que nosotros vamos a seguir diciendo la verdad sobre cómo funciona el poder en nuestro país», respondía Iglesias sobre el ejercicio del periodismo en libertad y sin injerencias políticas al diputado de Ciudadanos, Díaz Gómez  [3].

Son numerosos los periodistas y los políticos que han cargado contra Pablo Iglesias por su impronta contra los grupos mediáticos desde el comienzo de su carrera política, asociada al extremismo y a la confrontación. En este sentido, El Salto Diario [4] publicaba el pasado 3 de abril una entrevista a la politóloga Lucía Vincent, quien desde la distancia identifica la estrategia de confrontación de Pablo Iglesias contra los medios con un movimiento similar que se lleva dando en América Latina desde mediados del siglo pasado: «el modelo de comunicación controlada». «Se define como la decisión de los gobiernos, o de funcionarios con mucho poder, de denunciar el rol de los medios y hacerlo en los discursos públicos. No suele ser habitual que desde un lugar de poder dentro del Estado se denuncie a los medios de comunicación diciendo que son un poder político, concentrado y hegemónico», explica Vincent.

Además, la politóloga señala las distintas posiciones extremas que adoptan los medios tras el empleo de esta estrategia por parte de un actor político. Por un lado, están los medios que reivindican los valores tradicionales del periodismo y, por el otro, los medios que «machacan» con denuncias contra el gobierno o contra un representante político. Esta polarización de los espacios mediáticos, es decir, las posturas que adoptan a favor o en contra de un gobierno o de una figura política, es lo que Lucía Vincent llama «periodismo binario», cuyas acciones devienen en un consumo de noticias a partir de nuestros sesgos y en el abandono de las informaciones constructivas.

Entender la comunicación en el s.XXI significa comprender que las redes sociales y los medios de comunicación no proporcionan la verdad a la opinión pública, sino lo que confirme sus creencias. Y en contraste con nuestro presente, en una democracia válida la audiencia o la ciudadanía bien informada escogería qué ver o qué leer a partir de las distintas posibilidades de interpretación de una información; y como en nuestra sociedad conviven distintas identidades y cohabitan diversas creencias, nunca podríamos alcanzar ni la polarización ni el monopolio de la información actuales, puesto que no habría posiciones consolidadas. Sin embargo, ello sólo podría darse con una absoluta libertad de prensa, tanto para lo que nos guste oír como para lo que no. Como bien señala Daniel Gamper: «Decir lo que el otro no quiere oír es acercarse a él o ella con una finalidad política, cultural o ideológica de conversión, con el deseo de mostrarle otra manera de ver el mundo, una que probablemente vaya en contra de sus intereses, pero cuya verdad puede también comprender» [5]. En ese sentido y aunque en parte pudiera responder a una parte racional, la opción interpretativa de la información que escogiera la ciudadanía bien informada gozaría de una calidad que no tendría la escogida de manera visceral.

Es por ello por lo que los periodistas, a pesar de la rapidez con la que tenemos que cumplir con nuestra labor,  debemos actuar unas veces como espada y otras como escudo ante lo que José Luis Sampedro llamaba «opinión mediática», que es aquella que el poder pretende construir a través de la educación y los medios. Así, el periodista debe servir a la ciudadanía como medio de control de los distintos poderes, dar voz a los que no la tienen y obedecer a la verdad de los hechos. En otras palabras, servir a la ciudadanía en pro de la democracia y hacer entender el valor del periodismo como servicio público.

No obstante, frente a la ausencia de independencia, las noticias faltas y la desinformación, la supremacía de la inmediatez y la presión político-económica, cada vez hay más espacios que optan por rescatar del fondo del armario la responsabilidad democrática, presuntamente inherente a cualquier medio, para reivindicarla a través de sus informaciones y no servir exclusivamente de correa de transmisión entre la ciudadanía y las ‘noticias’ de políticos y futbolistas.

Notas

[1] Sobre la televisión. Editorial Anagrama. Bourdieu, Pierre. (1996).

[2] Salvados. La Sexta. Entrevista a Pedro Sánchez (30–10-16) [Archivo de vídeo]. Recuperado de https://www.atresplayer.com/lasexta/programas/salvados/temporada-12/capitulo-3-entrevista-pedro-snchez_5ad094cc7ed1a88d4ef811f4/

[3] Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. (2021, 17 febrero). Pablo Iglesias sobre los poderes mediáticos | Congreso de los Diputados [Archivo de vídeo]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=Bxk1DShEX7g

[4] Actis, A. (2021, 2 abril). Entrevista a Lucí­a Vincent: «Una polarización extrema con los medios de comunicación puede generar dolores de cabeza». www.elsaltodiario.com. Recuperado de https://www.elsaltodiario.com/politica/lucia-vincent-polarizacion-extrema-medios-comunicacion-puede-generar-dolores-cabeza-

[5] Gamper, D. (2019). Las mejores palabras. De la libre expresión. Barcelona, España: Anagrama. Colección Argumentos. Pág 110.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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