La verdad del caso Rubius

David Del Pino

Después de leer detenidamente el artículo del ilustre periodista Antonio Maestre El Rubius y su tropa de “niños rata” [1], y mantenerme atónitamente informado acerca de la profusión de puntos de vista en estas semanas, hemos arribado a una breve y concisa conclusión: estaríamos cometiendo un gravísimo error si dirimimos el vergonzante y bochornoso viaje del Rubius a Andorra desde una clara y cristalina dicotomía ricos/pobres. Por supuesto que en el caso de este sujeto famosamente conocido como el Rubius, y el resto de su pléyade de youtubers, peregrinando y desfilando afablemente por las arterias y mentideros de las profundidades fiscales que te ofrecen las siempre inasibles estructuras paradisiacas que visitan asiduamente gran parte de los que visten traje y corbata es un gesto arrogante, egoísta e insolidario para el colectivo. Sin embargo, la hendidura es mucho más amplia y el indecible hedor que se respira no puede verse reducido en su contemplación a las posibilidades críticas de las elevadas y gélidas alturas de una atalaya reconocida en su verdad dicotómica entre ricos/pobres que, por otro lado, no deja de ser la constante vital de las palpitaciones de un corazón capitalista.

Como decíamos, la profundidad de la herida social que representan estos nuevos sujetos que hablan un lenguaje aparentemente extraño y oscuro pero muy fácilmente reconocible por un amplio abanico de diferentes generaciones insertas dentro del fastuoso mundo de las tecnologías y, también, por qué no decirlo, de los grandes magnates que colonizan y expolian las estructuras de los sistemas productivos nacionales vinculados a la tan anacrónicamente contemplada asimetría entre capital/trabajo, entre los que destacamos por su fanatismo transfrontier al gigante de Amazon, transciende y va mucho más allá de un “simple” juego de máscaras fiscales para concluir pagando menor cantidad de impuestos al fisco nacional.

Ahora bien, el ejercicio rocambolesco del que hemos sido perniciosamente testigos y participes estas últimas semanas, lamentablemente no es nuevo, por lo que solicito al lector un ejercicio tan costoso y tedioso en nuestra realidad del presente continuo como es descender a los procelosos laberintos de la memoria histórica. El Rubius de hoy no es algo diferente a lo que representaron las dos grandes estrellas del fútbol de las últimas décadas, Messi y Cristiano Ronaldo cuando defraudaron al fisco, y por lo que la Audiencia Nacional les abrió causas más que justificadas. No obstante, mucho antes que éstos, apesebrados veíamos a múltiples toreros que si bien cada vez que podían nos recordaban las desmesuradas agallas que se requieren para situarse frente a un toro, obviaban su compromiso con las instituciones y los ciudadanos del país que tanto decían querer y adorar como demostraban palpablemente sus muñecas.

Todos estos casos y su consolidación como posible realidad o, dicho à la Baudrillard, -hiperrealidad-, muestran loablemente una desangelada orfandad de protesta simbólica de carácter popular, ya que la semilla de estos sinvergüenzas se instala como fermento esperando lluvia de mayo que lo haga brotar en el imaginario de una parte sustancial del pueblo español, en especial de las generaciones más jóvenes, que creen ver en las transgresiones individuales de este aquelarre, una respuesta a los problemas y desajustes estructurales propios de una sociedad desapacible cuya fatalidad rezuma una pasiva aquiescencia que se nos ofrece dosificada en los pasillos de las bulliciosas e insomnes fabricas de homogeneidad a través del consumo.

De este modo, no serviría de mucho desplegar ad eternum todas y cada una de las críticas que como el periodista Antonio Maestre se han dado cita estos días en el escenario de las redes sociales. Con lo mostrado en este escrito no pretendemos tropezar tormentosamente en el infinito juego de relativismo y escepticismo tan propio de nuestro presente, sino de un acontecimiento que tiene que ser excavado y transitado, puesto que el ejemplo del Rubius nos enseña grande e impenitentemente la verdad de nuestro presente. De nuevo, so pena de repetirnos en exceso, en ningún caso justificamos una postura social tan adocenada y profundamente antidemocrática. Ahora bien, que los youtubers sean capaces de conectar cálidamente con las nuevas generaciones empleando un lenguaje en cuyo sincretismo se halla también la constelación retórica de los grandes magnates del mundo, inusitadamente nos debería preparar, por un lado, no a criticar fácilmente como “alienados” a sus seguidores, como también a observar la magnitud de un fenómeno que no es ya exagerado o ilusorio, sino que es un hilo muchas veces imperceptible de un modelo global algorítmico que nos hace ser cada vez menos conscientes de las estructuras que ocasionan los grandes problemas sociales de todo tipo, así como de situarnos la crítica fácil como cebo para descentrar lo que debería ser una mirada de águila crítica en nuestra época.

Finalmente la figura del Rubius se ve reducida a un homúnculo atormentado y con aires de grandeza, pero lo que se esconde detrás de su retórica juvenil tan cercana a los conglomerados algorítmicos que campan a sus anchas y se instalan en cualquier espacio de nuestra realidad, es el derrumbe del modelo de ciudadanía con plenos derechos y vinculado a la figura del trabajo como atestiguaban las constituciones paridas tras la Segunda Guerra Mundial. Entonces, exigimos una mirada crítica más fina que sea capaz de vivir y caminar en el subsuelo de una superficie fría que habitamos en la cotidianidad y, que por ello, transcienda, escuche, entienda y articule cómo es posible que este tipo de personajes con un empleo muy preciso de las herramientas comunicativas pueda ser un ejemplo para tantas personas. La verdad del caso Rubius no consistiría en amasar una fuerte crítica por su viaje a Andorra, que por cierto, se presta y puede ser fuertemente conformada, sino de caminar por un subsuelo crítico en el que más allá de reproches morales, estemos en condiciones de hallar el corazón que posibilita con su constante bombeo la tan horrible función de las desigualdades estructurales.

Notas:

[1] Maestre, A., “El Rubius y su tropa de –niños rata-“[En línea] Disponible en: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rubius-tropa-ninos-rata_129_7180541.html

 
 
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

David Del Pino

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente, estudiante de doctorado en la sección departamental de Sociología Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid.
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