Los 4 fantásticos

El pasado 28 de enero se celebró una afamada y resonada, a la sazón, clarificadora de una verdad cautelosamente escondida, comida en la marisquería ‘el Telégrafo’ entre el ilustre magnate de los negocios y prestigioso presidente del Real Madrid, Florentino Pérez; el periodista y presentador televisivo archiconocido García Ferreras; uno de los más famosos jueces aguijoneadores contra algunas de las diversas corruptelas del estercolero oculto dentro de los barrotes de lo que conocemos como Estado, Baltasar Garzón; y, por último, pero no menos importante por el cargo que desempeña en la más ardiente actualidad, la Fiscal General del Estado, Dolores Delgado.

Es posible que ingenuamente creamos que auspiciados por un complejísimo sistema de casuísticas y casualidades, y a tenor del puesto de responsabilidad que cada uno ocupa en su campo de acción, la predisposición a este tipo de encuentros sea natural. Lo podemos pensar. Incluso quiero creerlo. No obstante, la ingenuidad como espacio o resorte de vida en un mundo inhóspito y volcánico como cierta cautela cotidiana, está diametralmente reñido con el desvelamiento que se produjo en este encuentro. Desvelamiento que se produce en consonancia con una de las herramientas más sofisticas que ha encontrado la filosofía en su pedregosa existencia: provocar el desvelamiento mediante su velado.

De desbrozar la maleza seca que nos permita discernir los pequeños, ocultos y conculcados puntos de existencia velados al contemplar una supuesta imagen que podría no sorprendernos, dependerá nuestra honda sensación de una fabulación caótica y delirante que en virtud de una especie de eterno retorno nietzscheano siempre reaparece afirmando y validando la verdad oculta de nuestro presente: el derrumbamiento de la autonomía de los campos sociales en eterna confrontación y pugna y la implementación forzada, violenta y desangelada de la razón histórica neoliberal. El encuentro del que a modo de bisturí estructural pretendemos extraer las enseñanzas en muchos casos abnegadas, o determinadas como heréticas por los acólitos de una nueva Naturaleza, la neoliberal, no es únicamente una noticia estridente, tampoco simplemente una anomalía histórica, se trata, en efecto, de una verdad inaudible que teje los harapos de los deshilachados pedazos de nuestra realidad y como si de nitroglicerina tratase, hace saltar por los aires nuestra solidaridad y nuestra abnegación.

Sin embargo, no vayamos tan rápido. Primero cabe dibujar los contornos de la importancia que tiene para nosotros ser capaces de representar en la superficie la estructura ideológica y coyuntural que esconde la sedicente nueva noticia de este encuentro casual. Si podemos caracterizar de alguna forma las peculiaridades y veleidades únicas del período denominado Modernidad, diremos, a riesgo de caer, tal vez, en burdas simplificaciones, que trató de poner fin a la centralidad de la existencia humana alrededor de los principios de un Dios singular, transcendente, y salvífico representado por la Iglesia católica, con la consecuencia de la disgregación de los campos que desde su misma desfiguración debían registrar tanto en su interioridad como en su exterioridad una pléyade de negociaciones, cesiones, duelos y conflictos dando como resultado una casuística no determinista.

Los campos de lo político, lo económico, lo religioso, lo mediático, lo académico y lo jurídico se nos muestran en la Modernidad desde un movimiento sincrónico común de espacios de posiciones estructuradas a través de un conjunto de propiedades específicas. En suma, lugar donde los propietarios de los valores simbólicos por los que se amparan como los portadores más legítimos dentro de su campo de fuerza, dependen de su posición en relación con sus propiedades específicas. Bajo este telón de fondo, el acto casi de felonía que percibimos al contemplar la imagen fija de este encuentro, no se toparía con la prosaica aspereza de atrabiliarios modales. Por el contrario, los circunspectos rostros de los integrantes de la velada enseñarían lo necrosado de una herida particular de las pugnas por la hegemonía del campo al que se pertenece y las obligadas e impenitentes veladas a las que te ves impelido en pos de la negociación. Por lo tanto, incluso en este caso, la hendidura abierta de los conflictos se manifestaría, pero bajo una imagen que ahora desde muchos espacios cínicos y melancólicos es percibida con el lema de todo tiempo pasado fue mejor.

Si vemos en los albores de la Modernidad la herida supurada de la desigualdad en clara posición de metástasis, ¿cómo nos atrevemos a decir que contemplamos aquellos momentos sin atrabiliarios modales?, ¿no estaríamos cometiendo un error cínico propio de haber naturalizado las desigualdades sociales por las que contemplar la misma imagen hace 300 años no es tan descorazonadora? En ningún caso estamos naturalizando las desastrosas experiencias de la desigualdad. Simplemente queremos hacer constar que el mismo encuentro con sus mismos miembros en los albores de la Modernidad representaría lo propio de la época, a saber, la autonomía de los campos sociales. Y que la misma imagen en nuestro presente evidencia una heteronomización de los espacios conflictivos regidos por una regla de matriz económica, espoleada y acrecentada por los medios de comunicación y, en especial, la televisión. Por lo tanto, la reunión de la que hemos sido de alguna manera testigos, es la constatación del alambique teórico más interesante de Pierre Bourdieu y el motivo por el que decidimos conformar este espacio de debate y encuentro pausado, tranquilo y plural llamado Nuevo Campo Mediático.

La televisión, y la figura de García Ferreras como su máximo exponente, no sólo diseña los procelosos caminos de ida y vuelta por los que las élites de los diferentes campos sociales se dan la mano y son capaces de moverse a su antojo como si de una pista de baile se tratase, sino que se insta en el espacio de remedar los descosidos existenciales de un presente caótico que empuja a que cada vez un mayor porcentaje de la población mundial asuma el papel de consumidor de ansiolíticos y antidepresivos, mientras que aguanta y sostiene los pedazos de las ruinas que deja a su paso el caminar desmedido e indecible de faraones de las finanzas como Florentino Pérez.  Si creéis que estamos exagerando las apreciaciones hacia Florentino Pérez, simplemente remitiros a que comprobéis por vosotras mismas quién fue el máximo propietario de las residencias de mayores tan castigadas y golpeadas por el vacío de la muerte a causa de la Covid-19 donde se trabajaba en condiciones vergonzantes. El modelo está claro: maximizar los beneficios a costa de cualquier otra consideración, también sobre la vida humana.

No obstante, el relato que estamos conformando no ha acabado aquí. Os sugerimos que continúen y nos dediquen unos minutos más de su valioso tiempo. Estamos convencidos de que habéis escuchado o sufrido el mantra que asegura que si quieres lograr tus objetivos en esta vida, de lo que se trataría sería de pelearlos y luchar por tus sueños. Mientras que, si no los alcanzas, será por no haber insistido lo suficiente, es decir, por haberte dejado arrastrar por el tormentoso diablillo de la holgazanería. Así, la sociedad muere por una sobredosis de falsas promesas individuales en un camino jalonado de olvidos y pérdidas de aspectos estructurales, tales como la posición que se ocupa dentro del amplio abanico de la dominación. Todo ello, que se presenta en nuestra cotidianidad como un régimen o un universo propio de la Naturaleza, nuestra nueva Naturaleza, no es más, que la consecuencia lógica de un cúmulo de decisiones y acuerdos políticos entre las élites de los diferentes campos sociales que bailan felizmente la danza de la televisión.

Una vez dicho esto, el paisaje de la fotografía acometido en estas páginas, evidencia fuertemente que frente a la ingenuidad de estos encuentros, y más allá de buenas intenciones, lo que muestra es la verdad del régimen político del neoliberalismo español. El discurso neoliberal y la positividad de un goce instantáneo obtenido bebiendo hasta las heces del cáliz de la resignación y lo espectral de un presente que ha agotado su crítica y ha cerrado toda posibilidad de pensar horizontes y futuros esperanzadores, tiene a su favor todas las fuerzas de un mundo de relaciones de poder que empuja a que sea experimentado tal y como lo quieren. Para que este discurso continúe siendo fuerte y se erija como una verdad absoluta, requiere de los denodados esfuerzos y la cooperación de los representantes de las élites que pasean juntos y de la mano por los pasillos de La Sexta.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

David Del Pino

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente, estudiante de doctorado en la sección departamental de Sociología Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid.
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One thought on “Los 4 fantásticos

  1. No he visto, en mi vida, una batería semejante de pedanterías de universitario. El texto no solo no se entiende: está francamente mal escrito, y destila autocomplacencia. La finalidad de un artículo es hacerse entender por y para el público, no convertirse en la autofellatio de un chaval con complejo de intelectualoide.

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