«Mitades gemelas»

Miguel Martin

Para ISIS, siguiendo las enseñanzas de Mahoma, hombre y mujer son dos mitades gemelas cuya principal obligación –y lo que las iguala– es su obediencia a Alá. Al respecto, prescriben normas y reglas para el conjunto de la comunidad musulmana en función del sexo al que se pertenece. Mientras el deber primordial de un hombre creyente es el de hacer la Yihad, las mujeres tienen como función esencial la de procrear muyahidines para la batalla.
De este modo, las mujeres musulmanas, si bien deben ser fieles a sus respectivos maridos, no estarían sometidas al hombre por naturaleza.

De hecho, tal y como se especifica en el discurso de esta organización dirigido a un público occidental, si una verdadera creyente tiene como esposo a un musulmán que renuncia sacrificar su vida por Alá, tiene la obligación de separarse de él y, llegado el caso, denunciarlo. Un hombre musulmán que actúa de este modo es a los ojos de ISIS un apóstata y, por tanto, un ser más despreciable, incluso, que un incrédulo, ya que con su actitud tolera y contribuye a que las falsas ideologías y creencias se expandan por el espacio de la Fe.

A este respecto, lo que es un ‘hombre’ y lo que es una ‘mujer’, dentro del mundo de significado del Estado Islámico, se encuentra perfectamente codificado, a pesar de que su definición nada tiene que ver con nuestro universo de sentido, un universo donde precisamente está tomando cada vez más relevancia el debate sobre las identidades de género, concretamente sobre qué es una ‘mujer’ y qué es un ‘hombre’ y qué puede implicar para nuestro modo de entender la sexualidad, nuestras relaciones sociales, nuestros derechos laborales, etc.

En esta situación, el Ministerio de Igualdad, liderado por Irene Montero, se plantea presentar una ley por la que se pretende reconocer el derecho de cualquier persona a auto-determinar su género y, por tanto, a cambiar su sexo en el DNI si así lo siente. A lo que cabe preguntarse qué es lo que define ser mujer u hombre dentro de nuestra sociedad, pues de ello dependería –en principio– que uno se pueda sentir una cosa u otra. Si no tenemos esto claro, ¿de qué sirven las estadísticas sobre la feminización de la precariedad laboral o la pobreza?, ¿qué se quiere significar cuando se afirma que los cuidados recaen sobre las mujeres en nuestro país?

Los conceptos que maneja ISIS al respecto son muy alejados de nuestro horizonte de expectativas, pero en cierto modo podrían responder a las preguntas anteriores. Y si bien sus postulados no son asumibles para nuestras formas y estilos de vida, lo alarmante es que aún así miles de mujeres nacidas y educadas en lo que ellos denominan Occidente –mayoritariamente adolescentes y jóvenes– se han sentido atraídas por este discurso.

¿Qué nos está pasando? ¿Por qué nuestros valores, nuestras formas de hacer política, nuestros modos de vivir, generan tanto rechazo e insatisfacción en sectores de la población cada vez más diversos y crecientes? A la luz de esta evidente crisis social, quizá es el momento de pensar más seriamente sobre el problema de las identidades, sobre cómo se configuran y qué consecuencias tiene para nuestras formas de vida asumir, sin ningún tipo de crítica, que la identidad es algo que se puede determinar individualmente, como si lo que somos dependiera únicamente de lo que yo quiero ser en función de mis gustos y de lo que a mí me conviene en cada momento. Como si, por ejemplo, hablar de clases sociales o de cualquier otro tipo de sujeto colectivo fuera irrelevante.

Sin duda, es paradójico que este tipo de posturas provenga de gente que supuestamente se ha formado políticamente en el marxismo. Como alternativa al individualismo dominante creo que es fundamental, como tantas veces han sugerido semiólogos como Paolo Fabbri o Jorge Lozano, pasar de la reflexividad a la transitividad, de mirarnos al espejo a mirar al ‘otro’. En definitiva, pasar de auto-definirnos a inter-definirnos.


Miguel Martin

Licenciado en Filosofía por la Universidad de Valladolid, Doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente investigador y miembro del Grupo de Estudios de Semiótica de la Cultura (GESC)
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