Movimiento antivacuna frente a la COVID-19

Antonio Rivas

A finales de este verano diferentes farmacéuticas en plena carrera por alcanzar la meta de la vacuna de la COVID-19 anunciaron que comenzaban la tercera y última fase antes de poder solicitar la autorización para su producción y distribución.

Apenas tres meses después, el Departamento de Salud del Reino Unido (NHS, National Health Service) ha aprobado la vacuna de la compañía Pfizer (aunque con condiciones muy especiales) mientras que se espera que la Unión Europea haga lo propio a finales de este año o principios del próximo. Sería lógico pensar que este hecho podría suponer un punto de inflexión para el retorno a la normalidad. Pero, ¿es esto tan evidente como se podría pensar? O, al menos ¿es tan sencillo como parece?

La criticidad de la situación que estamos viviendo, tanto a nivel sanitario como socioeconómico, demanda por parte de la sociedad una solución eficaz. En la historia reciente, el fin de una pandemia y el control de una enfermedad se ha logrado gracias al desarrollo de una vacuna, sin embargo, el contexto actual presenta una complejidad mayor: además de tener que responder a la urgencia y necesidad comunes a situaciones de pandemia, las organizaciones sanitarias deben enfrentarse a otro factor adicional: el movimiento antivacuna, colectivo que supone un claro riesgo para poder alcanzar la inmunidad comunitaria o “efecto rebaño”.

El doctor en microbiología clínica y director médico del sistema de los laboratorios Sonora Quest Laboratories/Laboratory Sciences of Arizona para la detección de enfermedades infecciosas, Brian Mochon (2020), afirma que “la inmunidad de rebaño (también conocida como inmunidad comunitaria) ocurre cuando una población se hace inmune a una enfermedad. Ya sea debido a la existencia de una vacuna o por exposición, en la medida en que el porcentaje de personas inmunes va en aumento, la probabilidad de que una persona que es contagiosa se encuentre con e infecte a una persona que no sea inmune, disminuye. Llega el momento en que las probabilidades de propagación de la enfermedad son tan bajas, que se considera que esa población ha adquirido inmunidad de rebaño” [2].

Actualmente se sigue investigando sobre la duración, intensidad y proceso de la respuesta inmunitaria ante la COVID-19, así como la existencia de casos de reinfección, por lo que sigue siendo una incógnita determinar qué porcentaje de población inmune se debe alcanzar para conseguir la inmunidad comunitaria. Si se toman como referencias otras enfermedades como el sarampión o la poliomielitis, para lograr la inmunidad de grupo de grupo es necesario un 95% y un 80% de población inmune, respectivamente, muy lejos del 10% frente al coronavirus estimado por la OMS para la mayoría de los países a mediados de octubre [3].

Es evidente que desde el punto de vista social es preferible conseguir dicha inmunidad de grupo mediante la vacunación que a través del contagio directo de la enfermedad (aunque curiosamente éste fue el mecanismo por el que inicialmente apostó Reino Unido, quien recientemente se ha convertido en el primer país occidental en aprobar la vacuna frente a la COVID-19), tanto por reducción de tiempo como por reducción de efectos en la salud. Entonces cabría preguntarse por qué alguien podría rechazar un medicamento cuyo fin es salvar su propia vida y la de quienes le rodean.

El escepticismo frente a las vacunas ha existido desde que Edward Jenner realizó la primera vacunación en 1796, ya sea por motivos religiosos, sanitarios o desconfianza hacia los gobiernos y farmacéuticas, entre otros. Sin embargo, desde hace varios años, este movimiento ha experimentado un notable crecimiento debido, principalmente, a dos motivos [1]:

  • La viralización y propagación a través de internet de información donde se remarcan los efectos adversos de la vacunación, sean verdaderos o no, incitando a pensar que existen más riesgos que beneficios.
  • Paradójicamente, la reducción de la incidencia y control de enfermedades inmunoprevenibles, atribuyendo que esto se debe a mejoras en las condiciones de vida y no al propio éxito de las vacunas.

Un claro ejemplo de este fenómeno en alza lo tenemos en España, uno de los países europeos con mejores tasas de vacunación en las primeras etapas [4], pero que a la luz de los barómetros mensuales publicados por el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) se observa que el número de encuestados dispuestos a vacunarse tras la aprobación de la vacuna ha caído del 44.4% en julio [5] al 36.8% en noviembre [6]. Ahora bien, a la hora de interpretar estos resultados es necesario tener presente que la pregunta realizada implica una vacunación inmediata tras su aprobación, por lo que sería precipitado considerar (como muchos medios han hecho) que aquellos con respuesta negativa rechazan dicha vacuna.

En este sentido, otro estudio llevado a cabo también por el CIS a finales de noviembre y centrado únicamente en los efectos y consecuencias del coronavirus [7], sí que ofrece información más detallada. Ante la misma pregunta, pero con más alternativas en la respuesta, un porcentaje similar estaba dispuesto a vacunarse en cuanto se aprobara (concretamente, un 32.5%) mientras que el 55.2% preferiría esperar a conocer los efectos.

Otra de las entidades que realizó un seguimiento sobre esta cuestión es el Instituto de Salud Carlos III. Según las encuestas realizadas en julio, el 70% de las personas encuestadas [8] serían partidarias de vacunarse mientras que en septiembre este porcentaje caería al 43% [8]. Según este estudio, la mayoría de las personas que rechazarían esta vacuna (un 59%) se debe por temor a posibles efectos secundarios que comprometan la salud, uno de los argumentos abanderados por el movimiento antivacuna basándose en la extrema celeridad a la que se ha sometido cada una de las potenciales vacunas dentro del proceso de aprobación.

Ante este panorama de enfrentamiento de intereses, o conflicto de interesados, y en el supuesto bastante próximo de que se apruebe la vacuna surge un dilema al que deben dar respuesta desde las instituciones sanitarias junto con los órganos de gobierno: ¿a quién vacunar?

En este escenario en el que inicialmente no se va a disponer de vacunas suficientes para abastecer a toda la población lo lógico sería aplicar el principio de equidad en lugar del de igualdad, es decir, justicia atendiendo a las necesidades en lugar de equiparar a todos los ciudadanos. Este es el planteamiento por el que parecerse inclinarse el Gobierno, que en la primera de las tres fases del plan de vacunación contra la COVID-19 da prioridad al personal sanitario y residentes en centros de mayores, aunque desplaza a una segunda etapa a la población mayor de 64 años y población de riesgo [9].

Esta planificación puede verse afectada, como ya se reflejó anteriormente, por el colectivo escéptico a la vacuna, lo que genera un enorme dilema entre el derecho individual a la autodeterminación en asuntos sanitarios y el interés o bien general de la sociedad. En este sentido cabría preguntarse de qué capacidades o herramientas dispone el Gobierno para garantizar la salud del colectivo y acercarse a la famosa inmunidad de grupo.

A pesar de que en España la vacunación es voluntaria, tal y como se recoge en el artículo 5.2 de la normativa sanitaria Ley 33/2011, de 4 de octubre, esta misma ley establece una excepción en la que se podría imponer la vacunación forzosa en base a la Ley Orgánica 3/1986, de 14 de abril, de Medidas Especiales en Materia de Salud Pública en la que se indica que “las autoridades sanitarias competentes podrán adoptar medidas de reconocimiento, tratamiento, hospitalización o control cuando se aprecien indicios racionales que permitan suponer la existencia de peligro para la salud de la población debido a la situación sanitaria concreta de una persona o grupo de personas o por las condiciones sanitarias en que se desarrolle una actividad”, debiendo garantizarse que estas medidas están basadas en razones sanitarias de urgencia y necesidad.

Por lo tanto, a pesar de que aquella parte de la población opuesta a la vacunación se aferre a su carácter voluntario, existe un marco legal bien definido dentro del cual se podría imponer la vacuna. Por otro lado, aun manteniéndose la vacunación voluntaria existen otros mecanismos indirectos, pero legales, como la exigencia de una vacuna para acceder a determinados servicios, que podrían favorecer una mayor predisposición a vacunarse.

En resumen, aunque en los últimos tiempos se haya producido un incremento de la población afín a la oposición o desconfianza en la vacunación que podría poner en riesgo al resto de la sociedad, en una situación de pandemia como la que se está viviendo en España existen medios legales para proteger la salud general por encima de la autonomía individual. En cualquier caso, llegar a esta situación sería la respuesta a un escenario realmente crítico, el cual parece improbable que se produzca pues, por un lado, la sociedad demanda soluciones que permitan volver a la vida normal y, por otro, los diferentes organismos nacionales e internacionales están centrados en garantizar una vacuna eficaz contra la COVID-19 y promover la confianza en ella.

Notas:

[1] Barceló Doménech, Javier (2020). Régimen jurídico de las vacunas en España: reflexiones ante la situación creada por el coronavirus, 120.

[2] Boland, Bobby (2020). Banner Health: ¿Qué es la inmunidad de rebaño? Recuperado de: https://www.bannerhealth.com/es/healthcareblog/teach-me/what-is-herd-immunity

[3] Centro de prensa, OMS (2020). Preguntas y respuestas: Inmunidad colectiva, confinamientos y COVID-19. Recuperado de: https://www.who.int/es/news-room/q-a-detail/herd-immunity-lockdowns-and-covid-19

[4] Di Pietro, ML y González-Melado, FJ (2020). La vacuna frente a la COVID-19 y la confianza institucional, 4.

[5] CIS (2020). Barómetro de Septiembre 2020, 6.

[6] CIS (2020). Barómetro de Noviembre 2020, 10.

[7] CIS (2020). Efectos y consecuencias del coronavirus (II), 3.

[8] COSMO-SPAIN (2020). Monitorización del comportamiento y las actitudes de la población relacionadas con la COVID-19 en España (COSMO-SPAIN): Estudio OMS. Recuperado de https://portalcne.isciii.es/cosmo-spain/

[9] Agencia (2020). 20minutos: Calendario de vacunación contra el coronavirus en España: ¿cuándo te toca? Recuperado de: https://www.20minutos.es/noticia/4491853/0/calendario-vacunacion-coronavirus-espana-cuando-toca/


Antonio Rivas

Graduado en Ingeniería Aeroespacial, Máster en Ingeniería Aeronáutica por la Universidad de Sevilla y aficionado a la historia. Actualmente desempeña las funciones de Ingeniero en Ensayos No Destructivos para el Ejército del Aire.
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