Muertes COVID-19. La tétrica danza de números diarios

Imagen de Eliane Meyer en Pixabay.

“Quien no acepta y comprende la muerte, no ama verdaderamente la vida”

Louis-Vincent Thomas

Desde que inició la pandemia en marzo del año 2020 llevamos diez meses visualizando, a diario, una tétrica danza de números referentes a las muertes en nuestro país y en el resto del mundo por motivo de la enfermedad Covid-19. Con fecha del 25 de enero 2021, desde que inició la pandemia del coronavirus en España, hay un total de 56.208 muertes a causa de esta enfermedad respiratoria [1] y más de dos millones de personas fallecidas en todo el mundo, siendo EE.UU. el país con más muertes a causa del coronavirus. Estos datos van fluctuando y crecen a medida de la evolución pandémica en el mundo.

Nuestros ojos y oídos llevan acumulando estos datos desde el inicio como en ningún otro momento de la historia de la humanidad, con respecto a otras muertes producidas por otras enfermedades y/o causas de muertes en el mundo. Es común, eso sí, ver datos de la siniestralidad en carreteras por accidentes en momentos puntuales, que suelen coincidir con las Campañas de concienciación y prevención de accidentes de tráfico de la Dirección General de Tráfico (DGT), en períodos de gran movilidad, por ejemplo, como puedan ser las vacaciones de verano o Navidad. De este modo, por lo general, se pretende generar un debate social para sacudir consciencias. Asimismo, se han publicado datos de defunciones cuando se ha querido resaltar algún suceso específico, se detalla con datos estadísticos el número de muertes de personas en un territorio concreto y/o en un período de tiempo concreto.

Esto nos puede recordar también a los anuncios de ONGs, dónde nos aparece la imagen de un niño o una niña en África desnutrido/a y con el estómago hinchado (posiblemente por bacterias o infectado, pensamos). Estos anuncios suelen coincidir, casualmente, con las horas de la comida que empleamos en nuestra sociedad, alertándonos de que estas criaturas mueren, precisamente, de hambre. Al inicio de estas ‘campañas’, seguramente, estas imágenes nos conmovían sobre manera, nos hacían sentir mal por tener ese plato de comida en la mesa mientras esos ojos vidriosos nos miraban desde la pantalla de nuestras televisiones. Posiblemente también nos justificaríamos pensando de que estos problemas -el hambre en el mundo- es un tema demasiado grande como para que alguien como yo pueda hacer algo al respecto, y un largo etcétera de pensamientos paliativos. Hasta llegar al punto de que después de días, meses y años de estar viendo esta imagen, se origine en nosotros/as una especie de efecto contrario a lo que inicialmente se pretendía lograr, es decir, nos inmunizamos a ese sufrimiento y a esas muertes casi, casi como un mecanismo de defensa, un escudo de protección para poder continuar.

Esto mismo me pregunto sobre la vorágine informativa que estamos viviendo, desde hace diez meses, con respecto a números de contagios de la enfermedad, número de muertes y ahora también el número de vacunados/as contra la Covid-19. Una danza constante de datos y más datos por todos los medios de comunicación digitales, televisivos y radiofónicos. ¿Quizá nos pueda pasar algo parecido como con los anuncios de niños y niñas de África que mueren de hambre? ¿es posible que nos inmunicemos, si al menos no del virus, si de lo que significa leer que han fallecido casi 500 personas en un día, o más, de manera casi consecutiva?

Ante esto, es beneficioso que nos preguntemos qué ocurre en una sociedad dónde las muertes son cifras diarias que conviven con nosotros/as. Considero que esta manifestación tiene mucho que ver con una gran cuestión universal, de toda la historia de la humanidad: la muerte. Desde las ciencias antropológicas sociales y culturales, se realizan importantes estudios sobre el amplio espectro de creencias y prácticas de los grupos sociales humanos. Desde las ciencias antropológicas se investigó, y se continúa haciéndolo, la muerte en diferentes culturas y momentos históricos. Hacer esto nos da una perspectiva muy amplia de un hecho tan categórico como es la muerte, ya que todo lo existente y vivo de este mundo perecerá. No obstante, muchas culturas creen en la vida después de la muerte, pero esto son otras cuestiones que dan cabida a mucha más profundidad.

El sociólogo francés Louis-Vincent Thomas, especialista en estudios sociales en África, afirmó que la vida moderna que nos hemos creado los humanos ha generado una serie de elementos, que modifican la visión de la muerte a como se entendía en tiempos pasados. Básicamente, quiere decir que se ha alterado la raíz de las antiguas nociones mágicas y sagradas que reconciliaban al ser humano con la muerte [2], otorgándole cierto sentido y hasta sosiego al gran misterio de la muerte. Precisamente, la veneración a los muertos ha sido uno de los principales elementos de construcción de las religiones (tanto politeístas como monoteístas), como creía el antropólogo inglés Edward Burnett Tylor [3], pionero en la construcción del concepto de cultura. Para Tylor la idea que se estableció de que todo individuo tiene un alma (animismo), creó la idea transcendental de la muerte, al menos, en términos espirituales.

El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud [4] determinó que el ser humano piensa en la muerte cuando se hace visible en primera persona, sea por la muerte de un ser querido o por la posibilidad muy clara de la propia muerte (por enfermedad, accidente o infortunio). Mientras que cuando nos es ajena tenemos un extraño sentimiento de inmortalidad. Este pensamiento de que la muerte es un acto cotidiano pero impersonal que hacemos, según Freud, desde el inconsciente, es posiblemente lo que nos esté pasando en estos tiempos, dónde vemos cifras diarias de muertes de manera habitual, que en vez de generarnos un sentimiento de profunda empatía y reconocimiento nos aleja, de manera casi inconsciente, de lo que está ocurriendo.

Ya en las sociedades modernas industrializadas se modificó la ritualidad y el mundo de la representación social -imaginario colectivo- en torno a la muerte. Toda esta representación iba modificándose para mantener un cierto equilibrio, en un mundo cambiante, ante lo que realmente siente el ser humano: el miedo a morir. Este miedo tan arcaico y ecuménico se halla en la base de toda simbolización, es decir, de todo lo que sentimos, pensamos y hacemos en torno a la muerte. Algo tan horrible y al tiempo fascinante que podemos negarla, negociar con “ella” o manifestarla mediante las creencias religiosas, científicas o un compendio de ambas. [5]. Los procesos simbólicos en torno a la muerte han marcado claramente las bases de la cosmovisión de una sociedad. Para las sociedades modernas ya no servía, exclusivamente, el pensamiento mágico y espiritual de transcendencia del alma. Más bien era necesario establecer la muerte como un elemento constitutivo de la vida humana, donde los actores sociales comparten roles para institucionalizar [6] a la muerte como un ritual social. Es prácticamente una necesidad básica, funcional, que produce unas normas sociales que determinan un ritual en sí mismo.

Quizá sean los estudios en torno a la muerte del antropólogo inglés Edward Evan Evans-Pritchard [7], también especialista en culturas africanas, los que más puedan esclarecer los sucesos actuales que vivimos, con esta danza mortuoria mediática. Este considera que la muerte tiene un significado importante dentro de la vida social, organizativa y política de una sociedad. Estos datos constantes sobre el número de muertes por coronavirus, fácilmente pueden tener este sentido social.

También vemos en muchas ocasiones un gran abismo entre los/as científicos/as y políticos/as en torno a la gestión de esta crisis sanitaria mundial. Las modalidades o formas de morir determinan también la estructura y cultura de un país. La muerte está totalmente ligada a la vida cultural y social de un territorio y sociedad [8]. Paradójicamente, la muerte mantiene la cultura viva.  Este valor social y humano del proceso mortuorio es tan simple como el hecho de que los vivos, siendo espectadores de su propio destino, puedan repensarse a sí mismos/as dentro del grupo de pertenencia. Entonces me pregunto, ¿la muerte es generadora de identidad? Me apresuro a decir que sí.

La herencia cultural, esa que se transmite de generación en generación, preserva ciertos aspectos culturales en esa conjugación esencial entre los vivos y los muertos. Esta misma conexión produce un espacio de reflexión para comprender las tensiones de un grupo [9], así como las estrategias sociales para afrontar el proceso de duelo, es decir, la aflicción que sentimos ante la muerte, especialmente de seres queridos. Es importante esto último ya que, el modo en que consideramos los sentimientos y las emociones de las personas ante la pérdida de un ser querido, es el reflejo de la sociedad en la cual vivimos.

En definitiva, para poder hacer un estudio exhaustivo de la muerte en una sociedad se debe considerar la historia, las condiciones sociales y productivas, los sujetos y sus sistemas simbólicos [10]. No sólo estamos hablando de una estructura ritual, más bien la muerte es un elemento de reconocimiento en esos grandes temas de la humanidad como es el sufrimiento, el miedo, las relaciones sociales, etc. Asimismo, hay que tener en cuenta que la muerte está muy vinculada a la regulación demográfica [11] y a mecanismos de control social, como es el caso del infanticidio femenino de manera deliberada en algunos lugares de Asia, como India o China.

Ante este rápido recorrido [12] de algunos autores y perspectivas antropológicas sobre la muerte, me surgen más inquietantes interrogantes respecto a cómo estamos viviendo el hecho de que haya tantas muertes diarias por Covid-19. Las muertes diarias por distintos motivos en el mundo es un hecho innegable, pero las muertes por coronavirus están siendo una constante mediática sin precedentes a causa de este mundo globalizado, sobreinformado e hiperconectado. Todos los días vemos cifras, las oímos, aunque sea de refilón, aunque sea sin querer de muertos por coronavirus. Entonces me pregunto, ¿esto qué es?, ¿un ritual orquestado por los medios de difusión y comunicación, por los políticos, por las empresas de élite … por todos? Y nosotros/as, ¿qué hacemos al respecto? Una sociedad cansada, enfurecida, apática, … dónde a su alrededor escucha muertes de manera que parece haberse colado en todas partes y que empieza a apestar. Nos hemos acostumbrado y en cierto modo tolerado un halo de oscuridad que afecta, no sólo a nuestro país, sino al mundo entero.

Pensad también en si nos muestran la muerte como un hecho natural, humano y ligado al alma de las personas (proceso espiritual/animismo). Tal vez estas muertes tienen una función social, por ejemplo, la de avisar del peligro en el cual estamos inmersos. Si esto es así, ya que es lo que parece que quieren transmitir los medios de comunicación ¿por qué no se les da visibilidad a las personas, se consideran los sentimientos y emociones de dichas pérdidas? Son las muertes sin rostro, las muertes sin nombre, …

Vemos una danza macabra, mortuoria y fría de números y más números diarios la cual no podemos ni asimilar, ni digerir ni identificar. La muerte tiene que ver con los significados ocultos de la cultura y, al mismo tiempo, es un reconocimiento social al cual todos permanecemos unidos.

Sea como fuere mostrar la muerte como un número, un dato estadístico sin profundidad, de manera mecánica y constante, así como un elemento político y económico nos lleva ineludiblemente a la deshumanización.  Y es que la muerte forma parte de la vida, construye nuestros cimientos como seres humanos desde nuestros orígenes y es, en esencia, a lo cual todos/as estamos inexorablemente destinados. Así, proveerla del respeto y el reconocimiento necesarios nos ayudará a vivir y a morir, indudablemente.

«La muerte, en cuanto supuesto universal de la condición humana, no existe sino desde que hay una discriminación social de los muertos.»

Jean Baudrillard, El intercambio simbólico y la muerte.

Notas:

[1] Datos consolidados de la página oficial del Ministerio de Sanidad en Facebook:  https://www.facebook.com/MinSanidad Actualizado el lunes 25 de enero de 2021 a las 14 horas.

[2] Thomas, L.V. (1983) La Antropología de la muerte. Traductor Marcos Lara. Fondo de Cultura Económica, México.

[3] Tylor, E. (1958) [1871] Primitive Culture: Researches into the development of mythology, philosophy, religion, language, art and custom. 2 volúmenes, Harper and Row, Nueva York.

[4] Freud, S. (1979) [1915] De guerra y muerte. Temas de actualidad. En Obras completas, volumen 2. Amorrortu, Buenos Aires.

[5] Gondar Portsany, M. (1993) Romeiros do Alén Antropoloxia da morte en Galicia. Edicions Xerais de Galicia (1ª edición 1989).

[6] Malinowski, B. (1926) Crime and Custom in Savage Society. Routlendge and Kegal Paul, Londres.

[7] Evans-Pritchad, E.E. (1940) The Nuer: A Description of the Modes of Livelihood and Political Institutions of a Nilotic People. Clarendon Press, Oxford.

[8] Lévi-Strauss, C. (1998) Tristes Trópicos. Paidós, Barcelona.

[9] Goody, J. (1962) Death, property and the ancestors. Tavistock publications, Londres.

[10] Scheper-Hughes, N. (1997) La muerte sin llanto. Violencia y vida cotidiana en Brasil. Editorial Ariel, Barcelona.

[11] Harris, M. y Ross, E. (1987) Muerte, sexo y fecundidad. La regulación demográfica en las sociedades preindustriales y en desarrollo. Alianza Editorial, Madrid.

[12] Duche Pérez, Aleixandre Brian “La antropología de la muerte: Autores, enfoques y períodos” Sociedad y Religión: Sociología, Antropología e Historia de la Religión en el Cono Sur, vol. XXII, núm. 37, 2012, pp. 2016-215. Centro de Estudios e Investigaciones Laborales. Buenos Aires, Argentina.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Ana Fernández Martín

Doctora en Investigación en Humanidades, Artes y Educación por la UCLM con especialización en Antropología y cuestiones de género. Máster oficial de Antropología Aplicada: entre la diversidad y la globalización en la UCLM. Diplomada en Educación Social por la UCLM. Beca Iberoamericana en la BUAP de Puebla, México en la Licenciatura de Antropología Social. Estancia de cinco años en Puebla, México, desarrollando nociones en artes escénicas y estudios culturales y tradicionales de la cultura mexicana.
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2 thoughts on “Muertes COVID-19. La tétrica danza de números diarios

  1. La verdad es así nos hacemos inmunes y nos acostumbramos haber en las televisiones y radios las cifras y lo damos por hecho que tiene que ser así pero que podemos hacer nosotros si los que tienen que hacerlo cada día nos dicen cosas distintas un saludo

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