¿Por qué la necesidad de constituir un Nuevo Campo Mediático?

David Del Pino

Una de las dimensiones menos estudiadas y, que a menudo se ignora de Pierre Bourdieu, es su contribución equilibrada de una teoría del neoliberalismo –el cuestionamiento de la autonomía de los campos a causa de la dilatación del nomos económico-, y el acrecentamiento de la televisión y su lógica comercial dentro del campo mediático. De este modo, sus deducciones principales se entremezclan con el estudio de conceptos tan manidos como habitus, capital cultural, capital social, capital simbólico, etc., y quizás fuera el motivo por el que la obra Sur la télévision (1996) (Sobre la televisión) no figure como uno de los trabajos más célebres. En dicha obra, el pensador francés asumió conscientemente el sentido efímero y alterable del despliegue nítidamente moderno de la autonomía de los campos.

En el núcleo de esta reflexión se encuentra el examen de los campos en dos de los grandes mottos conductores del conjunto de su obra: crítica de lo ahistórico, e irreductibilidad del conflicto social. El campo, así entendido, se conforma como un universo social ordenado y estructurado, es decir, un campo de fuerzas en el que se combinan en un juego de eterna competencia y conflicto, la distribución de papeles o roles –dominantes y dominados-; conformando también un escenario de luchas donde los integrantes asimétricos del mismo se enfrentan para conservar o transformar las
coordenadas de gestión y funcionamiento de la relación de fuerza articulada [1].

Por consiguiente, el desarrollo de la autonomía de los campos se erigió como una de las diferencias prioritarias del despliegue de la modernidad respecto a otras etapas históricas precedentes. También, la irreductibilidad del conflicto social dispara e inmuniza frente a la idea del teórico social alemán Niklas Luhmann de sistemas autogobernados que ignoran tanto el conflicto, como la presencia de seres humanos en su autonomización.

En Quelques propietés des champs (1976) (Algunas propiedades de los campos) se localizan sin duda, algunas de las reflexiones en una tonalidad de precisión teórica más interesantes de Bourdieu. El deslizamiento teórico de este preciso texto, señaló la conformación de espacios estructurales. Éstos, constituidos a su vez, por propiedades y especificidades de cada integrante, dependen de su posición dentro de la unidad estructural, independientemente del rol ejercido por el resto de los ocupantes. Bourdieu
sostuvo fuertemente, que el desarrollo de la modernidad, entre otras muchas cosas, implicó de acuerdo con Émile Durkheim y Max Weber: una mayor especialización como consecuencia de la proliferación de nuevos profesionales, e intervención de los mismos en todos los ámbitos de la vida social; y la autonomización de las esferas de la vida en su formación histórica (económica, social, política, cultural), enraizadas todas ellas según Weber, en un inexorable proceso de racionalización.

En este sentido, Bourdieu, para su infatigable estudio de los campos sociales, mantuvo una estrecha y necesaria relación intelectual con la idea weberiana de esferas de acción. Weber, a diferencia de las consideraciones proferidas por el marxismo clásico, planteaba la existencia de territorios conflictivos, no teleológicos y reversibles, donde actores y estructuras se daban cita en su propia configuración como consecuencia del desencantamiento del mundo.

Esta exposición, desde el punto de vista de la conjunción historia/economía, es para Bourdieu un dardo al corazón de una llamada ‘ciencia económica pura’, que se instituyó como un campo autónomo, es decir, espacio deshistorizado y deshistorizante, puesto que suspende desde el inicio todo arraigo social y simbólico de las prácticas económicas. Esta autonomización del campo económico, transformó los intercambios simbólico/económicos propios de la destreza del ser humano en términos aristotélicos, en la supuesta objetividad de un espacio separado y –puro- con leyes e inercias de cálculo, ahorro, y gastos sin límites que presentan una abstracción práctica cuya máxima expresión fue el mito del homo economicus y la rational action theory. Sin embargo, Bourdieu encontró inmensas resistencias y dificultades en captar la heteronomización de los campos y la colonización existencial de la lógica económica.

Paradójicamente, y con esto conectamos inmediatamente con lo afirmado al comienzo del escrito, Bourdieu emprendió el estudio de las lógicas de heteronomización en su análisis de la televisión, cuando asumió plenamente, que la dialéctica comercial se imponía y fortificaba puentes escurridizos para la circulación de las élites de un campo a otro, a través de la acumulación de capitales mediáticos, que dinamitaban el funcionamiento autónomo.

Tal es el caso, que en esta nueva encrucijada, cualquier sujeto que hubiera adquirido capitales televisivos en una o varias áreas específicas, obtenía u ocupaba una mejor posición que otro sujeto más preparado en la especificidad de la materia.

Por esta razón, Bourdieu no se cansó de repetir que el universo del periodismo no era un campo autónomo, ya que se hallaba sometido bajo la coacción del campo económico mediante la lógica comercial y el índice de audiencia. Pero, es aún más destacado y grave, que Bourdieu entendiera que los campos de producción cultural, espacios necesarios en la conformación de un sentido común de época en términos gramscianos,
se localizaban bajo la presión y la imposición del campo periodístico.
Por consiguiente, dicha afirmación supone que el campo periodístico, y no la actividad de la individualización de los periodistas, actúa como estructura de producción cultural con normas y disposiciones, por supuesto, subalternas del nomos económico, sobre el resto de los campos sociales.

A pesar de la rotundidad de las sentencias proferidas hasta el momento en referencia a la obra de Bourdieu, éste siempre albergó la esperanza, que es la misma que moviliza todos los esfuerzos de este trabajo colectivo, de proteger la autonomía de los campos como requisito indispensable para una defensa íntegra de la civilización.

Así, y para no cometer errores comunes, la defensa de la autonomía de los campos sociales en Bourdieu, incluso no cediendo ni un paso en la defensa de las condiciones que deben garantizar la producción de las obras más elevadas de la humanidad, es decir, la defensa de la imposición de barreras, no debe confundirse en ningún sentido con la restricción elitista del saber. Esta tensión entre la defensa de la autonomía de los campos como principio civilizatorio, y la no imposición elitista del saber, es el motto más relevante en el ánimo, atrevimiento y valentía de los integrantes de este proyecto [2]:

«Para conquistar la autonomía hay que construir una especie de torre de marfil dentro de la cual la gente se juzga, se critica, se combate incluso, pero con conocimiento de causa; se enfrenta, pero con armas e instrumentos científicos, con técnicas, con métodos»

Notas
[1] Véase Bourdieu, P., Questions de sociologie, Les Éditions de Minuit, París, 2002,
págs. 113-120.
[2] Bourdieu, P., Sobre la televisión, Anagrama, Barcelona, 2010, pág. 89.


David Del Pino

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, y actualmente, estudiante de doctorado en la sección departamental de Sociología Aplicada en la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid.
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