Vox, el trumpismo y las elecciones catalanas

El PSC ha salido victorioso con 33 escaños de unas elecciones catalanas marcadas por la alta abstención, como ya ocurriera en las elecciones vascas y gallegas. No obstante, el bloque independentista, compuesto por ERC (33 escaños), Junts per Catalunya (32 escaños) y la CUP (9 escaños), ha esquivado la falta de participación y ha logrado la mayoría absoluta del Parlament de Catalunya. El PP (3 escaños) y Ciudadanos (6 escaños) han seguido al pie de la letra todos los pronósticos y han caído en desgracia en estas elecciones, especialmente el segundo, mientras que en Comú Podem ha mantenido los votos que consiguió en 2017.

Sin embargo, hay un partido político que ha irrumpido con fuerza en el Parlament y que no había previsto ningún sondeo: Vox, que supera por primera vez en unas elecciones al Partido Popular. La extrema derecha ha logrado 11 escaños con una estrategia de comunicación basada en la violencia y en las amenazas gracias a altercados que han tenido lugar en algunas ciudades como Lérida, Vic, Sabadell o Reus, que permitieron a Vox establecer una campaña electoral basada en “la lucha contra el antifascismo” y que difundieron a través de vídeos alojados en sus redes sociales, donde se podían ver presuntos enfrentamientos en sus actos políticos.

En lugar de presentar su programa electoral, Vox dedicó sus esfuerzos a mostrar a un Santiago Abascal vulnerable, víctima de los “ataques antifascistas”. Una estrategia política que recuerda a la utilizada por Trump horas antes del asalto al Capitolio y que pone al mismo nivel el fascismo y el antifascismo:

En primer lugar, Donald Trump lanzaba mensajes de advertencia desde sus redes sociales sobre los fraudes electorales; y del peligro que suponía para la democracia estadounidense – el modelo democrático internacional-, la victoria de Joe Biden en las elecciones. Se autoerigió como el único capaz de enfrentarse a Joe Biden y acabar con este fraude, prometiendo “make America great again» (hacer grande a Estados Unidos otra vez). Sólo con él al mando, los verdaderos americanos patriotas triunfarían. Y el país recuperaría la democracia y la libertad que Biden estaba intentando secuestrar.

Si lo comparamos con la estrategia de Vox, cuyo principal objetivo era poner contra las cuerdas al Partido Popular y a Pablo Casado de cara a otros comicios, observaremos ciertos paralelismos con la táctica trumpista. El relato que ha construido la extrema derecha se basa en la unión nacional, en el desequilibrio político del país que estarían provocando “los separatistas”, quienes buscan “la desconexión nacional”.

Aquí es cuando Santiago Abascal, subido esta vez al jamelgo de Trump, se alza como la única fuerza con capacidad de imponerse ante “la violencia y las amenazas” que están viviendo durante las elecciones catalanas. Los únicos con “valentía” para enfrentarse a los “separatistas” y “antifascistas”, “los enemigos de España” que buscan la desarticulación de la unidad nacional. De salir vencedores, Vox habría ilegalizado a los partidos independentistas y habría restituido la unidad nacional, como aseguraban en sus mítines.

Con esta estrategia de victimización; de acaparar todos los focos de las cámaras; de cuestionar la labor de unos Mossos que, según Vox, no estaban defendiendo la libertad democrática, sino que seguían órdenes políticas; de denunciar unas condiciones adversas; de construir un relato a través del discurso de enfrentamiento entre amigos/enemigos -donde los primeros serían los fascistas y, los segundos, los antifascistas-, han logrado hacerse un hueco en el Parlament. De hecho, el propio Santiago Abascal escribía en su cuenta de Twitter: “El Gobierno de la Generalidad es cómplice e impulsor de la violencia. Estas no son unas elecciones libres”.

Creando barullo y causando indignación en las redes sociales, Vox ha conseguido amplificar su mensaje y ha sentado un potente precedente para los comicios venideros. Han criminalizado el independentismo, han utilizado noticias falsas vinculadas al terrorismo y a la inmigración para marcar diferencias con el Partido Popular y Ciudadanos; y han vertido desde distintas plataformas acusaciones sin pruebas de un presunto fraude electoral – como hiciera Trump-, focalizándose en el voto por correo, llegando incluso a acusar por Twitter a los funcionarios de Correos. Un bulo que se viralizó y fue compartido por altos cargos de Vox.

La formación de Abascal ha sabido entender el funcionamiento de la comunicación política del siglo XXI. Utiliza un lenguaje visceral que remueve las conciencias y afianza las creencias. Y en las elecciones catalanas ha sabido llevar a su máxima expresión su carácter nacionalista frente al movimiento independentista.

Puede que el PSC haya ganado las elecciones, pero Salvador Illa no conseguirá, en primera instancia, investirse presidente a causa del veto firmado por el bloque independentista, que mantiene la mayoría absoluta en el Parlament. Y veremos qué sucede con ERC, Junts per Catalunya y la CUP. Sin embargo, sí estamos en disposición de afirmar que los verdaderos vencedores de estas elecciones son los miembros de Vox, porque han asestado varios golpes a sus principales adversarios, PP y Ciudadanos, y han sabido adaptar a la perfección su lenguaje a sus necesidades políticas.

En la política, el control del lenguaje, del mensaje y de la comunicación es trascendental porque permite que la ciudadanía adopte una postura frente a otra. Al igual que Trump, Abascal se ha presentado constantemente como un héroe que trata de salvar a la ciudadanía de las afiladas zarpas del independentismo. No solo comparten propaganda electoral, sino un relato. Una narrativa a partir de la cual surge una realidad bélica copada por el eje amigos-enemigos; republicanos-demócratas; patriotas-antipatriotas; fascistas-antifascistas; separatistas-unionistas.

Como resultado, Vox ha hecho historia en el Parlament catalán al convertirse en cuarta fuerza política y ha abierto serias heridas en el Partido Popular y en Ciudadanos, cuya profundidad y gravedad comprobaremos en los próximos meses. Pablo Casado, espoleado contra las cuerdas, está obligado a tomar nota y a reamarse para que las consecuencias políticas no vayan más allá del territorio catalán, objetivo que ha señalado este lunes Santiago Abascal en una rueda de prensa: “El PSOE forma parte del frente popular separatista. Y Vox tiene la responsabilidad de ser una alternativa al frente popular separatista». Y, de paso, han fulminado prácticamente a Inés Arrimadas, que empieza a calibrar la altura de la caída.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el pensamiento de Nuevo Campo Mediático. Puedes consultar las NORMAS DE PUBLICACIÓN aquí.

Luis Velasco

Graduado en Periodismo por la Universidad Nebrija. Como comunicador ha desarrollado sus funciones en los medios de La Voz del Tajo, Público.tv y 20 Minutos.
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One thought on “Vox, el trumpismo y las elecciones catalanas

  1. Las consideraciones planteadas son muy certeras pero en alguna medida, el ministro Illa ha aparecido muy vapuleado por los partidos políticos, los medios de comunicación y la ciudadanía. Sin embargo, ha conseguido ser el más votado. es posible que por su serenidad y sinceridad o por las ganas de dialogar (excepto VOX) Desde mi punto de vista, Vox no es el gran ganador, es el gran infiltrado y programado para retomar esos postulados nacionalistas, independentistas, antidemocracia.
    Que Salvador Illa haya conseguido movilizar el voto, es muy positivo para el futuro político. Puede ser un comienzo
    Muy bueno el artículo.

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